Guía para sobrevivir a la entrevista de Jordi Évole a Julio Iglesias

'Salvados' estrena temporada con el mito del pop español. Claves para descifrar las palabras de un cantante con tendencia a la psicodelia retórica

Foto: Guía para sobrevivir a la entrevista de Jordi Évole a Julio Iglesias

Elecciones catalanas plebiscitarias, la justicia persigue a Rodrigo Rato, los tubos de escape del Volkswagen vierten mierda, Iceta convierte las campañas electorales en conciertos de Loco Mía, etc, etc, etc. Vivimos un arranque convulso de curso político, sí, pero el único que ha logrado hasta ahora tumbar la web de 'La Sexta' por exceso de visitas ha sido Julio Iglesias. Fue anunciar Jordi Évole que el divo latino abriría este domingo la nueva temporada de 'Salvados', y armarse el quilombo. ¿Quién dijo que Julito ya no es el que era, eh, quién lo dijo? Un respeto al más grande, copón.

“Todo el mundo sabe por dónde va el uno y por dónde va el otro”, le dice Iglesias a Évole en una de las promos del programa, poniendo el dedo en la llaga morbosa del asunto: las dos Españas se juntan para hablar de lo divino y de lo político en ese tono ingrávido que convirtió a Iglesias en leyenda tropical. Pero no nos equivoquemos: si bien todos sabemos por dónde va Julio -por la derecha y haciendo eses- lo que no está ni mucho menos claro es qué quiere decir exactamente Julio cada vez que abre la boca.

En efecto, hacemos como que entendemos a Iglesias, quizá porque llevamos toda la vida escuchándole y tenemos el oído hecho a sus aforismos disparatados, como esta propuesta ochentera de aplicar a España el socialismo a la Punta Cana: “Mi mayor ilusión en la vida es que todos los españoles tengan un avión privado”.  

Mi mayor ilusión en la vida es que todos los españoles tengan un avión privado

Así que, horas antes del duelo de titanes entre Julio Iglesias y el Évole más Follonero, ha llegado el momento de explicar a los españoles el significado profundo de la retórica psicodélica de Iglesias.

Este reportero, envuelto en la bandera del servicio público, ha decidido enfrentarse al equivalente cultural a cubrir la guerra de Vietnam: leerse la legendaria autobiografía de Julio Iglesias -'Entre el cielo y el infierno'- publicada en Planeta en 1981. He aquí el gran incunable del 'Pensamiento Yulista', un torrencial monólogo de 282 páginas de 'Yulio' puro y sin cortar: en bruto, sin filtro y absolutamente desatado.

El galimatías final

'Entre el cielo y el infierno' no es un libro cualquiera; es más, tiene algo de excepcional: estamos ante uno de los textos más crípticos de la historia de la humanidad junto al primer pergamino en sánscrito y la Piedra Rosetta. ¿Les parece exagerado lo que digo? Pues ahí van unos cuantos extractos selectos de este galimatías biográfico que reinventó el concepto de dispersión:

“Me gusta el arroz. Soy desconcertante, quizá como este último capítulo. Me divorcié mucho más que por tener seis meses, como alguien ha dicho, un buzón abierto en Brooklyn. Lo hicimos porque teníamos que hacerlo. Y he insistido alguna vez que el día que supe que era libre no destapé ninguna botella de champán. Me gusta la canción esa que dice: Mi amor es más joven que yo. Mido uno ochenta y cinco, descalzo. Palabra de honor que sí. Peso setenta y dos kilos. Por ahí, en algún lugar, habría una foto mía vestido de bandolero, de cuando yo hacía papeles de teatro en el colegio. Todos mis recuerdos se agolpan ahora mismo, tan vivamente como un relámpago en la tormenta de una noche fría y oscura”.

Sí, han leído bien: Arroz, divorcios, champán, “mido uno ochenta y cinco, descalzo, palabra de honor que sí”, relámpagos y trajes de bandolero… Si alguien ha entendido una sola palabra de todo esto, que dé un paso al frente y nos lo explique, por caridad… Sigamos:

“Debo decir que amo tanto a la mujer que amó conmigo toda la noche, al amanecer, como al anochecer. De todas formas, soy un hombre que ha visto amanecer muy pocas veces. Sé que esto es bueno y malo a la vez. Por ejemplo, hace muy pocos días en las faldas de los Andes de Chile me despertó el canto de un gallo. Era una sensación nueva para mí. Lo deseé con todas las fuerzas de mi alma. Pero me gusta besar a la mujer, en la boca, en la mañana, cuando despierta el día”.

¿De qué demonios estás hablando aquí, Julio? Quizá ni él mismo lo sepa, pero lo de desear a un gallo con todas sus fuerzas suena a alucinación seria de peyote. No obstante, lo crean o no, lo más raro de todo está aún por llegar...

Ojo a este extracto pesadillesco. Julio Iglesias, en la cima de su brutal popularidad, cayendo preso de una espeluznante deriva mística:

“Yo no sé despreciar, por modesta que sea, ninguna sonrisa. He firmado autógrafos en la piel de muchas jovencitas, un día uno en la palma de la mano de una niña incurable que agonizaba. Pero quiero ser fuerte. Insisto, no quiero ser leyenda. Quiero vivir, quiero emanar, compartir ese raro resplandor que aún asustándome dicen que tengo... El mito va creciendo en torno mío y yo lo veo crecer como una hiedra gigante, como una planta carnívora que pretende acabar conmigo”. ¡Glups!

El mito va creciendo en torno mío y yo lo veo crecer como una hiedra gigante, como una planta carnívora que pretende acabar conmigo

Y ahora un último consejo de amigo antes de que se enfrenten ustedes al duelo Évole/Iglesias. Es un error frecuente pensar que Julio Iglesias habla en español... No es así, Julio habla 'famosés', una lengua franca disparatada que hablan los cantantes latinos de éxito desmesurado. Una lengua en la que uno puede decir en la misma frase las palabras “jet privado”, “truhan”, “federalismo”, “unidad de España”, “lino blanco” y “weah” sin que nadie le pida cuentas.

Resumiendo: si le suenan a usted un poco raras las cosas que le cuente Iglesias a Évole, no se preocupe: en el mundo de las estrellas del pop no hay ni ley ni orden ni sentido (y está bien que así sea); y en ese mundo fantástico e irracional, Julio Iglesias sigue siendo el rey. Máximo respeto pues.

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