Benavent, la pedrada hippie que dejó KO a Mariano Rajoy

El comisionista valenciano arrepentido, que ha torpedeado la investidura del líder del PP, vio la luz tras un viaje místico por el mundo. Cómo un adicto a la corrupción mutó en un hippie que tira de la manta

Foto:  Benavent en los juzgados (EFE)
Benavent en los juzgados (EFE)
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He visto cosas que no creeríais: el elefante del Rey, las rajadas de Bárcenas, la farlopa de los ERE, los metrobuses pagados con las black, el volquete de putas de Granados… Pero si de momentos estelares de la corrupción hablamos, todo es poco ante el día en que Marcos Benavent anunció su conversión al hippismo...

El caso de corrupción que resquebraja al PP valenciano cogió carrerilla una luminosa mañana de mayo de 2015. Benavent, ex gerente de la empresa pública Imelsa investigado por la justicia, reapareció inesperadamente a las puertas de los juzgados tras meses en paradero desconocido. ¿Recuerdan ese anuncio de Andros en el que un maromo de lino blanco bailaba el sirtaki en la playa con los brazos extendidos? Pues en ese plan apareció Benavent por los juzgados: con los brazos abiertos, con la sonrisa de quién está a punto de entrar en paz espiritual con el mundo... y con todo tipo de abalorios hippies. Barba blanca, pulseras, anillos, gemas, pendientes y tatuajes místicos (ante el estupor de los periodistas valencianos: la última vez que le habían visto, Benavent era un pijo exaltado del PP y vestía como tal). ¿Qué estaba pasando? Benavent lo explicó así:

Mi vida es otra cosa. Yo he hecho un viaje hacia fuera: he perdido todo para ganarme a mí mismo. La revolución está dentro de uno mismo, no está fuera”.

Yo he hecho un viaje hacia fuera: he perdido todo para ganarme a mí mismo. La revolución está dentro de un mismo

“Quiero hacerme mis historias. Biodinámicas conectadas con el cosmos y con el universo. Y tener mis cosas, y mis animalitos, y mis meditaciones y mis rollos… Lo otro ya lo he tenido y la verdad es que no vives feliz”.

“Yo vivo mis experiencias y mis talleres. No paro de hacer talleres: tantra, agricultura biodinámica, sonidos de la naturaleza… o sea, que no paro”.   

La bola extra se la dio a un periodista de ‘El Mundo’ esa misma jornada: “El otro día fui a Almería a hacer un curso de agricultura ecológica y pasé por Águilas. Me acordé de ti y de Paco Rabal. A ver si vienes por aquí y nos fumamos un porro de marihuana”, bramó un desatado Benavent. ¡Weah!

Ah, Benavent también dijo aquel día haberse "llevado de todo, dinero y caja y comisiones, yo era un yonqui del dinero”. Y que iba a meter tal rajada judicial que el PP valenciano podía echarse a temblar (profecía autocumplida). Sí, amigos, Benavent es el mayor bombazo psicodélico del hippismo desde aquellos locos tripis de Woodstock

Un rollito muy ácido

El 'benaventazo' se convirtió en icono pop. Tenemos una canción de Iván Lagarto -autor del glorioso remix del ‘Caloret’ de Rita Barberá- en la que samplea las palabras de Benavent. ¿Su título? ‘Era un yonqui del dinero’.

Benavent, la pedrada hippie que dejó KO a Mariano Rajoy

Tenemos también un descacharrante análisis de Dani Mateo (‘El intermedio’) sobre las idas de pelota de Benavent.

Mateo, que fue el primero en comprender la potencialidad ácida del asunto, decía en mayo que Benavent “no es un comisionista, sino un loco cósmico que ha venido a liberar vuestro apoltronado mundo”. Y añadía: “Benavent ha hecho un viaje por el mundo que le ha cambiado por completo la perola”.

Benavent, la pedrada hippie que dejó KO a Mariano Rajoy

Viaje al fin de la noche

Y algo así, en efecto, es lo que había ocurrido. Tras estrecharse el cerco judicial sobre Imelsa y abandonado progresivamente por los suyos (familia y compañeros de partido), Benavent estuvo cuatro meses viajando, de la selva amazónica ecuatoriana a Japón, con parada técnica en Ámsterdam. Todo apunta a que la mezcla de pedrada hippie, arrepentimiento forzado por las circunstancias y brutal transformación personal por la vía new age tuvo lugar esos días. O sea, bien surcando el Amazonas en canoa, bien haciendo meditación trascendental en una pagoda, bien fumándose la madre de todos los petardos en un antro holandés. O al menos eso le gusta imaginar a este periodista…  

Como buen personaje exagerado, circulan todo tipo de historias sobre la evolución política y personal de Benavent: que si siempre fue de izquierdas (dudoso) o que si la pedrada le vino cuando el 15M. El periodista Mariano Gasparet escribió en ‘El Mundo’ que Benavent “quedó prendado del 15M” y que tras la acampada de Sol decía cosas como: 'Nos van a correr a gorrazos, nos van a tirar a la calle a todos, la gente está harta'

“Benavent siempre ha estado un poco volado”, cuenta Víctor Romero, compañero de este periódico que habló varias veces con Benavent cuando aún estaba en la cresta de la ola política. “Nunca fue un ortodoxo desde el punto de visto ideológico. Tampoco era un facha. Más bien se adaptó a la vida que le tocó vivir tras casarse y relacionarse con altos cargos del PP”, asegura Romero.

Siempre ha estado un poco volado

De entre todas las cosas raras que hizo Benavent cuando era un yonqui del dinero –como grabar compulsivamente a sus compañeros de partido cada vez que cometían un delito, con los espectaculares resultados policiales y judiciales ya vistos– la más delirante es la siguiente: el muchacho abrió una peluquería en Valencia que, dicen, servía para lavar el dinero de las comisiones. ¿Saben cómo se llamaba su peluquería? ‘¡QUÉ HAY DE LO MÍO!'... Repetimos para que puedan ustedes digerir mejor el concepto: abrir una peluquería para blanquear dinero público y llamarla ‘¡Qué hay de lo mío!’. Imparodiable, sí.    

Hay quien no se cree el teatral cambio de vida de Benavent. Podrían estar en lo cierto. Ahora bien: Benavent dijo dos cosas el día que pisó los juzgados -soy un hippie y vengo a cantar 'La Traviata'- y al menos una de ellas ha demostrado ser cierta.  

Y ahora viene lo gordo: si la confesión de Benavent dinamita la investidura de Rajoy y obliga al PP a sustituirle por un candidato ‘limpio’, podríamos estar ante un episodio dantesco digno de la estrepitosa caída del Imperio Romano. Que tras una legislatura marcada por enormes recortes, enormes corrupciones y enormes protestas sociales, no sean ni Bárcenas, ni los periódicos, ni los manifestantes quienes acaben con el marianismo, sino un hippie o un falso hippie (hilarante en ambos casos), es un colofón tan brutal que Berlanga debe estar dando vítores desde su tumba. 

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