La disparatada guerra de los guiñoles: látex, burundanga y portadas de prensa

Los guiñoles de Canal Plus generaron una batalla política en los años noventa que se ventiló en los medios. O cuando los muñecos parlantes fueron tomados más en serio que los políticos

Foto: Guerra de portadas en torno a los guiñoles. (montaje: Enrique Villarino)
Guerra de portadas en torno a los guiñoles. (montaje: Enrique Villarino)
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Es una lástima que el 4 de abril de 1997 no existiera aún Twitter, porque de haber existido, habría implosionado: 'ABC' publicó ese día una portada inolvidable. Titular: "Dirigentes del PP consideran necesario poner en marcha un 'contraguiñol'". Fotografía: dos muñecos de látex de José María Aznar y Ana Botella con cara de circunstancias...

Texto de portada: "El programa 'Las noticias del guiñol' es, a juicio de destacados dirigentes del PP, una burla descarada de José María Aznar y sus colaboradores, que no persigue otro objetivo que erosionar la figura del presidente del Gobierno, potenciar bajo una crítica manipulada al líder socialista Felipe González y destrozar en el seno del PSOE a los antifelipistas. Sectores cualificados del PP creen necesario responder con la puesta en marcha de un 'contraguiñol' en otro canal, considerado el perjuicio que a los intereses electorales del PP está causando 'Las noticias del guiñol', espacio al que dedica su mejor propaganda el diario felipista. Viene a nuestra portada los muñecos de Aznar y su esposa, Ana Botella, que aparecen en 'Las noticias del guiñol'.

O cuando las marionetas parlantes de chufla dominaban la Tierra…

"Tras publicarse esa portada, Ángel Acebes vino a decir que una cosa era la política y otra el humor, y que si 'Las noticias del guiñol' era un programa político y no cómico, deberíamos advertirlo al espectador. Creo que tanto 'ABC' como el PP sobrevaloraron su impacto", cuenta Antonio Martínez, guionista y primer director de 'Las noticias del guiñol'.

Diez años después de la última emisión televisiva del programa, toca poner la polémica en contexto. "El PP de Aznar —que había ganado hace poco sus primeras elecciones [mayo de 1996]— estaba ansioso por controlar la comunicación, necesitaba sentir la hegemonía cuanto antes, tenía prisa. Los guiñoles eran un grano en el culo", cuenta Martínez, que ahora participa en una popular sección de humor en 'La ventana' de la SER.

El PP de Aznar estaba ansioso por controlar la comunicación, necesitaba sentir la hegemonía cuando antes, tenía prisa. Los guiñoles eran un grano en el culo

La guerra de los guiñoles fue, en definitiva, una pequeña batalla de una lucha más grande: la guerra entre partidos y bloques de comunicación por la hegemonía cultural y comercial. Conservadores contra progresistas.

'ABC' publicó incluso un editorial contra los guiñoles. Atentos:

1) "'El humor hace pariente a la verdad de la mentira', dejó dicho Gómez de la Serna. Pero cuando se recurre a unos realistas muñecos de látex, apenas caricaturescamente estilizados, para hacerles decir cuanto conviene al antojo de sus guionistas manipuladores, deberíamos concluir que este singular género de 'humor' es un deliberado secuaz de la mentira; de la mentira orientada y sistemática al servicio de la más burda propaganda política". 2) "Nuestra respetuosa actitud [con la libertad de expresión] no nos exime de identificar por su nombre a los distintos productos que se nos ofrecen y delatar ante el consumidor su auténtica naturaleza. Llamar folletín a lo que pretenden vendernos como melodrama; pornografía, cuando lo es, a lo que se expende como erotismo; teratofilia a la supuesta audacia provocativa; o, como en el caso que nos ocupa, abyecto panfleto a lo que el 'acosado' multimedia [PRISA] que lo produce quiere exhibir como ocurrente sátira política".

Resumiendo: se empieza por la pornografía, se sigue por la teratofilia... y se acaba haciendo propaganda cómica al servicio de PRISA (si el editorialista de 'ABC' intentaba una escalada hacia la podredumbre moral, le salió un tanto errática. O no...).

No es casualidad que la andanada de 'ABC' contra los guiñoles coincidiera con el recrudecimiento de la tangana entre el Gobierno y PRISA: esos días se produjo un aparatoso (y fallido) intento de procesar a Jesús de Polanco, presidente entonces del grupo de comunicación que incluía a medios como 'El País' y la SER.

24 horas después de la lisérgica portada de 'ABC', 'El País' llevó también a su portada la polémica de los guiñoles; con una metacuchufleta de las que hacen época: una foto del guiñol de Hilario Pino leyendo el 'ABC' del día anterior. "'Las noticias del guiñol' preocupa a algunos dirigentes del PP, según reconoció ayer Ángel Acebes, coordinador general del partido en el Gobierno. Acebes precisó que el PP no ha propuesto un 'contraguiñol', en contra de lo que afirmaba ayer 'ABC'", aseguró 'El País', que ese día también publicó varias informaciones denunciando que el Gobierno hostigaba a PRISA con la ayuda de jueces y tertulianos.

Un enano muy amado

Antonio Martínez, con el que nos juntamos una tarde en una cafetería en Plaza de España, recuerda con especial agrado el guiñol de Jordi Pujol. "Era el favorito de los niños porque era pequeño, tenía dificultades para expresarse y no paraba de arrojar sus gafas al vacío". Pero la algarabía de los niños no era compartida por algunos dirigentes del PP, a los que desesperaba que los guiñoles se burlaran de la alianza entre Pujol y Aznar forzada por la minoría parlamentaria de los populares.

"Una de las fuentes de la comedia es decir una cosa y hacer la contraria", argumenta Martínez para justificar por qué el programa dio tanta bola al matrimonio de conveniencia entre Pujol y Aznar. En efecto, la cosa tenía su gracia: el triunfo electoral del PP había sido celebrado por su militancia al grito de "Pujol, enano, habla castellano"; pero al poco tiempo, Aznar se vio obligado a pactar con el "enano" y a asegurar en TV3 que hablaba catalán en la intimidad, en uno de esos giros políticos de 360 grados que parecen hechos para la guasa.

"Viva España, viva el Rey y viva Jordi Pujol", gritaba entusiasmado el muñeco de látex de Aznar. El de Pujol, por su parte, respondía así a las preguntas del guiñol de Hilario Pino:

Hilario: 'President' Pujol, buenas noches, noches.

Pujol: Buenas noches, Hilario. ¿Se da cuenta de que voy a mandar mucho a partir de ahora?

Hilario: Cómo disfruta, 'president'.

Pujol: Oiga, lo que disfruto, lo que disfruto… Fíjese que a mí me decían: "Pujol, enano, habla castellano"; y a ver si ahora seré yo quien diga: "Aznar, charlatán, habla catalán".

Intercambio de roles

Daniel Suberviola —asistente de producción y guionista de los guiñoles entre 2001 y 2005— era "plenamente consciente de que el programa tenía influencia y repercusión, que al día siguiente de cada emisión se hablaba de nosotros y que los políticos nos veían".

La portada de 'ABC' que otorgó a los guiñoles estatus de actores políticos reales, no le parece descabellada a Suberviola; por un motivo: entre los políticos y los muñecos parlantes se había producido un extraño fenómeno de usurpación de funciones. "Los españoles tienden a tomarse un poco a broma a los políticos; así que no es raro que los guiñoles fueran tomados un poco en serio. Probablemente había motivos para ello: los muñecos de látex contaban las verdades que no contaban los políticos", asegura Suberviola, como si el guiñol de Aznar fuera el Aznar real tras ingerir el suero de la verdad.

Los españoles tienden a tomarse un poco a broma a los políticos; así que no es raro que los guiñoles fueran tomados más en serio

"No era solo un programa de chufla, era también un informativo en el que te podías permitir el lujo de poner en boca de los políticos lo que nunca dirían en público, aunque lo pensaran. Yo intuyo que los políticos, en la intimidad de sus hogares, estaban de acuerdo con lo que decían sus muñecos de látex; al fin y al cabo, parte del trabajo de un político es decir lo que no piensa, mientras que el de los guiñoles era hablar como hablaría un político… puesto de burundanga", razona Subverviola vía telefónica.

Preguntamos a Suberviola qué tal hubiera encajado el 'mastergate' de Cifuentes en los guiñoles, dice que muy bien, y procede a imaginar diferentes 'sketches' para esta loca comedia universitaria: Cifuentes haciéndose chuletas en un boli, un funcionario soplándole las respuestas de un examen a Cifuentes desde la calle, etc., etc., etc. "Nada de lo que ocurre en política se resiste a la sátira, y esto todavía menos", zanja el guionista.

Un hombre del pueblo

Suficiencia y condescendencia a la hora de dirigirse al mundo. Aznar y Felipe González han acabado exacerbando los rasgos parodiados por sus guiñoles. Visto en perspectiva, podría decirse que sus muñecos se quedaron cortos al imitarles, no es que hayan sido devorados por el personaje, es que el personaje ha sido devorado por ellos. ¿Y Mariano? Uno de los guiñoles más discretos fue el de Mariano Rajoy, que solía hacer pequeñas trastadas, como ocupar el sillón de Aznar en Moncloa cuando no estaba en su despacho. Al contrario que Felipe y Aznar, Rajoy "parece el mismo de siempre, no se ha movido un milímetro del sitio desde entonces", lo que igual explica su éxito, según Martínez, "parece un miembro de la familia, te habla de igual a igual, como tu tío el que lee el 'Marca', Rajoy es el tipo que relativiza todo y no se toma nada a la tremenda, que también puede llegar ser un defecto, como si le diera todo igual".

Dos décadas después, tenemos sorprendente ganador de la guerra de los guiñoles: Rajoy no solo es el único muñeco de látex que sigue en la primera línea política y no ha caído en desgracia, sino que es el mismísimo presidente del Gobierno. Mariano, la leyenda. Lo que quizá sea el gran chiste póstumo de 'Las noticias del guiñol'. O no.

Bola extra

PD: A estas alturas del siglo XXI, nadie puede negar el talento de Luis María Ansón —antiguo director de 'ABC'— para las portadas de periódico fascinantes y desconcertantes a un tiempo, como ejemplifica la de los guiñoles.

El estilo de Ansón —mitad 'agit-prop' mitad dadaísmo— alcanzaba sus mayores cotas de expresividad —esa mezcla imposible de psicodelia y mazo político— cuando recurría a la técnica del fotomontaje.

Ejemplo: portada de 'ABC' de febrero de 1995, bajo el titular "Pujol sigue exprimiendo a González", montaje del presidente de la Generalitat... exprimiendo limones con la cara del presidente del Gobierno. Tal cual. Quizá le parezca a usted libelosa esta portada, pero no se puede decir más con menos elementos.

Ansón continuaría luego su magisterio en 'La Razón', donde publicó la que quizá sea la portada más disparatada de la historia del periodismo español: un montaje de Osama Bin Laden con la cara de Xavier Arzallus bajo el titular: "Javier Ben Arzallus quiere convocar un referéndum sobre si ETA debe desparecer".

Javier Ben Arzallus aparecía en su, ejem, escondrijo de las montañas afganas y, ¡ay!, armado hasta los dientes.

Y ahora recuerden algo muy importante: cada vez que alguien diga que el histriónico periodismo digital ha acabado con los viejos (y sobrios) buenos tiempos del periodismo en papel, repitan conmigo: JAVIER BEN ARZALLUS.

Animales de compañía

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