El silencio de los padres: los hijos son horribles, quedaos con eso

¿Por qué callan los padres y las madres ante tantos ataques contra los hijos? El último libro de Lina Meruane se titula justamente así, y en él subraya la presión social que sufren las mujeres

Foto: Desfile de Año Nuevo en Hong Kong. (EFE)
Desfile de Año Nuevo en Hong Kong. (EFE)

Hace no mucho, mi amiga María Folguera publicó un artículo donde discrepaba de las alegrías cotidianas de la maternidad. En concreto, María cargaba contra los parques infantiles, lugares poco apetecibles para ella, pero que debe frecuentar debido a la necesidad de esparcimiento de su hija.

Este artículo vino a engrosar la queja continuada de las llamadas 'malas madres', emisoras de un interesante discurso contra la militarización de la crianza. Comenté los pormenores de esta pieza con otros amigos con hijos, y en general encontré animadversión y hasta escándalo frente a unas palabras que no podían en modo alguno compartir.

Uno de estos padres, sin embargo, me dijo algo que me pareció de inmediato crucial: “No tengo ninguna necesidad de explicar lo feliz que me hace mi hija”.

Eso es, pensé, a esto se reduce todo: al silencio de los padres.

Contra los hijos

Dense cuenta de que ahora mismo acaba de publicarse en España 'Contra los hijos' (Literatura Random House), de Lina Meruane, un ensayo cuyo título no parece difícil de interpretar. Esta arenga o diatriba contra la procreación, como la califica su autora, se suma a otras tantas aparecidas en forma de libro o deslizadas en entrevistas o —como vimos más arriba— lanzadas desde un artículo. Más o menos cada media hora alguien cree fundamental decir que odia a los niños.

'Contra los hijos'. (Random House)
'Contra los hijos'. (Random House)

Sin embargo, ¿han leído ustedes muchos artículos, entrevistas o libros A FAVOR de tener hijos? ¿Saben de alguna autora o autor con hijos que haya dejado su novela en marcha o haya torcido la línea temática de su columna o haya utilizado una entrevista para decir, oigan, por cierto, hay que tener hijos? Yo no recuerdo nada semejante.

De hecho, un amigo me escribió hace poco un 'mail' preguntándome si le recomendaba tener hijos, pues estaban él y su novia dándole vueltas al asunto, y mi respuesta fue: no puedo recomendarte tener hijos.

Se pasa uno el día cambiando pañales, sin ir de copas, y en internet siempre hay alguien dando el coñazo con que los niños son la peste

Diría incluso que este silencio tiene bastante mérito. Se pasa uno el día cambiando pañales y sofocando lloros, sin poder ir de copas o meterse en un cine, y al llegar a casa y acostar a los niños, y tener un ratito para sí mismo, entra en internet y siempre hay alguien dando el coñazo con que los niños son peores que la peste. Sin embargo, los padres callamos y seguimos cuidando de nuestros hijos.

Presión

Lina Meruane —estupenda escritora, por lo demás— da vueltas en su libro a dos conceptos que me parecen delirantes. El primero es la presión social que sufren las mujeres —y en menor medida, supongo, los hombres— por tener hijos. Esa es una presión que yo no he visto ni vivido. Cuando mi novia y yo no teníamos hijos, nadie nos presionaba. Que una madre o una suegra, o una tía o un tío, o un cuñado medio bebido, soltara alguna vez la pregunta, o hiciera un comentario, no lo calificaría yo como presión aplastante. El asunto de la prole es delicado, y me parece mendaz afirmar que la gente te lo echa en cara alegremente y sin pedir permiso, todo el tiempo y en toda ocasión. Meruane afirma que la presión continúa además para tener el segundo. Yo no siento ninguna presión para tener el segundo; mi novia, tampoco. Nosotros mismos no presionamos a nuestros amigos sin hijos para tener uno ni a nuestros amigos con un hijo para tener el segundo. Esa presión es un espejismo; poniéndome pseudo-freudiano, diría incluso que es un reflejo al que se le niega el origen: tú mismo.

Lina Meruane. (EFE)
Lina Meruane. (EFE)

Porque la autora de 'Contra los hijos' nunca admite la más mínima duda sobre si quiere o no tener hijos, cuando son esas dudas —que todos gestionamos alguna vez— las que resultan agotadoras y vertiginosas. No es poca cosa decidir no tener hijos y no es poca cosa decidir tenerlos. La vida es otra después de tomar esa decisión.

Por otro lado, ¿acaso somos menores de edad, con 30 o 35 años? “Ten hijos”, te dice alguien. “Mira, pues no”, dices tú. Y a otra cosa.

Déjenme que les cuente un secreto, además: a la gente no le importamos tanto. Tu vecino no deja de dormir porque no tengas hijos, por mucho que te anime a concebir cada vez que subís juntos en el ascensor. Quizás es exactamente lo contrario de lo que piensa Lina Meruane: a nadie, al cabo, le importa que tengas hijos o no.

¿En serio?

La segunda queja o verdad revelada que trabaja Meruane en su ensayo, y que he encontrado a menudo en artículos y entrevistas, dice así: no es como te dijeron. Yo, amigos, flipo.

¿En serio alguien en 2018 puede afirmar que no lo sabe, de hecho, TODO sobre tener hijos? ¿Los lloros, los pañales rebosantes, las rabietas, la disminución de la vida sexual y del ocio, el terror interminable a que les suceda algo? Lo saben hasta en el patio del colegio, por dios santo.

Qué vida tan perra, ¿eh? Jugar con tus hijos y morirte. Ese es un poco el plan

Diría incluso que eso es lo único de lo que se habla todo el tiempo en todas partes: vemos en Facebook muchos más estados del tipo “la niña me tuvo toda la noche sin dormir” que del tipo “la felicidad que me da mi hija no la puedo ni explicar”. Leerán 25 estados quejumbrosos por cada vez que lean uno abiertamente epifánico.

Ah, por cierto, amigos, ¡vais a morir! Sí, al final morimos. ¿No os lo habían dicho? Pues morimos, y encima de pronto y para siempre, sin tiempo para tuitear ni para nada.

Qué vida tan perra, ¿eh? Jugar con tus hijos y morirte. Ese es un poco el plan.

El silencio de los padres

Que los padres callemos casi siempre, que hayamos dejado que el discurso contrario ocupe los titulares y las redes, o que ninguna escritora o escritor haya dado el paso de explicar y defender la maternidad o la paternidad, solo significa una cosa: que sabemos algo que no puede ser comunicado sin ensuciarse. Entre otras cosas, porque los padres nos resistimos a poner a nuestros hijos en la misma balanza que tus 10 horas seguidas viendo series en Netflix, qué quieres que te diga.

Nada me acongoja tanto como un niño al que sus padres no quieren

Una persona que no tiene hijos no sabe nada en realidad sobre no tener hijos. Solo quien tiene hijos sabe lo que es no tenerlos. Por eso, cuesta mucho ponerse a discutir, o argumentar. Nuestros hijos son más importantes que el hecho mismo de defenderlos en público. No solo no merece la pena, sino que —al menos en mi caso— nada me acongoja tanto como un niño al que sus padres no quieren. No voy a convencerte de que tengas hijos porque luego no podré convencerte de lo más importante: que los quieras y los cuides. No tengáis hijos por obligación o debilidad, nadie os lo está pidiendo.

Tener hijos es horrible: quedaos con eso.

La secta silenciosa de padres y madres seguiremos cuidando de nuestros hijos, aunque yo hace tiempo que sé que es mi hija la que cuida de mí.

No tengo ninguna necesidad de explicarlo.

Mala Fama

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