El año literario no podía empezar con una novela mejor

'Lanny' es un libro encantador que trata de forma audaz el turbio asunto de los niños desaparecidos

Foto: Max Porter, autor de 'Lanny'.
Max Porter, autor de 'Lanny'.

Algún día les tengo que hacer el artículo sobre Goodreads. Se trata de una red social de lectores donde se ven cosas fascinantes, como al propio autor puntuando con todas las estrellas disponibles el libro que él mismo acaba de publicar. Para lo que nos importa hoy, viene a cuento porque Goodreads vuelve peligroso ponerse estupendo con las notas de prensa. Basta entrar en esta web y buscar un libro en concreto para saber si ha tenido algún éxito en su país. Me había leído ya 30 o 40 páginas de 'Lanny' (Random House), de Max Porter, antes de decidirme a confrontar mi lectura mediada con la lectura posible de cientos o miles de lectores, los de Goodreads. Y resultó que todos éramos felices.

'Lanny' es un libro por momentos extraordinario, “audaz” (como se dice en la propia contraportada) y, sobre todo, encantador. Encontrar libros encantadores no es fácil, pues se trata de un nivel de lectura singular, ese en el que uno toca el libro como si se estuviera enamorando, perdonen que me ponga porno. Los libros encantadores suelen venir protagonizados por niños anómalos, y desplegar bastante jueguecito tipográfico, ser breves y hasta tener un diseño acertadísimo. Son cosas que se quieren.

'Lanny', desde el principio, me recordó a 'El curioso incidente del perro a medianoche' (Salamandra), de Mark Haddon, esa novela fragmentaria llena de dibujos y números donde seguimos las andanzas de un niño autista. Al igual que la novela de Haddon, Max Porter trata al niño como si se pudiera hacer literatura adulta con las cosas de los niños, que es seguramente la forma de respeto más elevado que puede mostrar un escritor por un niño narrado. Porter, además, trae un estilo muy trabajado, entiendo —por el placer de mi lectura— que excelentemente volcado al español por Milo J. Krmpotic. Ese estilo, donde los oídos “tienen hambre” y las palabras “se recogen del suelo y se limpian de saliva alquitranada”, me hizo acordarme de los, sin duda, muy encantadores libros de Unai Elorriaga, del que hace tanto que no sabemos nada, o de Gonçalo Tavares.

8.000 lectores

Y fue entonces cuando acudí a ver qué opinaba el pueblo, Goodreads. Y el pueblo opinaba que 'Lanny' estaba muy bien. Tenía, sin haberse cumplido aún el año de su publicación original, casi 8.000 puntuaciones, el 70% de las cuales encontraba el libro de 4 o de 5 estrellas; estaba traducido a todo el mundo (34 ediciones, pone) y 1.347 personas se habían molestado además en escribir una pequeña reseña, a diferencia de esta que usted está leyendo, sin cobrar ni nada. Llámalo éxito.

'Lanny'. (Random House)
'Lanny'. (Random House)

La lección de 'Lanny' para un autor es que lo mejor que puedes hacer es escribir el libro que a ti te gusta, y luego la gente que haga lo que quiera. Digo esto porque 'Lanny', de primeras (vean la imagen inferior) no es precisamente un libro que parezca fácil de transitar. A su estructura fragmentaria, y su prosa lírica (la novela empieza con una, a mi juicio, chocante cita de un poema de García Lorca), hay que sumar una serie de pasajes donde Porter lleva el procesador de textos a su límite plástico. Así, sin puntuación ni continuidad narrativa, y enmarcado entre párrafos escritos en negrita donde Algo mítico se mueve y escucha, escuchamos nosotros también voces sueltas en cursiva que se disgregan por la página, suben o bajan, se retuercen, se tachan o se superponen... En fin, un lío de cojones. Un lío que cualquier editor con un ojo puesto en las ventas vería sumamente desaconsejable. Consecuencia: 'Lanny' es de hecho un 'best-seller'.

Páginas de 'Lanny'.
Páginas de 'Lanny'.

'A prayer for England'

Pero ¿de qué va 'Lanny'? Primero tenemos a este chico rarito y a sus padres 'standard'. Deciden que un tal Pete, viejo pintor local, le enseñe a dibujar para ver si saca de él sus potencialidades de niño reconcentrado. Todo va bien y el pueblo donde viven, una típica localidad inglesa con taberna y señoras, cotillea sobre cualquier cosa al caer la tarde, según escucha ese Algo mítico, muy inglés también, que se mueve por aquellos lares lararitos.

Después, el libro entra en asuntos jodidos que, según parece por su obra anterior, 'El duelo es esa cosa con alas' (Rata), son muy del gusto de este muchacho, Max Porter (1981). En concreto, el secuestro o desaparición de los niños ingleses, que son los niños más secuestrados o desaparecidos del mundo. Ahí la novela cambia de fórmula, se hace coral y el autor muestra lo sobrado que va de registros.

Si tuviera 30 páginas más, 'Lanny' me habría cansado. Como tiene 180, es sin duda una forma feliz de empezar este año de lecturas

Asistimos —mientras suena en nuestra cabeza 'A prayer for England', la emocionante canción de Massive Attack que, con la voz de Sinead O'Connor, reza por estos chavales perdidos— a la consecuencia habitual de estos sucesos (reciente además en nuestro recuerdo por Madeleine o el Pescaíto): la búsqueda solidaria e inútil de todo un pueblo, el buitreo insolidario y sumamente útil para subir audiencia de los miserables medios de comunicación y las acusaciones aleatorias y destructivas de vecinos que siempre saben quién es pederasta aunque en rigor no dispongan de más pruebas que sus ganas de arruinar vidas ajenas.

Finalmente, Porter se pone estupendo —a mi parecer, un poco demasiado— y dedica las páginas finales a cerrar su historia desde el bosque onírico del lenguaje, llenándolo todo de símbolos y gramática. Si tuviera 30 páginas más, creo que 'Lanny' me habría acabado cansando. Como tiene exactamente 180, es sin duda una forma feliz de empezar este año de lecturas.

Mala Fama
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