¿Qué ha sido de nosotros? Nacidos en los 70, la década que empezó mal

La cultura de la época reflejó perfectamente la desilusión de tantos que nacimos en ella, y ahora un puñado de nuevas series y libros vuelven a interesarnos por aquellos sombríos años

Foto: Imagen de 'The Deuce', la nueva serie de David Simon, el creador de 'The wire'
Imagen de 'The Deuce', la nueva serie de David Simon, el creador de 'The wire'

Quienes nacimos en los años setenta ya ocupamos esa posición -a veces cómoda, a veces no- de generación intermedia entre los viejos y los jóvenes. Una parte de nosotros ya está plenamente insertada en el sistema periodístico y cultural, pero nadie le culpa todavía de los muchos defectos del sistema. No tardará en ocurrir. Pero el impacto de esta posición ya es perfectamente visible.

Una de las cosas que me hacen pensar así es que la década de los setenta está volviendo a ocupar un lugar importante en la representación y la discusión sobre el pasado, sea porque ahora la gente nacida en los setenta tiene poder para rescatar aquellos tiempos o porque somos un grupo demográfico atractivo como consumidores de esos productos.

El fin de la ilusión

Los años sesenta terminaron mal: toda la ilusión política desarrollada a lo largo de esa década de hippies, revueltas izquierdistas y enfrentamiento generacional degeneró en muchos países en la aparición de grupos terroristas (como en España, Italia, Estados Unidos o Alemania) o en la nada más absoluta (para algunos en algo peor que la nada: el fracaso de esas rebeldías acabó reforzando el capitalismo en Europa Occidental y Estados Unidos). Además, la entrada en los años setenta significó el final de la época con más crecimiento económico de la historia de la humanidad, los veinticinco años posteriores, más o menos, a la Segunda Guerra Mundial, en los que cada vez más jóvenes iban a la universidad, cada vez más gente engrosaba la clase media y el PIB crecía en muchos países a un ritmo sin precedentes.

Después de décadas de prosperidad y de una cierta esperanza, todo acabó mal. El caso de España es un poco distinto y más complicado

Pero todo eso se acabó en los setenta. La economía se estancó. Se rompió el sistema monetario que regía desde la Segunda Guerra Mundial, el pacto llamado Bretton Woods. Y en 1973 los países productores de petróleo declararon un boicot contra quienes habían apoyado a Israel en la guerra de Yom Kippur. El precio del petróleo se multiplicó por cuatro y la inflación llegó a extremos disparatados. Después de décadas de prosperidad y de una cierta esperanza, todo acabó mal. El caso de España es un poco distinto y más complicado (volveré a él más abajo).

La cultura de la época reflejó perfectamente esta nueva situación, y ahora parece que volvemos a interesarnos en ello o a recrearlo. HBO España acaba de estrenar 'The Deuce', una serie de David Simon (creador de 'The Wire') sobre la industria del sexo y el porno en la Nueva York de los años setenta, que presenta la ciudad como un lugar sucio, violento, con mujeres que tratan de huir de la explotación sexual y hombres que se resisten a perder su dominio o quieren reinventarlo. Casi todo es cochambroso y violento, y lo que no lo es, es de mal gusto y vulgar. Era la época en que Nueva York estaba comida, además de por las ratas, por las deudas cuando el presidente Gerald Ford rechazó la petición del alcalde de que el gobierno estadounidense rescatara financieramente a la ciudad. El New York Daily News, un periódico sensacionalista, tituló en portada: 'Ford al ayuntamiento: moríos'. 'La gran estafa americana', de David O. Russell, hacía un retrato igualmente crudo de la América hortera y tramposa de los setenta.

En España, en este año de aniversario de la eclosión punk de los setenta, Libros Crudos ha recuperado 'Por favor mátame: la historia oral del punk', de Legs McNeil y Gillian McCain, Penguin ha hecho lo mismo con 'England’s Dreaming: Sex Pistols y el punk rock,' de Jon Savage, y Anagrama ha publicado 'Ropa música chicos', de Viv Albertine, una de las protagonistas de la vorágine punk londinense. Son historias a veces endiabladamente divertidas y a veces de un nihilismo que pone los pelos de punta: el rechazo al buenismo de los hippies y a la cultura de los sesenta, que muchos de sus protagonistas identificaban con una esperanza estúpida, desemboca en unos excesos que en buena medida reflejan la sensación de que el mundo se ha ido a la mierda y de que “no hay futuro”. Aunque mientras todo acaba, al menos divirtámonos y hagamos todos los destrozos posibles.

'Por favor, mátame'
'Por favor, mátame'

El pasado fin de semana, Tim Harford, el economista nacido en 1973 que se hizo célebre con el bestseller 'El economista camuflado' (Debolsillo), publicaba un artículo en el Financial Times en el que se preguntaba si la Gran Bretaña postbrexit sería un lugar lúgubre y empobrecido como en los setenta, cuando el Fondo Monetario Internacional rescató a su país mientras él andaba en pañales. Recordaba la sensación de que todo se iba al cuerno y que quizá lo mejor fuera emigrar. Es un diagnóstico que “tiene profundas resonancias hoy”, reconocía Harford. Y quizá no solo para Gran Bretaña.

Decadencia y muerte del franquismo

En España, por supuesto, los setenta fueron los años de la decadencia y muerte de Franco, la elaboración de la Constitución y la Transición hacia la democracia. Desde entonces, se han publicado miles de libros sobre el tema (en contra de lo que se dice a veces, la Transición fue cualquier cosa menos un pacto silencioso). Pero lo que me importa aquí es que una parte importante de mi generación ha decidido que su misión, ahora mismo, consiste en llevar a cabo una revisión histórica de los años setenta españoles y de esa transición y considerarlas, frente a triunfalismos previos, un fracaso. No son los primeros en hacerlo, por supuesto, pero creo que una parte de los nacidos en los setenta, con toda legitimidad, quiere volver a esa época, matar al abuelo -Suárez, Carrillo y los padres de la constitución- para ver si hay suerte y no nace luego el padre, el PSOE de Felipe González. Parecen creer que, ahora que por fin se nos escucha, es el momento de decirle al mundo que nuestros antecesores lo hicieron mal y que nosotros -o una parte muy restringida de nosotros- lo habríamos hecho bien. Le pasa a todas las generaciones. “No sé qué quiero, pero sé cómo conseguirlo”, decían los Sex Pistols.

Loquillo nos preguntó, desde el título de su célebre disco, '¿Dónde estabas tú en el 77?' Muchos estábamos naciendo. Otros estaban intentando construir una democracia. Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos.

El erizo y el zorro
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