"El milenarismo va a llegar". Una teoría inesperada sobre el hundimiento de Arrabal

RTVE cuelga por fin el programa íntegro del 'arrabalazo'. O la noche en que el dramaturgo escuchó las trompetas del apocalipsis. La 'culpa' no fue del chinchón, sino de Sánchez Dragó. O algo

Foto: Arrabal, en su salsa.
Arrabal, en su salsa.
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Según los romanos, el fin del mundo fue en el 389 a.C. Según los mayas, el 21 de diciembre de 2012. Y según los españoles: el 5 de octubre de 1989. Pues bien: tengo malas noticias para ustedes: desde ese día, 5 de octubre de 1989, estamos todos muertos...

Muertos... de risa.

Un enloquecido Fernando Arrabal profetizó esa noche la llegada del milenarismo ante el estupor general.

25:07 minutos. Es lo que duraba hasta ahora la versión más larga en YouTube del 'arrabalazo'. Pero nuestro momento televisivo más hilarante merecía una versión íntegra, el montaje del director, y ahí está: el archivo de RTVE ha colgado el programa (‘El mundo por montera’) al completo: una hora, 23 minutos y 53 segundos de delirio. Oro puro. O en felices palabras del Sr. Sawa: nuestro 23-F neuronal.

No importa que usted haya visto en bucle las imágenes de Arrabal haciendo eses y diciendo sandeces, porque la cosa cobra ahora otra dimensión gracias al contexto. ¡Y menudo contexto! Fernando Sánchez Dragó y sus mariachis hablando en tono extremadamente grave de la irreversible llegada del apocalipsis… mientras Arrabal soplaba un matasuegras.

O la demostración definitiva de lo difícil que es hablar en serio mientras reina la chufla a tu alrededor. La paciencia titánica de unos contertulios que, cada vez que iban a hacer un sesudo comentario metafísico sobre el fin de los días, eran interrumpidos por un dramaturgo dadaísta enardecido.

He aquí una lección digna de Howard Hawks: la mejor comedia se alimenta del choque de contrarios: el fin del mundo versus Arrabal desvariando. El gran bajón contra el gran subidón. El yin y el yang de la cuchufleta. El alfa y el omega del astracán. Oh, yeah.

Dentro vídeo.

La noche de autos

Lo primero que vemos en pantalla es una palabra en sánscrito: kaliyuga, y luego a Sánchez Dragó explicando su significado: kaliyuga, la fase terminal del ciclo del universo, la etapa negra, la degeneración previa a la extinción de la especie humana. No obstante, Dragó no pretendía intimidar con profecías cenizas: “No se asusten: no queremos amargar la noche a nadie vaticinando catástrofes”, aseguró el presentador, antes de dar paso a unos contertulios convencidos de la inminente llegada de las siete plagas.

En todo buen sarao catastrofista, no puede faltar el mito de San Juan, al que le dio una ventolera en su destierro en la isla de Patmos: “Entregado al más despiadado ascetismo, tuvo varias visiones”, según Dragó. Tras escuchar una voz que sonaba a trompeta, TARARÍ, San Juan tuvo las espeluznantes revelaciones que plasmaría en el libro del Apocalipsis.

¿Cuándo se produjo el MOMENTO TROMPETA en el cerebro de Arrabal? La versión oficial —avalada por el dramaturgo— dice que tras beber chinchón pensando que era agua. No obstante, a esta hora de la mañana, estamos en condiciones de afirmar que la culpa de su comportamiento errático no fue del chinchón, sino de Fernando Sánchez Dragó.

Veamos. Llevaban transcurridos nueve minutos de programa cuando Dragó dio la palabra a Isidro Juan Palacios, escritor de la revista ‘Más allá’. “Isidro, tú has rastreado signos del apocalipsis en la época actual”, afirmó el presentador. Ahí se produjo la primera interrupción desconcertante de Arrabal, en un signo clamoroso del apocalipsis etílico que se venía encima.

Fue entonces (9:44 minutos) cuando se produjo el momento trompeta. Dragó intentó cortar a Arrabal por lo sano con esta frase: “Fernando, estamos en el turno inicial, luego ya haces lo que quieras”.

TARARÍ.

TARARIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIÍ.

El mensaje de la trompeta a Arrabal fue muy claro: luego haces lo que quieras.

¡Y vaya si lo hizo!

Una orden es una orden.

Faltaría más

Vi-vi-viva la fiesta. Tararí.

Justo antes de que Arrabal empezara a chiflar del todo, Isidro Juan Palacios aseguró que el número 666 estaba en todas partes, lo que solo podía significar que “la bestia anda suelta”, algo que a él “le preocupaba mucho”. Y más le iba a preocupar cuando la bestia (Arrabal) empezara a corretear por el plató interrumpiéndole y diciendo todo tipo de insensateces…

Varias interrupciones después, llegó el turno de palabra para Arrabal, vestido con una indescriptible chaquetita amarilla. Don Fernando arrancó como un tiro: “Estáis un poco borrachos todos”, espetó a los estupefactos contertulios, que debieron pensar al unísono: habló de putas la Tacones.

Y la cosa no hizo más que mejorar: “El apocalipsis son las elucubraciones de los descontentos y los soñadores… Yo represento a la minoría silenciosa… ¡Déjenme hablar!... Nosotros somos anarquistas divinos… Newton fue el hombre más inteligente de la humanidad… Yo diría incluso que más inteligente que Aristóteles, aunque no diría que más inteligente que yo”.

En dos palabras: a tope.

La ideología apocalíptica es la ideología de los pobres frente a los ricos

Y sí, esto es lo más hilado que dijo Arrabal en una noche más de titulares gordos que de narración coherente: “La ideología apocalíptica es la ideología de los pobres frente a los ricos”, aseguró más tarde.

El resto es historia.

Arrabal descalzo y sin calcetines. Arrabal con los pantalones remangados cual pololos. Arrabal sentado en la posición de la flor de loto (y haciendo unos estremecedores graznidos de grulla). Arrabal cayéndose de la silla y rodando por los suelos. Arrabal tumbado en la mesa. Arrabal, en definitiva, diciendo disparates sin ton ni son:

“No seas tan estrecho como una muñeca virgen”.

“Soy el representante de la minoría silenciosa, que es católica, fea y sentimental”.

“Todos los españoles están a favor de mí”.

“Soy el representante de Dios, de la Virgen María y de los apóstoles judíos”.

“VIVA EL JUDEOCRISTIANISMO” (a voces y ya derrotado y desplomado tras sus culebreos azarosos por plató).

Uno de los contertulios, por cierto, puso un broche de oro al programa con una cita de Stanislaw Lem (‘Solaris’): “No esperéis demasiado del juicio final”.

Moraleja

Si el fin del mundo es una conga gigante conducida por Fernando Arrabal, por favor, que llegue cuanto antes.

PD. Atentos a este discurso de Dragó durante el programa: “Fin de los tiempos, sí, pero también reino de los cielos. Posibilidad de una salvación definitiva, al menos para quien haya sabido merecerla. No es este un programa pesimista, sino todo lo contrario… Sospecho que se salvarán todos los seres preparados para dar el gran salto evolutivo hacia otro mundo, hacia otra dimensión, hacia otro estado de conciencia y de vida”. Pues bien: tres décadas después de estas palabras, ya sabemos el secreto del Dragó octogenario para saltar a otra dimensión y a otro estado de conciencia: hacerse de Vox.

Tenía razón Arrabal: el milenarismo ya ha llegado.

Muertos. Todos muertos. De risa.

Tararí.

Animales de compañía

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