Leer, el gran secreto del éxito del capitalismo chino

Empresarios y directivos del país oriental están dedicando ingentes esfuerzos para situar al libro como la gran herramienta de cara a impulsar el desarrollo socioeconómico de la nación

Foto: Un estudiante en una librería china. (EFE)
Un estudiante en una librería china. (EFE)

Todo lo que China toma de la cultura occidental, lo devuelve triplicado. En cuarenta años, desde su apertura al modelo capitalista, los éxitos del país son impresionantes: han conseguido reducir la pobreza extrema de los setecientos a los cincuenta millones de personas y hay cuatrocientos millones de chinos que son clase media. Pero durante la última década el gran cambio no es ya cuantitativo, sino cualitativo.

Crecer profesionalmente ya no tiene como objetivo único hacerse rico a toda costa. Empresarios y directivos quieren sofisticarse, refinarse y mejorar sus cualidades como líderes, pero también quieren responder a cuestiones básicas para el futuro de la economía nacional: ¿Cuáles son las oportunidades de desarrollo del país? ¿Cómo asimilar los cambios de la sociedad digital? ¿Dónde centrar los esfuerzos de innovación? ¿Qué riesgos se deben minimizar?

Nos toca copiar a China. Frente al bombardeo de información, se han aferrado al libro como el mejor vehículo de conocimiento y reflexión sosegada

Es todo un cambio de mentalidad que se ha producido en muy pocos años y que se ha orientado en una dirección: el aprendizaje. La solución para la incertidumbre promovida por gobierno y abrazada por el empresariado es que toda la sociedad lea, estudie y encuentre soluciones de la mano de los pensadores de nuestro tiempo. Y el rol del creciente sector privado chino se considera fundamental.

Esta necesidad de encontrar el rumbo de la economía china para el futuro se ha materializado en el fomento de la lectura entre el empresariado, particularmente de las lecturas de no ficción: ensayos políticos, divulgación científica, literatura empresarial y manuales de desarrollo personal y profesional están en los despachos y en las carteras de los dirigentes del país. Se lee mucha literatura de producción nacional, por supuesto, pero también grandes bestsellers mundiales como 'Sapiens', de Yuval Noah Harari, 'Principios', de Ray Dalio, 'The hard thing about the hard things', de Ben Horowitz, 'La tierra es plana', de Thomas Friedman, o el análisis del profesor holandés Marc Greeven sobre los éxitos de los emprendedores chinos: 'Pioneers, Hidden Champions, Changemakers, and Underdogs'.

La tendencia no se queda en la mera lectura individual. Bajo la iniciativa privada ha surgido una red de grupos de empresarios y directivos que proponen, debaten y sacan lecciones de los libros y que buscan mejorar no solo sus negocios, sino su vida en general: the Winnerbook club. La idea ha tenido tanto impacto que no solo ha saltado a la televisión -como un programa con más de cien millones de espectadores en el que los empresarios de más éxito hablan de sus lecturas de cabecera- sino que también se ha convertido en un gran festival de lecturas empresariales. Es el viejo concepto de los club de lectura, pero orientado a la creación de espacios tanto para el desarrollo espiritual de todo el país como para difundir la idea de que solo el aprendizaje permanente permite crecer a la economía y sobrevivir a las empresas.

Nos toca copiar a China. Frente al bombardeo de información del mundo digital, se han aferrado al libro como el mejor vehículo de conocimiento y reflexión sosegada. Han entendido muy bien que la iniciativa suma un componente romántico (el olor del papel, el peso del objeto en las manos) con un factor eminentemente práctico: no hay mejor experiencia lectora que la del libro.

El verdadero valor de los libros

Está demostrado que cuando nos sumergimos en un libro, nuestro cerebro se activa como si estuviéramos viviendo los hechos que en él se relatan. No somos observadores, sino participantes que construyen el significado con el autor. Sentimos que conocemos a nuestro autor favorito mejor que si tomáramos café con él a diario y nos apetece comentar sus ideas, sea para aplaudirlas, sea para rebatirlas. En definitiva, experimentamos el libro a un nivel que ni las redes sociales, ni las series de televisión, ni los podcast pueden alcanzar.

La lectura puede ser un acto solitario, pero el debate de ideas que permite avanzar a las sociedades es necesariamente colectivo

Si queremos profundizar en nuestros conocimientos, nuestras habilidades o nuestra forma entender el mundo, un libro es más eficaz que pasarse horas ante la pantalla. Leer no es solo una actividad placentera, sino formativa. A lo largo de los siglos, los libros han transmitido el conocimiento acumulado: 'La Poética' de Aristóteles, 'El origen de las especies' de Darwin, el 'Discurso del método' de Descartes, 'El arte de la guerra' de Tsun Tzu… los grandes pensadores han escrito tratados que todavía se publican, se venden, se leen y se debaten, incluso cuando algunos postulados se consideren obsoletos o completamente erróneos.

Leer se ha relacionado siempre con la inteligencia, pero es que también influye en el futuro profesional. Un estudio de la Universidad de Oxford mostró ya en 2011 la correlación entre adquirir hábitos de lectura durante la adolescencia y el éxito en el trabajo. Ni el estatus socioeconómico, ni practicar deporte, ni aprender idiomas, ni tocar instrumentos musicales, ni mucho menos jugar a videojuegos tuvieron resultados comparables: leer libros es la única variable con impacto demostrado en el futuro de un adolescente. Los investigadores que recabaron los hábitos, intereses y actividades de casi veinte mil jóvenes de 16 años para descubrir sus hábitos, actividades e intereses volvieron a preguntarles muchos años después, a los 33 y descubrieron esta conexión: las mujeres que leían por placer de jóvenes tenían un 39% más de posibilidades de alcanzar un puesto gerencial, mientras que en el caso de los hombres son de un 58% más.

Pero la experiencia china va un paso más allá del éxito individual: la lectura puede ser un acto solitario, pero el debate de ideas que permite avanzar a las sociedades es necesariamente colectivo. Como han empezado a hacer en China, apoyémonos en los libros para reflexionar, aprender y fomentar el debate público. Impulsemos el hábito de lectura en nuestro país y convirtámoslo en el punto de partida para mejorar nuestra economía, nuestras instituciones y nuestra sociedad en general. Y especialmente, fomentamos la muchas veces olvidada lectura de no ficción: ensayo político, manuales de historia, biografía, divulgación científica, literatura empresarial… a través de sus páginas transmitirmos las ideas, los argumentos y los datos que conforman el saber de una época.

Crecer profesionalmente ya no tiene como objetivo hacerse rico a toda costa. Los empresarios quieren sofisticarse y mejorar sus cualidades como líderes

Igual que los libros van dialogando entre sí en una cadena de transmisión del conocimiento, la experiencia de un club de lectura permite compartir, debatir y reflexionar más allá de la palabra impresa. Y también puede -debería- crear redes entre sus lectores: los empresarios chinos de éxito y los emprendedores del mañana debaten sobre los mismos temas e intercambian puntos de vista de igual a igual, con lo que el enriquecimiento es bidireccional. Es lo maravilloso de pensar en que además de un mercado de capitales existe un mercado de las ideas: a diferencia del intercambio de bienes y servicios, que produce una suma cero, del resultado del intercambio de ideas resulta que, como mínimo, dos personas que dialogan acaban teniendo dos ideas sobre un tema, en vez de una sola. Y si estas ideas se combinan entre sí pueden aparecer una tercera y una cuarta. Cuando sumamos más personas al debate, las posibilidades son exponenciales.

El diálogo y el debate solo pueden ser productivos sobre la base de una sociedad de personas informadas e interesadas por mejorar sus conocimientos. Es la forma de acabar con la desinformación, con las fake news y con las trabas a la libertad de expresión. Necesitamos convertir la palabra escrita en reflexión y la reflexión en una conversación pública que nos conduzca a ser ciudadanos más críticos y menos permeables a la manipulación.

*Daniel Romero-Abreu es presidente y fundador de Thinking Heads.

Tribuna
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