Iván Redondo se hace el harakiri
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Carlos Prieto

Animales de compañía

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Iván Redondo se hace el harakiri

Espectáculo televisivo paradójico: Jordi Évole no logra sacarle ni un titular a Redondo, pero el exmandarín de Sánchez queda retratado por exceso de cháchara vacía y grandilocuente

Foto: Iván Redondo, en la 'war room' de Évole. (La Sexta)
Iván Redondo, en la 'war room' de Évole. (La Sexta)

Iván Redondo resucitó a Sánchez. Iván Redondo tumbó a Rajoy. Iván Redondo se adelanta al futuro. Iván Redondo maneja la estrategia política a tal velocidad que Kissinger es un paleto a su lado...

He aquí un mito hinchado a conciencia entre todos: los redondistas veían en él al gurú, y los anti-redondistas exageraban sus poderes para atacarle. Todos contentos. Redondo también.

Pero Sánchez purgó por sorpresa a Redondo, y pasado el verano, el exfontanero mayor del reino decidió someterse al confesionario de Jordi Évole.

Pues bien: por la puerta de Évole entró el mito que movía los hilos y salió un señor flipado de Donosti. El mayor consejero español desde Séneca ha resultado tener la cabeza más llena de serrín de lo previsto...

El hundimiento

Lo increíble es que Redondo se inmoló solo ante el estupor general, quizá también el de Évole, al que se vio visiblemente incómodo (cuando no molesto) por la capacidad de Redondo para no contestar nada (peor que el político más atrincherado), no admitir casi ni el más mínimo exceso, enfangar la realidad, irse por las ramas y soltar 'bullshit' grimoso sin parar: lo peor no fue que utilizara expresiones como 'in my opinion', sino la de veces que dijo: "Esto no lo he contado nunca antes"... para proceder a no contar absolutamente nada.

"Por la puerta de Évole entró el mito que movía los hilos y salió un señor flipado de Donosti"

Pero pese a que la entrevista pudo embarrancar, Évole acabó desnudando al mandarín sin necesidad de rascarle una sola verdad comprometedora: el monólogo de Redondo desbarró por sí mismo.

El lenguaje no verbal de Évole anticipó la incomodidad/bochorno que sentimos muchos anoche. El gurú era un tecnócrata con ínfulas.

Pero la paradoja de la entrevista que pudo ser el tostón del año, y acabó perfilando al entrevistado de un modo inmisericorde, no fue la más gorda: el mayor genio de la comunicación política de España planifica una estrategia para sí mismo... y se hace el harakiri.

Moraleja: cuando la persona de la que más te fías es el calcetín megalómano de tu mano derecha, malo.

Iván Redondo Jordi Évole Comunicación política