Rafael Chirbes, maldito aguafiestas

La novela política se hace social. Popular y hasta oficial. El último reconocimiento de En la orilla (Anagrama), el Premio Nacional de Narrativa otorgado por el

Foto: Rafael Chirbes, maldito aguafiestas

La novela política se hace social. Popular y hasta oficial. El último reconocimiento de En la orilla (Anagrama), el Premio Nacional de Narrativa otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, confirma que la literatura del malestar es tendencia en un país arruinado, que los malos tiempos se contestan con buena literatura y que hay lectores dispuestos a seguir a los escritores que estén a la altura de las circunstancias.

Libros amargos, libros difíciles, libros sin condiciones ni condicionales, que se atragantan al enseñar “el cadáver a medio enterrar que esconde cualquier fortuna reciente”. Comillas de Rafael Chirbes, autor de una trayectoria que se revuelve contra el presente y el pasado, de libros que corren con los tiempos que corren, de relatos que escapan del discurso dominante.

Hasta 2013, Chirbes no había encontrado una masa lectora tan cabreado como él, dispuesto a elevarle a los altares de las listas de los más vendidos

Chirbes, un maldito aguafiestas que ha caminado a contracorriente desde La buena letra (1992), sin encontrar un público tan cabreado como él, dispuesto a elevarle a los altares de las listas de los más vendidos. Gracias a la corrupción a discreción y a las camisetas indignadas, el autor de En la orilla ya tiene su lugar de privilegio: el refugio de los explotados. Un país universitario parado encuentra en las orillas del escritor valenciano su hombre de confianza contra el maltrato.

Literatura contra miserables

Novelas poco complacientes para un mundo indignado, ¿fórmula de éxito o algo más? En principio, la intención de retratar la miseria moral del banquete de unos pocos, desnudado por una voz pesimista y un tono directo, con altas dosis de ironía y desazón, no parece la receta del taquillazo. “La palabra lleva una ofensiva carga de desazón y violencia”, escribe Chirbes en su ensayo Por cuenta propia. Leer y escribir (Anagrama), para aclarar que la desolación es materia literaria de primera.

El escritor Gonzalo Torné publicaba un polémico artículo en El Estado Mental, donde aseguraba que Chirbes es “la cabeza visible del revival social” y la referencia literaria de 2013 gracias a En la orilla, a pesar de que “apenas se desvía en intenciones y poética de la media docena precedente, más aplaudidas en Alemania que en España”. De esta manera, el autor de Divorcio en el aire argumentaba la vuelta “patógena” de la comunidad literaria a “incluir en la ficción narrativa resortes políticos”.

La obra de Chirbes escapa tanto de consignas como de conclusiones. Le apreciamos porque no facilita las cosas. La buena letra duele

Torné cuestionaba el “compromiso” con el oportunismo de la afluencia de novelas que reaccionaban ante un desastre como el que sacude la actualidad. “Se entiende que novelistas que hasta 2008 se contentaban con elaborar juegos de referencias intertextuales estiren ahora el cuello para atisbar el mundo que concierne a la mayoría”, soltaba con ironía. Al menos, la obra de Chirbes ha tratado siempre de escapar tanto de consignas como de conclusiones a las que adscribirse. Le apreciamos porque no pone las cosas fáciles a su lector. La buena letra duele.

Escritores contra el consenso

“La narrativa se ha convertido en un arte inane: se ha reconciliado con el público precisamente porque dice poro de lo público”. Palabra de Chirbes, que señala a su enemigo: lo insustancial. El nuevo Premio Nacional de Narrativa maneja los materiales literarios para romper el pacto social, como lo hacen otros escritores realistas con un decidido afán de denuncia, como Belén Gopegui e Isaac Rosa. “Cualquier libro que no te ayuda a conocer la realidad es inútil. La estética es un lugar de encuentro en el que la palabra te ilumina. La estética por la estética no sirve”, explicaba a este periódico el escritor premiado hace un año, con la publicación de En la orilla.

Las novelas de Chirbes buscan al lector para decirle, mientras le azota, que la vida es sufrimiento no gozo, que tiene derecho a ser derrotado. Prefiere lectores con conflicto, pero hasta el momento la fórmula sólo había logrado la exclusión de la arena de las bulas. Hoy la lucha vende tanto como saber que el mal siempre acabará triunfando. Porque para edulcorarnos el tránsito ya están las superficies periodísticas. La novela es otra cosa y Chirbes también. No es un pepitogrillo, ni un panfletero, es un buldócer que lo demuele todo con un sarcasmo feroz. Hasta dejarlo el progreso en escombros. Gracias por aguarnos La Fiesta.  

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