Michel Houellebecq calienta la campaña de Marine Le Pen

El escritor convierte las tesis del Frente Nacional en literatura de prestigio en su nueva novela

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Sostiene Michel Houellebecq que su nuevo libro, Sumisión, que plantea el futuro triunfo electoral en Francia (año 2022) de algo llamado Fraternidad Musulmana, apoyado por los grandes partidos para frenar al Frente Nacional, “suscitará polémica entre los que se ganan la vida con las polémicas, pero el público lo percibirá como un libro de anticipación”. Y al escucharle uno no puede evitar exclamar: ¡Habló de putas La Tacones!

A estas alturas resulta encantador que siga sorprendiendo ver juntos los conceptos “escándalo” y “nueva novela de Houellebecq” en la misma frase. Es un poco como sorprenderse porque un helado de fresa sepa a fresa. O que te choque ver a Raphael haciendo aspavientos desaforados sobre un escenario.

No obstante, el azar ha hecho que el último escándalo promocional de Houellebecq –la primera edición de Sumisión salió esta semana en Francia con la friolera de 150.000 ejemplares- haya coincidido con el sangriento atentado contra Charlie Hebdo y la consiguiente exacerbación del debate sobre el papel del islam en Francia. Como si una macabra agencia promocional estuviera detrás del lanzamiento de Sumisión, el último número de Charle Hebdo  llevaba a Houellebecq en su portada.

El escritor Michel Houellebecq (EFE)
El escritor Michel Houellebecq (EFE)

Las cosas de la fama

Hace ya unas cuantas novelas que Houellebecq se convirtió en una celebridad literaria/cultural/política cuyas características podrían resumirse así:

-Enfant terrible de las letras francesas.

-Reaccionario encantado de cargar contra Mayo del 68, el amor libre y la progresía gala.

-Autoproclamado dinamitador de lo políticamente correcto.

-Fustigador del islam.

A medida que crecía el personaje, menguaba la calidad de las novelas. Su producción tardía se ha convertido en un mejunje literario/político/coyuntural dinamizado por su egoPero, ay, a medida que crecía el personaje Houellebecq, parecían menguar la calidad de sus libros (en serio: cuando era un mindundi escribía buenas novelas, como su debut Ampliación del campo de batalla). Visto que todo el mundo le preguntaba su opinión sobre cualquier cosa, Houellebecq decidió un buen día que sus opiniones eran extremadamente importantes, así que su producción tardía se ha convertido en un mejunje literario/político/coyuntural dinamizado por el asombroso tamaño de su vanidad (solo hay dos monumentos franceses visibles desde el espacio: los egos de Bernard-Henri Lévi y Michel Houellebecq).

Como se pueden ustedes imaginar, el narrador de Sumisión es un alter ego de Houellebecq (¡menudo sorpresón!) dedicado a disertar sobre la decadencia política de Francia, la majestuosidad de su brandy y de sus paisajes medievales y la imparable musulmanización del país. Sí, suena a parodia de una novela de Houellebecq, pero es real.  

Dice el escritor que la posibilidad de que un partido musulmán gane unas futuras elecciones en Francia es “plausible”. Y su lógica es la siguiente: como los partidos tradicionales ya no pueden satisfacer los caprichos del votante musulmán “su única solución será la constitución de un partido musulmán”. Hasta aquí, todo bien, ¿pero basta con crear un partido musulmán para ganar las elecciones o uno también necesita contar con los votantes suficientes?

Las paranoias políticas del Frente Nacional alimentan la novela del autorComo se supone que Michel Houellebecq no es imbécil, quizás sepa que la actual población musulmana en Francia es del  7%, así que no se entiende cómo podrían ganar unas futuras elecciones desde esa posición minoritaria, a no ser, claro, que Houellebecq creyera en una futura invasión de inmigrantes que acabara en asalto de las instituciones del país. ¡Eureka! Con las paranoias políticas del Frente Nacional hemos topado.

A Houellebecq también le han preguntado esta semana por los efectos políticos del libro. Su estrategia vendría a ser tirar la piedra y esconder la mano. Dice que se limita a “captar una situación” y califica su punto de vista de “neutral”. Correcto. Salvo que creer que Sumisión es una novela “neutral” es un poco como creer en la existencia de los unicornios.

Contra la invasión

El periodista Álex Vicente, afincado desde hace años en Francia y colaborador de El País, ha escrito lo siguiente en Twitter sobre Sumisión:

1) “Houellebecq novela la supuesta invasión musulmana de Europa en libro apoyado en tesis de ultraderecha. Decepcionante”.

El problema de 'Sumisión' es que como politica-ficción es perezosa y mal documentada. Y como ensayo, caricaturesco y peligroso2) “El problema de Soumission es que como política-ficción es perezosa y mal documentada. Y como ensayo, caricaturesco y peligroso”.

El director del diario Libération, Laurent Joffrin, dice que el escritor se dedica a “calentar el asiento de Marine Le Pen” entre la intelectualidad francesa, y esto sí que suena plausible.

Por si quedaba alguna duda sobre de qué va todo esto, a Houellebecq se le ha escapado hace unos días este comentario sobre el Frente Nacional: "Marine Le Pen puede detener la inmigración, pero no puede parar la islamización, que es un proceso espiritual". 

En otras palabras: que el Frente Nacional se le queda corto a Houellebecq. La islamización de Europa es ya imparable (porque le sale a Houellebecq de sus santos cataplines).Y esto lo dice uno de los escritores más cool de Europa en pleno auge de los movimientos xenófobos en el continente. Fenomenal todo. 

The Paris Review entrevistó al escritor antes de la salida del libro y el periodista puso en duda la tesis de Houellebecq sobre la islamización imparable: “Esa hipótesis es fundamental para el libro, pero sabemos que muchos investigadores llevan muchos años desacreditándola, demostrando que en realidad a lo que estamos asistiendo es a una progresiva secularización del islam, y que la violencia y el radicalismo deberían entenderse como los estertores del islamismo. Ese es el argumento defendido por Olivier Roy, y mucha otra gente que trabaja en esta cuestión desde hace más de veinte años”.

Pero hombre, amigos de The Paris Review, me van a comparar una aburrida investigación de dos décadas con la ingente capacidad de Houellebecq para visualizar el futuro del mundo tras dedicar un ratillo a pensar en ello entre brandy y brandy. ¿Estamos locos o qué?

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