¿Quién quemó el Windsor? Un libro profético sobre la gran conspiración

Todas las teorías alternativas sobre el rascacielos se han quedado cortas tras las nuevas revelaciones, pero una profecía cultural sí lo vio venir: la de la escritora Gabriela Cañas

Foto: El Windsor, en llamas. (EFE)
El Windsor, en llamas. (EFE)
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Del incendio del edificio Windsor —12 de febrero de 2005— se ha dicho de todo.

Que mientras estaba en llamas unos misteriosos señores entraron a llevarse documentos comprometedores. Que no eran unos señores, sino fantasmas, militares, viajeros en el tiempo... Que había un pequeño butrón en el sótano por el que podía haber entrado y salido un enano (en serio). Que había una puerta secreta de entrada al rascacielos. Iker Jiménez hizo un programa especial de radio en el que calentó la cabeza a todos los españoles.

Pues bien: nada de eso ha sido suficiente: ni a Iker Jiménez de tripi se le hubiera ocurrido el giro que ha pegado el asunto estos días: según 'Moncloa.com', cabría la posibilidad de que el incendio del Windsor fuera un trabajo del comisario Villarejo para achicharrar papeles que comprometían a Francisco González (FG), entonces presidente del BBVA. Villarejo y el Windsor. En efecto: éramos pocos y parió la abuela.

La gran humillación

El problema no es que la realidad supere a la ficción: es que tiende a humillarla. No hay trama por absurda que suene que no pueda haber pasado en España en los últimos 10 años. Por eso es bueno que la ficción eche una mano al periodismo de vez en cuando: para imaginar escenarios descabellados (pero posibles). Ahí es donde entra Gabriela Cañas, periodista y escritora, que en 2011 publicó una novela —‘Torres de fuego’— donde imaginaba cosas sobre el incendio del Windsor bastante parecidas a las publicadas esta semana: que un gran empresario podía haber encargado la destrucción de ciertos papeles del Windsor.

En 2015, coincidiendo con el décimo aniversario del incendio, Cañas publicó un artículo en ‘El País’ donde bajó a tierra las fantasías de su novela:

Portada de la novela.
Portada de la novela.

La realidad es a veces tan inverosímil que sé de escritores que cambian datos de lo sucedido para que sus novelas no resulten poco creíbles. Las circunstancias del incendio de la torre Windsor son tan reales como increíbles, a pesar de lo cual las utilicé para escribir mi primera novela, ‘Torres de fuego’, en la que la realidad no exigía grandes dosis de imaginación... En 2005, Francisco González, al frente del BBVA, era ya uno de los banqueros más importantes de Europa tras una carrera meteórica que, años antes, había incluido la venta de su sociedad FG Valores a Merrill Lynch. Pues bien, la Fiscalía Anticorrupción, que llevaba tiempo investigando esa transacción por una denuncia de la CNMV, pidió la base documental de las auditorías de FG Valores, para analizarlas. ¿Saben cuándo llegó esa petición a la auditora? Exactamente, el día anterior del incendio. ¿Quién era la auditora? Deloitte, cuyas oficinas estaban justamente en la torre Windsor. ¿Cuál fue el resultado del incendio? La pérdida irremediable de esos documentos. Hay quien opina que las casualidades no existen. Otros, que todo es, sin embargo, fruto de ellas”.

Tal cual.

“El otro día alguien me dijo: parece que tienes una bola de cristal, pero es que todo esto lo había publicado antes la prensa”, cuenta Gabriela Cañas a El Confidencial. Hablamos con ella.

PREGUNTA. ¿Dónde estaba usted cuando ardió el Windsor?

RESPUESTA. De corresponsal en Bruselas. Lo seguí desde fuera. Leía los periódicos, ligaba una cosa con otra y pensaba: esto es dinamita pura. Pero, claro, era indemostrable: lo único que podía hacer con ello era una ficción.

P. Supongo que se imaginó todo tipo de escenarios antes de escribir la novela.

R. El núcleo de la novela es el incendio del Windsor, que no podía ser un escenario más espectacular. Lo que hice antes de ponerme a escribir fue leer mucho la prensa, hablar mucho con Jesús Duva [periodista de ‘El País’ que siguió el caso] y consultar la sentencia, que decía que probablemente había dos personas dentro de la torre cuando empezó el incendio, pero que no era relevante para la investigación. Relevante o no, la presencia de esas dos personas permitía mantener viva la hipótesis de que hubiera pasado algo más de lo que sabíamos. A lo mejor no fue un accidente, pensé, y ahí se me disparó la imaginación.

P. Y creó usted el personaje del avieso empresario que recuerda a alguien…

Lo que sostiene la novela es que alguien incendió intencionadamente el edificio para destruir unos papeles

R. Evidentemente, el personaje de mi novela no es Francisco González, pero sí un empresario corrupto que quema la torre a través de un tercero. Lo que sí sostiene la novela es que alguien incendió intencionadamente el edificio para destruir unos papeles.

P. Pero sí tenía en mente a Francisco González cuando se puso a escribir.

R. Sí, sí, claramente. Tenía en mente todo lo relacionado con Francisco González y la Fiscalía Anticorrupción. En la novela aparece un periodista que dice algo así como: “Todo esto ya estaba publicado, solo había que enlazar unas cosas con otras”. A veces, los árboles no nos dejan ver el bosque.

P. Es que lo del Windsor ha tenido muchas ramificaciones y folclore derivado: se ha tendido a la dispersión.

Cuando el juez concluyó que probablemente había dos tipos dentro del Windsor mientras ardía el edificio, pasó bastante desapercibido

R. Todo estaba en la prensa, pero el interés informativo fue decayendo: cuando el juez concluyó que probablemente había dos tipos dentro del Windsor mientras ardía el edificio, pasó bastante desapercibido.

P. Publicó luego un artículo en ‘El País’ donde puso el dedo en la llaga…

R. No es tanto que demostrara nada como que aclaraba la inspiración para la novela. Yo no puedo acusar a Francisco González de nada, pero sí subrayar todas esas coincidencias.

P. Visto lo publicado esta semana, es inevitable pensar en Villarejo como figura literaria monstruosa: el genio del mal que está en todas partes. ¿Qué fue lo primero que se le pasó por la cabeza tras conocer el vínculo Villarejo-Francisco González-Windsor?

R. En realidad, mi primera reacción se produjo antes de la publicación del artículo concreto de 'Moncloa.com', hace semanas, cuando empezaron a salir informaciones sobre los encargos del BBVA a Villarejo. Fue entonces cuando se me vino al Windsor a la cabeza y pensé: 'Y sí…'. Lo comenté con familiares y amigos. ¡Ostras! ¡A ver si resulta que mis conjeturas son ciertas! En España hay personajes así, hay sucesos así y hay tramas así. Para eso está la ficción.

PD. Como resumió magistralmente Mariano Rajoy: "Todo esto es falso, salvo alguna cosa".

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