Hombres G, 30 años de la burguesía revolucionaria del pop

El mayor fenómeno de fans del pop español cumple tres décadas en la brecha. Por qué se convirtieron en superventas y por qué encantaban a los pijos

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La película española más taquillera de 1987 se llamó Sufre mamón.  Sí, han leído bien.  El debut de Hombres G se había publicado dos años antes –hace ahora tres décadas–  y el grupo estaba tan onfire que lo mismo llenaban campos de fútbol en Perú que perpetraban inenarrables filmes autobiográficos (Sufre mamón es una auténtica catedral del subgénero humor de colegio mayor madrileño). 

Sí, amigos, los Hombres G eran los Beatles cañís (que se dice pronto). Lo eran, al menos, en un aspecto: los gritos de sus fans sobrepasaban el nivel de decibelios que uno puede asimilar sin volverse tarumba, y dicha apreciación no es ninguna metáfora a posteriori, sino una cruda realidad: algunas secuencias de Sufre mamón se rodaron en el colegio de este reportero.

Este niño salía de clase y por el camino se topaba con adolescentes agazapadas tras coches, árboles y arbustos: esperando la llegada de los Hombres G en un estado emocional lamentable…  Los efectos sobre el cerebro infantil de estas imágenes dantescas está aún por estudiar (¿hay algún psicólogo en la sala?).

 

Sabemos que Hombres G vendieron discos como churros tanto en España como en sus ex colonias americanas (he aquí un dramático ejemplo de los erráticos procesos de descolonización: la metrópoli te da la independencia, pero no la autonomía, y de paso te manda a Hombres G como embajadores del terror cultural castizo).

La escritora Grace Morales publicó hace un par de años un estupendo ensayo crítico sobre los inicios de Mecano en el que analizaba su conversión en fenómeno de masas. Entre otras cosas, Morales destacaba la ausencia de conflictividad alguna en sus letras, característica típica de algunos de los productos culturales más triunfales de los ochenta, edad dorada del apoliticismo mainstream. Una ola festiva, desenfadada y desideologizada a la que Hombres G se subieron más tarde con estruendoso éxito (más allá de la calidad de las canciones de cada cual, el trasfondo sociológico en el que surgen Mecano y Hombres G presenta unas cuantas similitudes).  

 

Morales tira de ironía retorcidísima (escuela Mondo Brutto) cuándo se le pregunta sobre lo bueno y lo malo de la banda liderada por David Summers:

“Lo mejor es que sigan girando por el mundo como representantes de nuestro más brillante pop español. Qué grande el tour donde iban de teloneros de El Canto del Loco: dos generaciones hermanadas por los éxitos de discopub. Lo peor... Que después de tantos años, la gente siga tomándolos un poco a cachondeo, con lo que han hecho ellos por la música de este país”.

Interrogada sobre su legado estético/cultural, Morales argumenta:

 “Están en ese nivel de artistas tan queridos por el público, como por ejemplo, Miguel Bosé o Alejandro Sanz, que es muy difícil de alcanzar, incluso entender, por el resto. Su legado pop rock es único, como el de otros españoles universales, Picasso o Antonio Banderas”.

'La gente sigue tomándolos un poco a cachondeo'

Por último, la pregunta del millón de dólares. ¿Son Hombres G la madre de todos los grupos pijos? Un detalle paradójico antes de entrar en esta espinosa cuestión: en la canción que les convirtió en mitos del pop celtibérico –Sufre mamón– Summers se erigía en némesis macarra del pijerío:

Estoy llorando en mi habitación, todo se nubla a mi alrededor 
ella se fue con un niño pijo, en un Ford Fiesta blanco 
y un jersey amarillo... 

Le he quemado su jersey, y se ha comprado cinco o seis 
voy a destrozarle el coche, lo tengo preparado 
¡voy esta noche! 

“¿Pijos? Me gusta mucho lo que dice la periodista Raquel Peláez de David Summers en su libro Quemad Madrid, algo como que es el tipo de madrileño que viaja en Vespa, estudia derecho o empresariales, toca la guitarra y se casa en Los Jerónimos... Esa es la definición perfecta de una clase social a la que pertenecen estos, que no sé si es pija exactamente, pero es muy reconocible”, analiza Morales.

'Es el tipo de madrileño que viaja en Vespa, estudia derecho o empresariales, toca la guitarra y se casa en Los Jerónimos'

Toca pues volver a las páginas de Quemad Madrid (Libros del KO, 2014) y reproducir un extracto de la epístola que una entregada Raquel Peláez dedica a David Summers:

Santiago Auserón, con Radio Futura, nunca consiguió vender cuarenta mil ejemplares. Tu primer disco con Hombres G llegó a los cuatrocientos mil.

Hay algo luminoso y automático en la simpleza de tu obra. Y tras tu sonrisa socarrona y esa forma de decir ‘niña’ vive algo diabólico. La perfección de un invento infalible.

¿Sabes aquello de las dos Españas? Pues hay dos Madriles. Y tú eres la mitad azul. La que compra en El Corte Inglés, la que llega en Mini a clase, la que baja Alberto Aguilera en Vespa para ir a ICADE, la que sale de cañas por Concha Espina antes de los partidos del Bernabéu y la que durante San Isidro se forra a tapas en la avenida de los Toreros, la que sigue llevando Levi’s… la que llamaba 'crack' a Mourinho y 'canalla' a Dani Martín, la que enciende mecheros en los conciertos de El Canto del Loco, la que corea canciones de Pereza y de Mumford and Sons en las discotecas de Alberto Alcocer, la que se casa por la iglesia en Los Jerónimos pero a veces se permite ‘soltarse el pelo’”.

Del pijerío... me fío

David Summers respondió lo siguiente hace unos días tras ser preguntado por qué Hombres G se convirtieron en un “emblema” de los pijos ochenteros:

“En aquella época éramos muy jóvenes y siempre te querían encasillar de alguna manera. Si no eras rockero, eras pijo y si no hippie… Todo aquello era una gilipollez. Lo que pasa es que nosotros íbamos limpios, nos duchábamos e íbamos con una camiseta y un pantalón vaquero, igual que ahora, cómodos, pero no íbamos con el jersey amarillo ni con el cuello levantado. A los pijos de la época les enganchó mucho nuestra música y nosotros estábamos a favor, porque las chicas que venían a los conciertos estaban buenísimas, en cambio las chicas que iban a los conciertos de los heavys eran horrorosas”.

Por cierto, ¿saben ustedes cuál fue uno de los nombres que barajó el grupo antes de decantarse por Hombres G? La burguesía revolucionaria. Pues eso. En dos palabras: O sea. 

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