El fascista, el rojo y el bueno: ¿leer por placer o por disciplina política?

Volver a los lectores sería el sueño de muchos autores olvidados, que deben contar con el apoyo de críticos y escritores, pero también esquivar las reticencias que su pasado puede suscitar

Foto: Detalle de un cartel franquista.
Detalle de un cartel franquista.

¿Quién no tiene un fascista favorito? Andaba yo entre fascistas españoles, viendo a quién podía salvar, cuando entré en este coqueto periódico que me acoge la prosa y vi una entrevista de Víctor Lenore a David Becerra Mayor, que acaba de publicar casi subrepticiamente 'El realismo social en España. Historia de un olvido' (Quodlibet). Entreveré su lectura con la del libro que me ocupaba la compasión y concluí que no había tiempo material para reparar tanto olvido, ni necesidad alguna de olvidar a nadie, pues en literatura es casi connatural quedar en nada, achicarse con el tiempo.

El mismo libro que leía llevaba treinta años publicado, y ni ocasión había tenido de olvidarlo. Se trata de 'Literatura fascista española' (Akal, 1986), reeditado en 2005 como 'Historia de la literatura fascista española', dos volúmenes, uno con 800 páginas de fascistas y otro con 1200 páginas de textos fascistas. Era viernes noche y yo también sé divertirme.

Julio Rodríguez Puértolas (Madrid, 1936) fue el arrojado artífice de esta monumental disección de las cloacas de nuestra cultura, que levantó alguna polémica en el momento de publicarse. El hecho de que yo no haya sabido de su existencia hasta este 2017 a lo mejor es sólo un volatín más de la ironía.

Olvidar

'El olvido que seremos' debería figurar enmarcado en el testero de cualquier habitación donde alguien se siente a escribir libros. Las palabras de Borges (reiteradas por la novela de Héctor Abad Faciolince) muestran el infausto destino de toda obra literaria. Es tal la masacre, tal el exterminio, que los autores vivos muchas veces promovemos la revisión de la obra de algún escritor muerto, no canónico, con la esperanza de que alguien en el futuro haga lo mismo con nosotros. Por no abundar en lo obvio: hay novelas maravillosas completamente olvidadas.

'El realismo social en España'
'El realismo social en España'

David Becerra Mayor y su 'El realismo social en España' viene a desarrollar una reclamación de este tipo que ya figuraba en 'Manual de literatura para caníbales', de Rafael Reig, y en declaraciones y artículos de unos cuantos autores de hoy: ¿por qué no se da más importancia en los manuales de literatura a las obras de Armando López Salinas o Antonio Ferres?, ¿por qué no se reeditan convenientemente?

La tesis de Becerra Mayor es, sin embargo, demencial: resulta que toda la crítica española, todos los editores y, seguramente, casi todos los escritores han decidido ningunear 'La mina', 'La zanja' o 'La piqueta' porque su lectura nos llevaría a repensar críticamente el presente y acabaríamos haciendo la revolución (soy consciente de la caricatura). Parece más lógico maliciar que los lectores de hoy no se sienten muy llamados a leer una novela titulada 'La mina', y luego otra titulada 'La zanja' y luego otra más titulada 'La piqueta', qué quieren que les diga.

La tesis de Becerra es demencial: resulta que la crítica ningunea la literatura social porque su lectura nos llevaría a hacer la revolución

También se me antoja más que probable que estas novelas apegadas a un tiempo y a un conflicto hayan quedado hoy desfasadas, momificadas en un gesto de denuncia, y que su lectura postrera sólo pueda ser académica o, si acaso, penitencial. Y quizá es mucho pedir a los lectores actuales que lean una novela no por placer, sino por disciplina política.

Un dilema que podría planteársele a Becerra Mayor sería éste: si se recuperara con enorme éxito una novela de Antonio Ferres pero no fuera una novela social, sino una de esas obras experimentales que escribió bajo el influjo del LSD, ¿sería ésta una reparación justa, o tampoco?

Otro dilema: si la crítica (así en general y con sede social en tal calle de Madrid) conspira contra la novela social de los años 50, ¿por qué no ha hecho lo mismo con la poesía social, de cuyo autor más representativo, Blas de Otero, se publicó hace nada 'Obra completa' (Galaxia Gutenberg), título que esa misma crítica confabulada incluyó entre lo más destacado del año?

Última pregunta: ¿no están escribiendo Marta Sanz o Javier Pérez Andújar o Elvira Navarro (incluso Antonio Orejudo con 'Los cinco y yo') “realismo social” en nuestros días con notable acogida mediática y comercial?

Fascistas

La 'Literatura fascista española' de Rodríguez Puértolas, como supondrán, no busca revertir la preterición de aquellos autores que se adhirieron al régimen franquista. Si Becerra Mayor pide en su ensayo no olvidar, Rodríguez Puértolas solicita no olvidar olvidar. Su libro, sí, se propone como un censo de canallas, una lista negra, las páginas amarillas de la misera intelectual de un país.

'Historia de la literatura fascista'
'Historia de la literatura fascista'

'Literatura fascista española' tiene un interés colosal, y es difícil no leerlo como una historia de terror o una distopía constituyente. Educación, prensa, literatura y hasta gastronomía fueron patológicamente intervenidas desde 1939: se depuró a 50.000 maestros, se cerraron periódicos, se instauró la censura previa para los libros y -un toque de verdadera estupidez- la ensaladilla rusa pasó a llamarse “ensaladilla española”.

Rodríguez Puértolas retrata el fascismo español y pasa luego a listar por orden alfabético los nombres y obras y declaraciones más escabrosas de todos aquellos escritores que pusieron su firma al servicio del ideario franquista hasta bien entrados los años 80, desde Sánchez Mazas (creador del “Arriba España”) a Sánchez Dragó (de ahí, supongo, las polémicas que hubo en su día).

Este censo de avilantez tiene un no sé qué de acusica que acaba resultando excesivo: seguramente el 90% de los nombres que figuran en este libro no figurará nunca en otra parte. Digamos que el autor busca que al olvido se le sume la deshonra, aunque sea de todo punto incongruente que un autor vaya a ser olvidado porque su nombre se airee constantemente para que se le olvide.

¿Debe proscribirse o silenciarse la reedición de libros abiertamente fascistas? Yo, aquí, estoy con Trapiello: no

El dilema con el libro de Rodríguez Puértolas es claro: ¿debe proscribirse o silenciarse la reedición de libros abiertamente fascistas? Yo, aquí, estoy con Trapiello: no. Cualquier lector adulto es capaz de disfrutar en 'Madrid de corte a checa' de la calidad de su escritura y esquivar sin el menor daño su visión sesgada del Madrid asediado por la tropa franquista. Es más: no creo que superen el millar los lectores de 2017 que puedan estar interesados en este 'Madrid de corte a checa', de Agustín de Foxá, en 'Javier Mariño', de Gonzalo Torrente-Ballester o en los 'Diarios', de César González-Ruano, por nombrar tres libros en los que yo encontré virtud literaria.

Y a lo mejor son esos mil lectores cada diez años, y no la crítica conchabada o los editores malévolos, los que hacen que un libro siga vivo pasado medio siglo desde que se publicó. 'Días de llamas', de Juan Iturralde, 'El diario de Hamlet García', de Paulino Massip y no digamos 'Helena o el mar del verano', de Julián Ayesta cuentan con ese mismo aval -si me admiten la impertinencia- apolítico: que hay gente que los lee por gusto.

En fin, yo estas palabras de Santiago Bernabéu de 1970 (citadas por Rodríguez Puértolas) también las colgaría de la pared de un escritor: “Hemos ganado 60 copas para que se me acuse de adormecer al país. Estas acusaciones las hacen los intelectuales que no venden un libro ni a tiros, porque no interesan nada al país, y tienen envidia de la popularidad del fútbol.”

Mala Fama

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