¿Y quién cojones es Bob Dylan?

Lo de siempre. Te pasas toda la mañana esperando a que la Academia se pronuncie sobre el Nobel de Literatura y van y te sueltan el nombre de un escritor que no conocen ni en su casa

Foto: Bob dylan, ganador del Nobel de Literatura 2016.
Bob dylan, ganador del Nobel de Literatura 2016.

Lo de siempre. Lo de todos los años. Te pasas toda la mañana esperando a que la Academia sueca se pronuncie sobre el Nobel de Literatura y, cuando por fin les da la gana a sus señorías de anunciar al galardonado, van y te sueltan el nombre de un escritor que no conocen ni en su casa.

¿Bob Dylan? ¿Se escribe así? He tenido que mirarlo en Google, que me dice que es poeta. Ya veréis: ahora saldrán un montón de enteradillos y se harán los listos con un ojo mirando a Twitter y el otro a la Wikipedia. Seguro que lo han leído todo, claro, como cuando ganó Herta Müller y de pronto parecía que había sido la autora de los cantares de gesta. Pues yo voy a ser sincero: algo sé de literatura y el nombre de este Bob Dylan no lo había oído en mi vida.

La verdad es que estoy curado de espanto con el Premio Nobel. El año pasado se lo llevó una cronista bielorrusa, Svetlana Aleksiévich, y en el primer momento lo mismo: tenías que ir a buscar su nombre en Google. Luego, la verdad sea dicha, la empecé a leer y antes de darme cuenta me había papeado cinco libros suyos. Me flipó Svetlana Aleksiévich, la jodida. Me flipó hasta el punto de que aprendí a escribir su nombre sin recurrir a Google. Pero ¿Dilan? ¿Dylan? Y para colmo, poeta.

El año que se lo dieron al chino Mo Yan me llevé un chasco como una casa. Para entonces había empezado a albergar esperanzas. Como siempre se lo lleva un escritor al que no conoce ni su madre, las probabilidades de que sonara mi teléfono y me dieran el Premio Nobel eran más altas que las de Javier Marías o Juan Marsé, que dicen que andan siempre en las quinielas. Luego descubrí que Mo Yan “era el autor de 'Grandes pechos, amplias caderas” y por un momento pensé que se referían a Juan Manuel de Prada.

Bueno, el caso: Bob Dylan. Dice la Academia sueca que es norteamericano y esto es una faena tremenda, porque allí en Norteamérica tienen grandes escritores que ya no van a ganar el Nobel. Como bien es sabido, los suecos se cuidan mucho de pisar el mismo país dos veces en un lapso de tiempo normalmente superior a la esperanza de vida de los escritores consagrados. Así que puede perder sus esperanzas Philip Roth, nacido en los años treinta, si es que supera el disgusto que le han dado hoy. 

En cuanto a otro de los que suenan en las quinielas, Paul Auster, todavía le puede pillar algo. Eso sí, cuando ya no tenga dientes y haya perdido su esplendorosa cabellera. Será como si le dieran el premio a otro, vaya. Pero por quien más lo siento es por Cormac McCarthy. Es un escritor monumental, oscuro y barroco, y además es el tipo que mejor ha descrito esta sensación tan común entre los columnistas de que te persiguen unos 'haters' rabiosos e implacables. También lo siento mucho por Thomas Pynchon, un artista indescriptible, un constructor de catedrales y un hombre que vive con una bolsa de papel en la cabeza. Esto me hace pensar que, si le dieran el Premio Nobel, obtendría el honor supremo de rechazarlo. Como Sartre, que tampoco es que se lo mereciera mucho.

Pero en fin, hablemos de este Bob Dylan, de nombre real Robert Allen Zimmerman (ahora me empieza a sonar), nacido en 1941 en Duluth (ya me va sonando), Minnesota (joder, no será el mismo que...). No nos alarmemos. Leo por la Wikipedia que entre sus obras más famosas está el poema 'Like a Rolling Stone', que curiosamente se llama igual que una canción bastante famosa cuyo autor no recuerdo ahora mismo (¿Bruce Springsteen?). Leo también que en lugar de leer sus poesías en deprimentes recitales tiene por costumbre cantarlas. Leo que sale en una película de Sam Peckinpah, a la que pone banda sonora. Leo que se hizo famoso por sus conciertos y su papel comprometido durante el movimiento por los derechos civiles. Leo que uno de sus recopilatorios de poemas se llama 'Blonde on Blonde'. Y mi alarma crece. Las manos me tiemblan como la voz de Serrat. Tengo una sospecha. Estoy más acelerado que Joaquín Sabina y Carlos Boyero de farra juntos en los noventa. Me vais a llamar de todo. No me importa. Tengo que ser honesto. ¿Qué nos jugamos a que le han dado el Nobel de Literatura a un cantante?

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