El espacio exterior vuelve a molar

'Atrapa la bandera', el nuevo trabajo de los responsables de Tadeo Jones, se inscribe en un revival de la era espacial y supone el despegue de la animación española

Foto: El espacio exterior vuelve a molar

¿Es cierto que Atrapa la bandera es, por fin, una peli de dibujos animados españoles que puede plantarle cara a Pixar?

Bueno, sí y no. Es cierto que el director Enrique Gato y su equipo han dado un pequeño paso para ellos, pero un gran paso para esa animación española que asomó la cabeza (y cómo) en taquilla con Las aventuras de Tadeo Jones. Hay un trabajo de texturas, una fluidez de movimientos y un hambre de gran espectáculo que les permite poder sacar pecho con todo un blockbuster, en lugar de con su parodia bienintencionada (porque Tadeo, en el fondo, era eso). Sin embargo, Atrapa la bandera vuelve a quedarse coja en el diseño de personajes y, sobre todo, en el plano narrativo.

¿Hay muchos agujeros argumentales?

No, no es tanto eso como una desidia manifiesta en el departamento de guion. Gato afirma haberse fijado en la ética de trabajo de Pixar, luego sabrá que allí son capaces de congelar una producción (e incluso repensarla de cero) cada vez que detectan cualquier problema interno en la historia que quieren contar. Atrapa la bandera está tan llena de soluciones patilleras, casualidades y trampas de guionista que uno tiende a pensar que sus artífices no han puesto el empeño suficiente en la historia porque, bueno, esto es para niños... Sin embargo, su sustrato temático es tan poderoso que, posiblemente, muchos espectadores le perdonarán sus desmanes de fontanería argumental.

¿Cuál es ese sustrato? ¿La nostalgia de la carrera espacial?

Exacto. En los últimos años han triunfado algunas películas que recuperan el optimismo de la era espacial, postulándolo como inspiración para tiempos difíciles: recordemos lo que hicimos entonces, recordemos de lo que es capaz el espíritu humano. Gravity utilizaba la infinitud del espacio exterior como combustible para un renacer espiritual, mientras que Interstellar consideraba el regreso a las estrellas como única opción para salvar a una humanidad moribunda.

La película de Christopher Nolan se abría, como es habitual en él, con una imagen-compendio de sus intenciones: una maqueta del Apollo XI cubierta de polvo. Interstellar es la obra de un hijo de la era espacial que mira a su alrededor y sólo ve a gente demasiado pendiente de mirar hacia abajo, hacia la pantalla de su móvil, como para recordar ese momento trascendental en el que todos decidimos mirar hacia arriba.

¿Pero el Apollo XI no fue, en el fondo, un triunfo esencialmente norteamericano? ¿Una forma más de demostrarle a los rusos quién mandaba?

Sí, y eso es algo con lo que Atrapa la bandera tiene problemas: sus héroes recalcan una y otra vez que los astronautas plantaron la bandera de Estados Unidos allí en nombre de toda la humanidad, pero sigue siendo la bandera de Estados Unidos. No obstante, hay un elemento mucho más universal en la era espacial, uno que conecta especialmente con los espectadores actuales: fue un triunfo de la innovación científica, de nuestro anhelo esencial por descubrir y conquistar la nueva frontera.

En Interstellar, la hija de Matthew McConaughey se mete en problemas en el colegio por defender a la NASA frente a su profesora, pues el planeta ha tirado la toalla de tal manera que ha llegado a reescribir los libros de historia: ahora no se puede enseñar a los niños que una vez fuimos a la Luna, pues eso sería darles falsas esperanzas. Atrapa la bandera recupera la leyenda urbana del montaje (dirigido por Stanley Kubrick, nada menos) para hacerla formar parte del plan del villano. En el fondo, se trata de superar la etapa de descreimiento con respecto a nuestros propios logros, algo que ya hizo Elegidos para la gloria hace más de treinta años.

Oh, ya: la mamá de todas las películas sobre astronautas.

Más bien, de nuestra idea del astronauta moderno, concebido como un pionero de la nueva frontera que debe luchar contra fuerzas burocráticas y estrechas de miras. La secuencia más popular (e imitada) de la película de Philip Kaufman es la de los héroes de la misión caminando a cámara lenta hacia su glorioso destino... que resulta ser una rueda de prensa. La política y las relaciones públicas siempre van a pretender que el heroísmo se siente en la parte de atrás, pero si algo nos enseñó Steve Jobs es que la historia suele premiar a los intrépidos, a los que se arriesgan a pensar de otra manera.

¿Así que de eso trata este revival de la carrera espacial? ¿De honrar a los héroes de la ciencia en un presente enamorado de los avances tecnológicos?

Es muy posible que sí. Hay una línea recta entre Chuck Yeager, esa figura mítica del imaginario norteamericano que Sam Shepard interpretó en Elegidos para la gloria, y el niño protagonista de Atrapa la bandera. Los dos comparten un deseo de ir más allá en nombre de la ciencia, ya sea enfrentándose “al demonio que vive en el aire más allá de Match 1” (las palabras de Yeager, tal como las recogió Tom Wolfe) o llegando a la Luna antes de que un villano con voz de Dani Rovira arranque la bandera que plantamos allí en 1969.

Y hay un tercer héroe espacial de la ciencia a punto de llegar a los cines: el protagonista de Marte, la esperada adaptación de la novela El marciano, de Andy Weir. Interpretado por Matt Damon, este Gary Cooper para tiempos Apple deberá aprender a gestionar sus recursos limitados si quiere sobrevivir meses en la superficie del planeta rojo. El ingenio, la obstinación y las ansias por mejorar son lo que nos llevaron a alcanzar las estrellas en primer lugar, parece decirnos este revival de la era espacial. No nos olvidemos de ello, y quizá aún tengamos una oportunidad como especie.

La minipimer
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