El premio que demuestra la mentalidad buenrollista y débil de las élites españolas

Los premios Know Square son una iniciativa muy interesante que siempre ofrece pistas sobre nuestra sociedad. Aunque en esta edición no son muy positivas

Foto: Andrew Scott y Lynda Gratton, autores del libro premiado en esta edición.
Andrew Scott y Lynda Gratton, autores del libro premiado en esta edición.

Los premios Know Square son una iniciativa que debe celebrarse. Personas de diferentes ámbitos del mundo empresarial seleccionan anualmente aquellos títulos que entienden más relevantes, a partir de un interés real por la lectura y por las ideas que los libros contienen. Know Square se define como un punto de encuentro para el intercambio de conceptos y experiencias de proyectos de gestión empresarial, y sus integrantes son fundamentalmente directivos y asesores.

Desde hace varios años, la comunidad empresarial está, en lo que se refiere a sus reflexiones, permanentemente enfocada en el futuro, una suerte de monstruo ambiguo que nos puede conducir a lugares idílicos si sabemos adaptarnos o hacia la catástrofe si nos quedamos atrás. Como era previsible, los libros nominados en esta edición del premio insisten en ese camino: blockchain, fintech, la burbuja emprendedora, la falta de tiempo y cómo gestionarla, la creatividad y la innovación, el peligro de las tecnológicas, los errores de la burbuja emprendedora o cómo son en realidad esos paletos que votan a Trump conformaban las temáticas de los textos elegidos.

Las ideas que manejan las élites

En la entrega de premios, celebrada la noche del pasado lunes en Madrid, estuvieron presentes el habitual Antonio Garrigues, en esta ocasión menos incisivo que en otras ocasiones, Adela Cortina, galardonada el pasado año con el reconocimiento a toda una trayectoria, y Charles Powell, en representación del Real Instituto Elcano, merecedor del mismo premio en esta edición, justificado por los 17 años de “pensamiento riguroso y colaborativo, lejos de verdades falsas y mesiánicas alejadas de la realidad”. El formato fue más dialogado, con menos discursos y más conversación, lo cual resulta de agradecer, y menos intermedios de humor, lo que también es un acierto. Por supuesto, en los debates aparecieron retos típicos de la época, pero sobre todo se dejó sentir un corpus de pensamiento, una manera de analizar la realidad y de priorizar los objetivos altamente reveladora: en sus palabras se reflejan las ideas que están manejando nuestras élites, y no suenan demasiado bien.

Cuando vivamos 100 años de media, los retos se deberán solucionar mediante la gestión de activos intangibles, financieros y transformacionales

En esencia, por el acto desfilaron dos tipos de ideas. De una parte, las grandes posibilidades del futuro; de otra, las amenazas. Las primeras quedan bien representadas en el título ganador, 'La vida de 100 años', de Lynda Gratton y Andrew Scott (Ed. Versus), una psicóloga y un economista que hablan de cómo será la existencia cuando los seres humanos vivan 100 años, lo que ocurrirá ya. Dado que la esperanza de vida ha ido aumentando en las últimas décadas, es previsible que lo siga haciendo, y más aún dados los grandes avances científicos y médicos que parecen asomar a la vuelta de la esquina.

La reinvención continua

Ese tiempo extra del que dispondrán unas personas que también gozarán de un mejor estado de salud, plantea retos que deben solventarse a través de la gestión de activos, pero no sólo de los financieros (lo que será esencial, dado que la edad de jubilación se retrasará mucho) sino de los intangibles, como la formación y la reputación, y de los transformacionales, relacionados con el gran número de veces que el ser humano tendrá que reinventarse a través del autoconocimiento, la gestión emocional y la apertura a otras redes. La creatividad será algo muy importante en este contexto, y las aficiones culturales vendrán muy bien para que la gente esté activa cuando se hagan mayor.

El problema no es tanto que el orden liberal internacional esté debilitándose, o que China y Rusia crezcan, sino que tenemos el enemigo dentro

En cuanto a los riesgos, no hubo demasiada novedad. Son un poco los de siempre. Por supuesto, la posverdad salió a relucir en diferentes ocasiones, no sólo porque es un engaño que se reproduce y circula con enorme facilidad, sino porque constituye un fenómeno peligroso para las sociedades contemporáneas en tanto expresión de una visión posmoderna nihilista y destructiva. También aparecieron los populismos, Trump, la xenofobia y el fascismo. Desde su perspectiva, y como bien explicaba Charles Powell, el problema de fondo no es tanto que el orden liberal internacional esté debilitándose, o que China y Rusia se hayan convertido en potencias internacionales no sujetas a ese orden, sino que tenemos el enemigo dentro, con los populismos en Francia y Alemania, y con países como Polonia o Hungría con fuertes tendencias autoritarias dentro de una UE “que carece de instrumentos para obligarles a volver al mainstream liberal y democrático”.

Dando premios al enemigo

En el escenario del orden liberal global en el que se mueven las élites españolas, no deja de llamar la atención su particular desorientación. Hace dos años, el premio Know Square recayó en 'De cero al uno', de Peter Thiel, donde proponía como esencia para el triunfo empresarial un modelo de negocio que, cuando se cumple, y por su carácter monopolístico global, expulsa a los empresarios españoles del mercado. No deja de ser paradójico que sean estos quienes le concedan el galardón.

Creer que los retos se van a solucionar con inteligencia emocional, optimismo y gestión de los intangibles es pensamiento 'flower power'

En esta edición ha ocurrido algo similar: en un contexto geopolítico apuntando notables cambios, con Occidente cada vez más desestructurado, con una UE débil, y poblaciones sometidas a un proceso de dualización que tiene consecuencias políticas notables, y con Trump girando hacia el proteccionismo, llama la atención que se premie un texto que dictamina como realidad lo que no es más que una simple proyección. El futuro es en esencia desconocido, y si bien es normal realizar predicciones y anticipaciones, dar por sentado que algo será de una determinada manera quizá sea excesivo, máxime cuando el futuro se piensa como mera prolongación de las tendencias dominantes en el presente. El memorándum que dirigió Rumsfeld a Bush subrayando que las previsiones que se hicieron en cada década del siglo XX fueron desmentidas por la realidad poco después es una buena muestra de las dificultades que arroja leer las señales del porvenir.

Maravillosos avances

En ese contexto, pensar en un futuro donde los retos se van a solucionar con inteligencia emocional, optimismo, la gestión de los intangibles y con la apertura a otras redes no es más que pensamiento perroflauta. Pero es típico de nuestras élites, cuyos marcos de pensamiento se ciñen a los maravillosos avances que nos traerán la tecnología y la ciencia, que también nos harán más longevos y felices. Y la paz en el mundo.

Pensar cómo actuar cuando vivamos 100 años es un buen ejercicio especulativo, pero quizá sea más interesante encarar los problemas presentes

Como la historia nos enseña, tanta mirada hacia el porvenir no hace más que ocultar la realidad: fijar la mirada lejos provoca la exclusión del presente mediante la promesa del futuro. Pensar cómo deberemos actuar cuando la mayoría de la población llegue a los cien años es un buen ejercicio especulativo, pero quizá sea más interesante ser capaces de encarar los retos del aquí y el ahora. Vivimos una recomposición del orden internacional con nuevos actores, la desigualdad aumenta y con ella el descontento en las poblaciones occidentales, China emerge como gran potencia, y España tiene un papel menguante tanto en la escena internacional como en Europa. La UE es un instrumento útil pero débil, y los caminos que la podrían fortalecer son sistemáticamente rechazados por esas élites que tanto alaban las ventajas que la UE brinda a los occidentales. En este orden, dos de los libros nominados, el excelente 'Así se domina el mundo', de Pedro Baños, y el incisivo 'Un mundo sin ideas', de Franklin Foer, deberían haber sido leídos con más atención.

La decadencia de Occidente

En cuanto a problemas generales, que habría que afrontar con urgencia, Martin Wolf, Chief Economic Commentator de 'Financial Times', señala el principal: “La amenaza es la decadencia de Occidente, incluido EEUU, causada por la prevalencia de la extracción de rentas como forma de vida económica, la indiferencia ante el destino de gran parte de su ciudadanía, el papel corruptor del dinero en la política, la indiferencia ante la verdad, y el sacrificio de la inversión a largo plazo frente al consumo privado y público”. Son males cruciales que definen las claves de la inestabilidad política, social y económica de las sociedades occidentales.

Las élites españolas han decidido comprar el mensaje de que nos espera un futuro brillante si nos adaptamos, y prefieren culpar de todos los males a los políticos, que no se ponen a la altura, o a la gente común, que no acepta el cambio y tiende a caer en el populismo. Pero harían mejor en darse cuenta de su ceguera estratégica y su tendencia a creer en las fantasías en lugar de afrontar los hechos. Menos optimismo y más realidad, por favor.

Tribuna

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