'Hillbilly', el libro más conmovedor del año aclara la gran tragedia americana (y a Trump)

'Hillbilly' llega por fin a España: una historia real y aterradora sobre la pobreza, las familias desestructuradas, las adicciones y la violencia entre los blancos de Estados Unidos

Foto: Detalle de la portada de Hillbilly. (Deusto)
Detalle de la portada de Hillbilly. (Deusto)

'Hilbillly, una elegía rural', de J.D. Vance (Deusto), es el libro que más me ha conmovido en mucho tiempo. Es una historia real y aterradora sobre la pobreza, las familias desestructuradas, las adicciones, la violencia, un sistema económico averiado y también, y esta es la parte más polémica del libro, una crítica a ciertas maneras de vivir que condenan a los niños a perpetuar un modelo social espantoso. Y explica de alguna forma la victoria de Trump aunque con matices.

Vance procede de una familia de 'hillbillies' de los montes Apalaches. Por traducirlo rápido y mal, son paletos blancos del este de Estados Unidos, de una zona montañosa y rural (abarca partes de Kentucky, Tennessee, Virginia, West Virginia y Carolina del Norte, entre otras), que tiene un largo historial de precariedad y en ocasiones ha sido vista como un emblema del espíritu indómito de los primeros pobladores blancos de Estados Unidos y, a veces, su mayor vergüenza.

Sus abuelos se casaron siendo adolescentes porque ella se quedó embarazada en los años cuarenta, pero tuvieron cierta suerte histórica: se largaron de su pueblo de Kentucky y encontraron una vida razonable en Ohio.

En Kentucky, vivían en casuchas, era habitual que los padres abandonaran a sus hijos y quien más quien menos iba armado y tenía un disparatado código del honor (una vez, por ejemplo, un hermano de la abuela de Vance oyó decir a un tipo que le encantaría comerse las bragas de su hermana; ni corto ni perezoso, se fue a casa, cogió unas bragas y se las hizo tragar a punta de pistola).

Un hermano de la abuela de Vance oyó que un tipo quería comerse las bragas de su hermana; fue a casa, cogió unas bragas y se las hizo tragar

En Ohio, la nueva y pujante industria del acero daba un montón de puestos de trabajo bien pagados, y aunque tuvieron problemas para adaptarse a una vida más urbana, con horarios y obligaciones, alcanzaron una respetable vida de clase media industrial.

'Hillbilly'
'Hillbilly'

Por supuesto, no dejaron atrás del todo su cultura original, y fueron durante mucho tiempo orgullosos 'hillbillies' pendencieros y bebedores, que criaban animales en su casa, para espanto de los habitantes locales más refinados. Pero en gran medida habían alcanzado una tranquilidad y un bienestar novedosos entre los suyos: tenían un sueldo en una fábrica paternalista, una casa amplia, servicios públicos y un partido político -primero el demócrata, luego, cuando sintieron que la izquierda les traicionaba, en los años setenta, el republicano- que les daban bienestar y un cierto orgullo de pertenencia.

El retroceso

Pero la madre de Vance, y muchos de su generación, no siguieron con este camino ascendente. Era una buena mujer, pero eligió a parejas violentas e irresponsables con tendencia a desaparecer a la primera de cambio; se hizo adicta a la droga y crió a sus hijos de tal manera que estos le cuidaban a ella, y no al revés (hasta el punto de que el niño, en una ocasión, tuvo que orinar para un análisis en el lugar de su madre porque si se encontraban rastros de droga -y su madre se drogaba-, esta perdería el trabajo). Su padre desapareció de su vida durante años, y cuando reapareció era un fanático cristiano muy bienintencionado pero estrecho de miras. Una de las historias más conmovedoras del libro es cómo la abuela de Vance, una mujer en sí misma muy bruta y violenta, le cuidó, le salvó de los errores de su madre y le inculcó, de una manera tierna y estrambótica, la necesidad de estudiar y trabajar.

Fon F. Sánchez. Washington. EEUUFon F. Sánchez. Washington. EEUU

Vance, un niño regordete, listo pero inconstante, atribulado por un entorno caótico que la mayoría de nosotros no sabríamos manejar ni de adultos, salió adelante. Él mismo reconoce que no fue solo por talento, sino porque un puñado de personas le ayudaron, algunas instituciones sabían que había gente como él y supieron encaminarle -entre ellas, el ejército y las universidades- y al final el amor -de sus abuelos, de su hermana, de su mujer- le redimieron.

Siendo niño las fábricas de acero empezaron a deslocalizarse y a despedir a la gente, dejándola sin ninguna esperanza económica

Pero fue un camino espantoso, y solo por un milagro no acabó él mismo repitiendo la vida que veía en su entorno. Además, todo iba a peor porque siendo niño las fábricas de acero empezaron a deslocalizarse y a despedir a la gente, dejándola sin ninguna esperanza económica, lo que hacía que se repitieran y agravaran las peores actitudes: las peleas constantes en los matrimonios, la dejadez con los hijos, la tendencia a endeudarse para comprar estupideces, la incapacidad para cumplir con las obligaciones de los estudios y el trabajo, las drogas y el alcohol. Vance siempre estuvo en el filo de la navaja, pero al final prosperó de una manera inédita en su comunidad.

¿La culpa es tuya o del Gobierno?

Y aquí viene la parte polémica, que ha desatado una gran discusión entre la derecha y la izquierda estadounidenses (el libro lleva meses en la lista de los más vendidos). Vance es un conservador. Está convencido de que el gobierno puede hacer mucho por la gente como él. Cree que algunos planes para acabar con la pobreza y las familias disfuncionales están mal diseñados porque los impulsan académicos y funcionarios que no tienen ni idea de lo que es ser pobre, pero a pesar de ello confía en que la administración pública tiene un papel en la mejora de su vida. Pero al mismo tiempo, está convencido de que el problema de su comunidad es cultural, de hábitos, de valores. Quizá una buena intervención gubernamental pueda aliviar todos estos problemas, pero los destinos de los individuos van más allá. Si tienes hijos, no te drogues, o hazlo de manera que no les afecte. Si quieres ser libre, no dependas de la bondad de las instituciones. Cumple tu palabra y compórtate como un adulto responsable.

Vance es conservador: cree que el Gobierno puede hacer mucho pero a la vez está convencido de que el problema de los suyos es de valores

En definitiva: quizá el gobierno y la globalización, que dejó sin trabajo a mucha gente en el otrora próspero Ohio, tengan parte de culpa en que la gente de Vance, el clan de los hillbillies, lo pasen mal, pero para él está claro que los responsables son ellos mismos: si ellos no cambian su vida, nadie podrá hacerlo. Si eres un vago y no te presentas a trabajar, no culpes a Obama de tus desgracias (el libro se publicó en Estados Unidos en el último tramo de su presidencia).

'Hillbilly, una elegía rural' ha sido presentado como una radiografía de la situación social de un grupo de gente -blancos, empobrecidos, sin estudios, machistas y reaccionarios- que ha permitido el triunfo de Trump. Algo de eso hay: con algunas excepciones, los 'hillbillies' que pasan por el libro desdeñan a los políticos tradicionales, no creen en las instituciones, y piensan que nadie, y mucho menos un político o un empollón con título universitario, tiene derecho a decirles qué vida deben llevar (a pesar de las recomendaciones de los expertos, por ejemplo, beben tantos refrescos que las enfermedades de la boca son una pandemia). Hay en ellos algo asombroso: su primer orgullo es su libertad, aunque sea la libertad para arruinarse la vida. Las bravuconadas son como el country o la comida basura: un rasgo de carácter.

Su primer orgullo es su libertad, aunque sea la libertad para arruinarse la vida. Las bravuconadas son como el country o la comida basura

Pero más allá de las últimas elecciones estadounidenses y el creciente clima de recelo hacia las élites tradicionales, estas memorias afectuosas, desgarradoras y a veces exasperantes -los protagonistas del libro, y singularmente la madre de Vance, toman tantas malas decisiones que uno puede llegar a llorar- hace pensar en cuestiones que van más allá del contexto político y económico actual. ¿En qué consiste vivir bien, en seguir tus instintos más básicos o en renunciar a ellos? ¿Hasta qué punto tiene derecho el gobierno a entrometerse en la vida de una gente que no quiere intromisiones? ¿Puede ser la religión un elemento que cohesione a las comunidades y erradique sus peores tendencias?

El libro de Vance se podría leer como la enésima historia de un hombre que se superpuso a las adversidades y logró el sueño americano. Es, en parte, eso. Pero no es autoayuda ni autobombo. Es un retrato de gente vapuleada por la historia que no ha sabido cambiar de vida para sobreponerse, ni que sea un poco, a esa devastación. Y, en términos más generales, un inmenso interrogante sobre hasta qué punto somos dueños de nuestro destino, en los Apalaches o en cualquier otro lugar.

(Full disclosure: soy el autor de la traducción al castellano.)

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