No podemos depender de un señor de Teruel

Partidos como Teruel Existe conducen la política hacia la más triste mediocridad

Foto: Tomás Guitarte, de Teruel Existe, el pasado 10 de noviembre. (EFE)
Tomás Guitarte, de Teruel Existe, el pasado 10 de noviembre. (EFE)

Nos habíamos creído lo de la España vacía/vaciada, la Iberia sin semáforos, la tierra exenta, desportillada y sin sombras sobre el suelo, y resultó que esa solana estaba llena —llenísima, en realidad— de partidos políticos. Puede que acabe habiendo más partidos políticos saltando por los montes de este país que en toda Europa continental. Teruel Existe es solo el principio de la revolución aldeana, del caballero sin espada agromontano. La comarca es la identidad definitiva, y va a tomar el poder.

Yo estoy flipado, triste, me río a veces. Ya da todo un poco igual. El caso es que tenemos a un señor que viene de Teruel a defender lo suyo, y no lo tenemos en el Toni 2, lo más alto que habían llegado hasta ahora en Madrid los señores de Teruel, sino en el Congreso de los Diputados y Diputadas del Reino de España. ¿En serio este señor se cree que me importa algo lo que tenga que decir?

Como soy, no ya de Segovia, sino de un pueblo de Segovia cuyo censo en estas generales fue de 650 personas, tengo todo el derecho del mundo a rebelarme contra, en suma, la llegada de mi padre a Madrid. No, amigos, no quiero que mi padre venga a Madrid a darme tormento. Porque mi padre, que conoce a 14.000 segovianos tirando por lo bajo, a nada que se invente un Segovia Sueña o un Segovia Supreme, se me planta en el Congreso de los Diputados a bailar jotas y contar intimidades. Es simple. Imitable. De cajón. Si Teruel tiene su partido de juguete, ¿por qué no Segovia, por qué no Palencia, por qué no la comarca del Bierzo o Tierra de Campos? Creíamos que España era una entelequia y un problema, y no, resulta que España era la mejor forma de no ser de Teruel. De no ser segoviano.

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Cuando Teruel presuma de unas infraestructuras comparables a las de Dubái (o simplemente les pongan asfalto de más), todas las provincias campesinas querrán ser como Teruel. Entonces harán su partidito de macramé humano y conseguirán un escaño y nos contarán qué puente no hay, qué vía falta, qué jota no se baila y qué escritor local merece el premio Cervantes cinco veces seguidas. Por matemáticas, es posible. Bastan exactamente 14.500 votos en Segovia para acabar de diputado en Madrid. Es cuestión de pegar carteles y de tocar la fibra terruña para sumar esos sufragios castañuelos; y lo mismo en Palencia y hasta en Móstoles si todo Móstoles vota a su candidato diminuto. Sale.

No nos interesan los canarios con sus canarieces, los navarros con sus navarradas o los cántabros con sus anchoas

Que esta microbiosis política sea mala para la democracia es lo de menos, a mí lo que me revienta es cómo arruina el espectáculo. No lo nieguen: cuando acaba de hablar Rufián en el debate sobre el estado de la nación, todos apagamos la tele, ya hemos visto lo bueno y la impresora, no nos interesan los canarios con sus canarieces, los navarros con sus navarradas o los cántabros con sus anchoas. Es, de hecho, imposible entender qué hace ese tipo ahí hablándonos de la farola fundida de la plaza de su pueblo y de la curva tan mala que lleva hasta Bilbao. El Congreso está para otras cosas, para otras épicas. Estas intervenciones numismáticas lo empequeñecen hasta el tamaño justo de nuestra indiferencia.

Hasta aquí, pensarán ustedes que peco de centralismo y que odio a los canarios y que reniego de mi origen segoviano y detesto la provincia. Todavía voy y les digo que sí. La incorrección política es tan tentadora, amigos. Pero es justamente al contrario: como segoviano de pueblo, yo soy también de un pueblo de Teruel, y me importa lo que pasa en ese pueblo, y exactamente así de concernido me muevo por el mapita de España en Google Maps, sabiéndome en los vacíos. Por ello, nada más ridículo, pre-paleto y miserable que ser de Segovia y venir a Madrid a defender Segovia en exclusiva, a decir que Segovia existe. ¡Segovia no existe, idiota!

49 plataformas vecinales de 22 provincias de España se manifiestan para frenar la despoblación. (EFE)
49 plataformas vecinales de 22 provincias de España se manifiestan para frenar la despoblación. (EFE)

Como es obvio, la culpa de este modelo de política dependiente de los señores la tiene el PNV, un partido enervante en su pequeñez y en sus seis señores. Que la vida de un país dependiera de seis vascos era malo, pero que dependa ahora de un señor de Teruel es ya una broma macabra fruto de tantas elecciones consecutivas. Qué ganas tengo de que pase esta moda de la democracia.

Porque en algún lugar nos tenemos que plantar. ¿Cuál es el límite? ¿350 partidos? A nada que surja un avispado y cree el Partido de los Autónomos, ahí tienes ya unos tres millones de votantes de lo suyo. O el Partido de las Amas de Casa. O el Partido Machirulo. ¿Cuántas Marías hay en España? ¿María Existe? ¿Gómez Existe?

Repito: ¿a mí qué cojones me importa lo que tenga que pedir un señor de Teruel? ¿Se cree que no hay señores y problemas idénticos a los suyos en Segovia, Cáceres o Ciudad Real? ¿Para qué se inventaron el Senado y las diputaciones y, sobre todo, las cartas al director? ¿No les ha hecho ya un anuncio Ikea? ¿Tenemos que ponernos todos sagaces e insolidarios y crear partidos estratégicamente reconcentrados para llenar el Congreso de reclamaciones de oficina de objetos perdidos de estación de autobús?

A los catalanes hay que dejar de prestarles atención y tratarlos como a palentinos; o sea, como a adultos

Cuando se habla de Cataluña y de diálogo, se habla mucho de cariño, de querer a los catalanes, de darles comprensión y, en fin, de no sé cuántas ternezas más. Obviamente, es al revés. A los catalanes hay que dejar de prestarles atención y tratarlos como a palentinos; o sea, como a adultos. Nadie ha dado cariño nunca a Palencia y no veo que lo esté pidiendo. Palencia es mayor de edad, Cataluña debe ser mayor de edad: no estamos aquí para darnos cariño como a niños de cinco años que no han hecho aún amigos en la escuela; estamos aquí para darnos igualdad y progreso.

¿Qué igualdad, qué progreso puede haber en un país donde cada cual va a lo suyo, a su farola, a su mezquina autopista con anchoas? Entre las periferias lastimeras y estos brotes llorones de la España de en medio, parece que no quedara en la Península gente abierta y generosa, gente noble, gente capaz de hacer todas las cosas para todas las personas. ¿No valemos ya ni para hacer un país?

Mala Fama
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