Miedo, asco (y tripis) en ARCO: así me frio el cerebro el coliseo del arte moderno

Crónica exagerada de la inauguración de la feria de arte. Un día sin público, pero repleto de profesionales, farándula y negocios

Foto: Espectador frente a una obra en ARCO. (EFE)
Espectador frente a una obra en ARCO. (EFE)
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He visto cosas que no creeríais (en ARCO). Cardados imposibles de señora sobrevolando la nave 9 del recinto ferial. Ventas millonarias resplandeciendo en la oscuridad junto a la puerta de Tannhäuser. Sonrisas heladas y rostros operados. Arte político en llamas más allá de Ifema

He visto a parejas comprando arte a lo loco. Parejas formadas por hombres maduritos (eufóricos) y mujeres que podían ser sus hijas. Parejas que me han hecho reflexionar sobre la enorme (y poco estudiada) influencia de la crisis (varonil) de los 40 sobre el PIB español.

He visto a 'influencers', 'instagramers' y 'fashion bloggers' hacerse selfis y comportarse como si hubieran aspirado una mezcla de helio y pegamento. ¡Qué síndrome! ¡Qué 'overdose'!

La enorme influencia de la crisis (varonil) de los 40 sobre el PIB español está por estudiarHe visto a chavales regalando cientos de ejemplares de ‘El País’ y ‘El Mundo’.

He visto una cantidad exagerada de fulares.

He visto a Mar Flores, a Norman Foster, a Carolina Herrera (hija), a Eugenia Martínez de Irujo y a Prado Campos.

He visto una obra de Roni Horn con pinta de sofá/puff mullidito y me han entrado unas ganas terribles de desplomarme encima… pero no era buena idea. Primero, porque era una ¿escultura?, no un sofá. Segundo, porque se vendía a un millón de euros.

He visto a un hippie/punk: Albert Pla (haciendo una 'performance' versallesca).

He visto a un macarra: Alberto García Alix. He visto a Alberto García Alix saludando efusivamente a Albert Pla (en efecto, dios los cría y ellos se juntan).

ARCO es una brutal (y delirante) avalancha de impactos estéticos, costumbristas y humanosHe visto rostros secuestrados por el bótox. He visto señoras criogenizadas y hombres con pinta de hacerse retoques quirúrgicos sin importancia cada ocho horas. He visto a personas hablando variedades tan pijas del español que no sé si eran reales o actores de una 'performance' maniquea sobre la lucha de clases.

He visto un documental de María Ruido sobre las fisuras de la Transición en el que aparecían imágenes de un simpático homenaje a Carrero Blanco en Pontevedra. He visto a Daniel G. Andújar. He visto ejemplares de ‘El capital’ convertidos en obra artística. He visto un mural del Che con un eslogan que se preguntaba si la revolución se hizo para colgarse en las ferias de arte o para otra cosa...

He visto bolsas de Loewe y carritos de la compra. He visto bolsos de señora tan gigantescos que cabría dentro TODO ARCO y aún sobraría sitio para un bote de laca.

He visto una obra de Lara Almarcegui que me ha ayudado a serenarme en mi peor momento. Una tabla que calcula los materiales de construcción del centro histórico de Burgos. Piedra: 281.090 toneladas. Ladrillo: 269.981 toneladas. Mortero: 151.934 toneladas. Y así hasta un total de 863.450 toneladas. Todo un alivio empírico ante la brutal (y delirante) avalancha de impactos estéticos, costumbristas y humanos que es ARCO.

Si me hubiera quedado en casa tomándome un tripi, mi pobre cerebro quizá lo hubiera agradecido.

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