La historia secreta del "falo" de Calatrava que sólo se cimbreaba ante el Rey

Los correos entre Blesa y Spottorno muestran al arquitecto en modo divo ingobernable durante la construcción de su obelisco en Plaza de Castilla

Foto: Calatrava
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“Yo no puedo cerrar ningún trato con él si sigue empeñado en que lo que hace es un trabajo de 'artista', porque tengo que tener clara su responsabilidad como arquitecto para levantar un cacharro móvil de 120 metros de alto y 7 de diámetro en una plaza pública con el subsuelo hueco y dos enormes torres a los lados”. El 'artista' es Santiago Calatrava. El “cacharro” es su obelisco de Plaza de Castilla (encargado por Caja Madrid, la actual Bankia). Y el autor de la rajada no es otro que Rafael Spottorno, director de la Fundación Caja Madrid (2002/2011), que envió este correo al presidente de la entidad, Miguel Blesa, el 17 de marzo de 2005.

El mail se mandó una hora y 19 minutos después de que Blesa pidiera explicaciones a Spottorno en un correo tan escueto como políticamente significativo: “Me preocupa el retraso en el proyecto de Calatrava. Al Alcalde ni te cuento”, dice Blesa en uno de los correos destapados hoy por la red Xnet. En efecto, Alberto Ruiz-Gallardón estaba entonces en pleno frenesí inaugurador. Meses antes, el 22 de octubre de 2004, el regidor madrileño había hablado así del obelisco calatraviano: “Por extraño que parezca, Madrid no contaba con ningún proyecto de Calatrava, uno de nuestros arquitectos más internacionales. Una herida que nos dolía”.

Spottorno, futuro Jefe de la Casa del Rey, estaba al borde del derrame tras varios meses lidiando con los caprichos de Calatrava. Se queja de que el arquitecto no quiere dirigir la obra, sino hacer “supervisión artística”, y que no para de endilgarle todo tipo de marrones técnicos. “Calatrava no es persona fácil, créeme. Llevo meses discutiendo con él los términos del encargo y cada vez lo lía más”, escribió a Blesa en dicho correo.

'Calatrava no es persona fácil, créeme. Llevo meses discutiendo con él los términos del encargo y cada vez lo lía más'

Pero lo que acaba de sacar de quicio a Spottorno es el egotrip en el que parece vivir Calatrava, cuya retórica recuerda a la de un Julio Iglesias melancólico por no haber llenado un concierto en Madrid: “[Calatrava] me larga interminables exordios sobre lo mal que le quieren en Madrid y sobre lo mucho que le quieren en Suecia, EEUU, Grecia, Inglaterra, Israel, Qatar y otros mil sitios”.

Egocentrismo y minuta

Ya cuesta abajo y sin frenos, Spottorno aprovecha para reírse del arquitecto y de su mujer: “Me dijo que hablara los términos concretos del contrato con Robertina, su mujer. ¡Qué cruz! Así como Dalí tenía su Gala, Cela su Marina y Chillida su Pilar, así también Calatrava tiene su Robertina". 

'Me larga interminables exordios sobre lo mal que le quieren en Madrid y sobre lo mucho que le quieren en Suecia, EEUU, Grecia, Israel, Qatar y otros mil sitios'

Mucho jiji-jaja entre Spottorno y Blesa, pero Robertina Mazangoni, hija de banquero, de tonta no tenía un pelo, como demuestra su capacidad negociadora:

"Le he mandado un contrato a Nueva York y me ha contestado anoche que le parece todo muy bien menos el precio: ya no es un millón de euros (cifra propuesta en el primer borrador de contrato que envió Calatrava y hasta ahora intocada en los otros seis que nos hemos intercambiado con su estudio) sino 1.250.000 porque Calatrava también hará 'la supervisión arquitectónica y artística'. Y me anuncia que cuando contratemos la obra, cobrará por su trabajo de 'supervisión' el 4,5% del coste total (no el 4% como hasta ahora). Algo hemos progresado. Por lo menos el contrato de encargo del proyecto le parece conceptualmente bien, aunque ahora la dificultad es el precio. No creo que sea insalvable, pero como sus alter ego Gala, Marina y Pilar, Doña Robertina tiene pinta de ser más bien dura de pelar.”, añade Spottorno.

Había intuido bien: tres semanas después, el 11 de abril, escribe otra vez a Blesa: “Tras una última y tormentosa conversación con Calatrava esta mañana, concluyo en la imposibilidad de llegar a otro acuerdo que no sea el de unos honorarios de 1.250.000 € por los proyectos de obelisco y fuente… Creo que, si queremos que haya obelisco, habrá que aceptar sus honorarios”. O el célebre taxímetro de Calatrava: cuanto más se demora y se complica el proyecto, más acaba cobrando.

Dinero y política

Un año y medio después, el 18 de septiembre de 2006, Spottorno envía a Blesa un correo repleto de chicha política. Pese a que el obelisco se vendió como un “regalo” a la ciudad de Madrid por parte de Caja Madrid, lo cierto es que el Ayuntamiento empezó a poner dinero bien pronto: “Les detallo la propuesta de financiación que pensaba proponer para cubrir el coste total, que calculo en 14,5 millones: partir de los 6,5 ya autorizados por el Patronato, sumarle 5 millones que el Ayuntamiento acepta destinar al proyecto, a lo largo de dos ejercicios, de la aportación que la Fundación le hace todos los años para infraestructuras en Madrid y, en fin, solicitar al Patronato 3 millones adicionales a lo aprobado en octubre de 2004”, escribe el director de la Fundación Caja Madrid.

'Creo que, si queremos que haya obelisco, habrá que aceptar sus honorarios'

Por otro lado, el obelisco no fue ajeno a la cruenta batalla política entre Gallardón y Esperanza Aguirre (entonces presidenta de la CAM). O los reinos de taifas de Caja Madrid: “ Todos me dicen que cuente con su apoyo. Romero [Ricardo Romero de Tejada, secretario general del PP madrileño (1996/2004) y consejero de Bankia implicado en las tarjetas black] es el más cauto y aclara que si no recibo objeciones por parte del PP regional, él lo apoyará, pero que piensa que es por ahí por donde vendrán los problemas porque el Gobierno de la Comunidad, cree él, no ha visto nunca con buenos ojos este proyecto de tanto dinero. Me pide que comprenda que si hubiera esa oposición sería un disparate que él y su grupo fueran a apoyarlo”, aclara Spottorno en el mail de septiembre de 2006.

La apoteosis final

Finalmente el obelisco fue inaugurado por el rey Juan Carlos I el 23 de diciembre de 2009. Pero lo que parecía el fin de la pesadilla, no era más que el principio, como suele ocurrir cada vez que Calatrava perpetra obra pública: el obelisco, diseñado para oscilarse, dejó de hacerlo pocos meses después de la inauguración. Lo que no quitó para que el Ayuntamiento se gastara 300.000 euros al año en su mantenimiento, hasta que la ex alcaldesa Ana Botella decidió cortar el grifo en 2014.

En Madrid hay quien llama al obelisco “el falo de Calatrava”, y no deja de tener su guasa, dado que uno de los pocos momentos en los que se cimbreó fue ante la presencia del Rey. Moraleja: puede que las obras de Calatrava sean disparatadamente caras, pero nadie podrá acusarlas de falta de fervor cortesano.

¿Es Calatrava un incomprendido? Para rematar el sainete fálico en lo más alto, ahí va una declaración del genial arquitecto valenciano a El País en 2007: “Creo que la belleza de mi aventura como creador está en proyectarme, personalmente, en el trabajo que estoy haciendo. Cuando uno transgrede convenciones se hace difícil de entender. Pero no busco ser entendido. Busco ser libre. Si todas las flores fueran iguales, el mundo sería aburrido”. En una palabra: ¡Weah!

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