HUMOR Y SÁTIRA EN 'EL ROCK Y YO'

"¡Que se vayan a la mierda todos los músicos!"

¿Qué ocurre si un dibujante mordaz se mete en una gira con un grupo de rock? Este es el resultado

Foto: Primera página de 'El Rock y Yo', de Joe Sacco.
Primera página de 'El Rock y Yo', de Joe Sacco.

“Siento un rencor secreto hacia mis amigos músicos. La verdad es que su talento y su fama me ponen enfermo. Bueno, quizás esté un poco celoso. Quizás porque yo estoy encadenado a mi mesa de dibujo durante meses, durante años, mientras ellos siempre están “de gira” o “ensayando”, o dedicados a actividades sospechosas que incluyen consumo de drogas prohibidas y chicas menores de edad… En cualquier caso, nada que contribuya al desarrollo de la civilización occidental, Así que decidí que la última palabra iba a ser la mía: estudiaría a esos músicos y su mundo enrollado y depravado, sacando provecho de mis conocimientos para destruirlos”.

Este fragmento del prólogo es una perfecta presentación de lo que deparan los dibujos de 'El Rock y Yo' (La Cúpula), un cómic ideado por el dibujante maltés Joe Sacco, quien giró con un grupo de Los Ángeles en los noventa -en plena efervescencia del sonido de Hollywood- y aborda los temas, dudas y situaciones que les envuelven, diseñado desde un enfoque irónico, quizás también con algo de “celos”, como el propio Sacco reconoce. Resulta curioso el resultado de ver cómo un artista ve a otros artistas.

 

El humor y la sátira estiran circunstancias a los que un grupo de rock se suele enfrentar en su vida diaria con escenas que, aún en la actualidad, envuelven a determinados grupos… Eso sí, por lo general, hoy en día todo se ha 'profesionalizado' más y no se suele mezclar al tuntún sexo con música, alcohol o drogas, todo suele estar más ordenado y cada momento tiene su espacio.

Se pueden extraer diferentes escenas para retratar las preocupaciones que rodean a una banda. Como en cualquier gremio, siempre hay excepciones, pero hay alguna situación que define a determinados músicos, quienes, en ocasiones, dibujan la burbuja en la que viven. Una de ellas es cuando pasan por Roma y el dibujante, con tiempo libre, pide a un miembro del grupo ir a ver el Panteón, sin embargo, en ese momento el músico lo único que tiene es hambre y ni mucho menos tiene entre sus prioridades visitar una ciudad plagada de historia en una oportunidad casi única para él. Sus inquietudes parecen no obedecer al espacio donde está, sino que coincide con las mismas que cuando está en su ciudad natal: tocar, comer, sexo... Un artista es, por lo general, inquieto por naturaleza y, tal vez, este ejemplo sirve para saber diferenciar al músico profesional del artista (el ejemplo no tiene por qué ser representativo de la mayoría).

El mordaz libro, en el que también se incluyen encuentros y desencuentros con los Rolling Stones, termina con una divertida conclusión de Joe Sacco (no es spoiler) que ayuda a comprender el lenguaje utilizado a lo largo de los dibujos y bocadillos: “El mayor error que puede cometer un ilustrador de rock es trabajar para sus “amigos”. Es lo que me ocurrió con este cartel de los Cave Mannish Boy que hice para complacer a unos colegas cuando tocaron en Halloween. A esas alturas de mi carrera, estimado lector, yo ya era un dibujante famoso, reconocido internacionalmente y con buenos ingresos. Así que rechacé generosamente los 50 dólares que me ofrecían por la ilustración… ¡y entonces descubrí que ni siquiera estaba en la lista de invitados! ¡Tuve que pagarme la entrada! ¡Y el cantante -maldito cabrón- ni siquiera me invitó a un trago! Ese fue, querido lector, el último dibujo que hice para un grupo de rock. ¡Que se vayan a la mierda todos los músicos! ¡Incluido Beethoven!”.

Exageraciones que sacan más de una carcajada... unas imágenes valen más que mil palabras:

 

 

 

 

 

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