Por qué Quentin Tarantino es el mejor director del mundo (pese a quien pese)

La nueva película del director -el western 'Los odiosos ocho'- vuelve a dinamitar todas las previsiones, aunque hay quien sigue sin tragar al director de 'Pulp Fiction'

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Quentin Tarantino
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Regla no escrita de Hollywood: no te metas en follones políticos cuando estás a punto de estrenar una película. Pues bien: Quentin Tarantino, cuya nueva película ('Los odiosos ocho') se estrena ahora en todo el mundo (el viernes en España), participó en octubre en una manifestación en Nueva York contra la brutalidad policial.

La protesta, parte de una campaña nacional para denunciar la muerte de varios ciudadanos negros, desató un boicot policial contra 'Los odiosos ocho' en EEUU. ¿Perjudicaría esto a su carrera?, se preguntaron algunos medios.

Por qué Quentin Tarantino es el mejor director del mundo (pese a quien pese)

Respuesta: Tarantino (Knoxville, 1963) podría dejar mañana el cine y dedicarse a hacer congas desnudo por la calle y su estatus no se alteraría demasiado: es el mejor director surgido en las últimas tres décadas y nadie ni nada puede hacer mucho para cambiarlo.

¿Que cómo se mide eso? Pues así: si a la calidad de sus películas le sumamos su influencia cultural, nadie hace sombra a Tarantino. Si lo que sumamos es la mezcla de éxito comercial y respeto crítico, tampoco.

Si a la calidad de sus películas le sumamos su influencia cultural, nadie hace sombra a Tarantino

En los años sesenta y setenta (última edad de oro del cine estadounidense) no era raro encontrar directores capaces de arrasar entre crítica y público, pero más tarde se amplió la brecha cultural entre cine comercial y cine artístico. Hasta que Tarantino irrumpió en 1992 con 'Reservoir Dogs' (1992) e hizo añicos esa separación. No, no es ni mucho menos el único director de su generación que tiene hoy día el raro estatus de director comercial de culto, pero sí es el único que lleva un cuarto de siglo en la brecha y sin mediar traspiés: sus películas son siempre o muy buenas u obras maestras. El muchacho no falla nunca.

Ningún otro cineasta del mundo es capaz de entusiasmar por igual al espectador de multiplex que odia el cine cultureta y al crítico francófilo adicto al cine experimental. Quentin Tarantino no es un director de cine: es un milagro cultural. El hombre cuyas películas son entretenimiento de barraca de feria y, al mismo tiempo, objeto de tesis doctorales tan sesudas que a su lado Kierkegaard parece Corín Tellado.  

Los detractores

Lo que no quita, claro, para que existan bastantes detractores de Tarantino. Su segunda película, 'Pulp Fiction' (1994), ganó la Palma de Oro en Cannes… entre protestas. Así describió el fallo el crítico Ángel Fernández Santos en 'El País': “Sorprendentemente ganó la Palma de Oro la película norteamericana 'Pulp fiction', de Quentin Tarantino, a costa de la favorita, 'Rojo', del polaco Krysztof Kieslowski… Tarantino, al subir al escenario, fue recibido con división de opiniones. Junto a los aplausos se oyeron gritos de protesta y abucheos...”. 

Fernández Santos, de hecho, había dicho días antes que 'Pulp Fiction' tenía un guion brillante, pero también un “look epidérmico deudor de la ideología posmodernista y del cómic audiovisual”. Era la época en la que triunfó la teoría de que Tarantino hacía apologías 'videocliperas' de la violencia y que todo se trataba de una moda que no tardaría en remitir. Sobra decir que el tiempo ha puesto a 'Pulp Fiction' en su sitio: clásico total de los años noventa.

Por qué Quentin Tarantino es el mejor director del mundo (pese a quien pese)

Tarantino sobrevivió, de hecho, a la moda del tarantinismo. En efecto, mientras sus muchos imitadores llenaban las pantallas noventeras de tiroteos pop de estética tarantiniana, Tarantino iba a lo suyo: su tercera película, 'Jackie Brown' (1997), desconcertó al sector hardcore de sus fans: era un 'noir' clásico sin salidas de tono. 'Jackie Brown' no solo era un peliculón sino que nos dijo algo importante sobre su futura carrera: uno nunca podía estar seguro de por dónde discurriría una película de Tarantino.

Sus filmes del siglo XXI se han caracterizado precisamente por su libertad formal y temática: de las tremendas 'Kill Bill' y 'Kill Bill 2' a sus heterodoxas y explosivas películas históricas: si en la tan incomprendida como estupenda 'Malditos bastardos' reinterpretaba a su bola la II Guerra Mundial (convertida en un lugar donde se dedica más tiempo a discutir sobre acentos idiomáticos que a pegar tiros, aunque Hitler acabe mordiendo el polvo a lo grande) en 'Django Desencadenado' reinventó el western por la vía del black power al situarlo en el contexto de la lucha antiesclavista.

Por qué Quentin Tarantino es el mejor director del mundo (pese a quien pese)

Ahora ha llegado la hora de su primer western puro, 'Los odiosos ocho', en el que Tarantino vuelve a jugar al despiste: lo único que hay aquí de puro es un cacho de ejercicio de estilo tarantiniano (que, por cierto, no ha gustado a todo el mundo en EEUU). 

'Los odiosos ocho' es todo esto al mismo tiempo: 

'Los odiosos ocho'
'Los odiosos ocho'

-una versión gore de Agatha Christie: personajes encerrados en una casa tratan de descubrir quién es el asesino mientras van cayendo como moscas (aclaración: si Agatha Chirstie pudiera ver 'Los odiosos ocho', le daría un derrame cerebral con certeza).

-una farsa punk sobre el Salvaje Oeste como territorio en el que solo sobreviven los que mienten sin ser descubiertos (es decir, los cuentistas, como su propio autor: la capacidad de Tarantino de dinamitar su propio relato a golpe de diálogos fabulados alcanza aquí cotas himalayistas) 

-y una gloriosa alegoría sangrienta sobre las tensiones raciales no resueltas en la Guerra de Secesión (que aún colean, como demuestra la presencia de Tarantino en una manifestación contra el tiroteo de negros en pleno 2015).

Por cierto, la película contiene una escena –la del monólogo del personaje interpretado por Samuel L. Jackson mientras suena una melodía navideña en un piano- que va a entrar de cabeza entre las cinco escenas más descacharrantes y memorables de la carrera del cineasta. Avisados quedan. 

Resumiendo: Tarantino es el puto amo. Lo ha vuelto a hacer. Sombreros fuera.  

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