Locuras en el monte: tenemos que hablar de la sierra de Madrid

Después de la pandemia, la popular zona de segundas residencias en la cuenca del Guadarrama y la sierra norte parece mucho más atractiva para irse a vivir

Foto: Cabras montesas en la sierra de Guadarrama.
Cabras montesas en la sierra de Guadarrama.
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Si vives en la capital de España, después del confinamiento seguro que a ti también se te ha ocurrido dejar Madrid e irte a vivir a la sierra a un chalé de medio millón de euros. El problema no es el medio millón de euros, como es obvio, sino que queda algo lejos de la modernidad. Tienes que elegir entre hacer la revolución de moda o beber cerveza en tu jardín mirando La Maliciosa. Dura decisión esa que te hace optar entre manifestaciones totalmente inmunes y pancartitas de balcón o pasar absolutamente de todo. Yo creo que cada vez hay más gente que pasa absolutamente de todo, por lo que la sierra de Madrid debe tenerse muy vigilada para el futuro, no sea que se venga arriba y se independice. Hay mucho dinero allí, mucha montaña, muchas piscinas y cada vez más gente feliz. Las repúblicas las consigue la gente feliz.

Basta entrar ahora mismo en Google News y teclear 'sierra de Madrid' para ver que allí se está moviendo algo, hay cierta inquietud paradisíaca, como de sillas que se acaban aunque la música siga sonando. Leemos: “Atascos, controles, aparcamientos llenos: así están los accesos a la sierra de Madrid”; “Cada vez más vecinos, cada vez menos sanitarios”; “176 nuevos agentes de la Guardia Civil reforzarán la seguridad de la sierra norte de Madrid este verano”; “Los ecologistas denuncian la avalancha de personas en la sierra de Madrid sin respetar las distancias”; “Los alcaldes populares de la sierra norte piden más control en el acceso a los pantanos y embalses”; “Vacaciones en la sierra de Madrid: las reservas en alojamientos rurales se disparan tras el confinamiento”.

De esta ristra de titulares deducimos dos cosas: que el principal problema de la sierra de Madrid es que vaya la gente y que, sin lugar a dudas, hay que irse para allá enseguida.

Camino del anillo

Por si fuera poco, el Arzobispado de Madrid, a través de la Fundación Laudato Sí, ha trazado un 'camino del anillo' inspirado en la inmortal obra de J.R.R. Tolkien, de modo que pueda recorrerse la sierra norte de la comunidad madrileña como si fuera la Tierra Media. En siete días y siete noches completarás este anillo de 122 kilómetros de trazado para “deshacerte de tu anillo interior”, según se nos dice. Después de convertir el agua en vino, solo quedaba convertir El Berrueco en la Pradera de Hobbiton y La Hiruela en Rivendel, y así ha sido por lo que nos revela el mapa de esta iniciativa. “Ofrecemos peregrinaciones tolkeanas para todo tipo de colectivos, creyentes y no creyentes”. Se flipan bastante en la Archidiócesis de Madrid, amigos.

La España vacía está vacía porque es un coñazo. Ponme una montaña, hombre de Dios, un pantano, unas dehesitas y alguna presa descomunal

La tentación creciente de colonizar la sierra madrileña debe obligarnos a reflexiones contundentes. La primera es que la España vacía está vacía porque es un coñazo. Ponme una montaña, hombre de Dios, un pantano, unas dehesitas y alguna presa descomunal, y luego quéjate de que la gente no quiere vivir allí. En la España vacía que conozco, el puro centro de la provincia de Segovia, hay un arroyo llamado Malucas, y ya está. No voy ni yo a ver a mis padres, ¿cómo va a ir nadie a vivir a mi pueblo? Hay que darle a la gente, si la queremos en el campo, un paisaje, un selfi, una cosa coqueta con pajaritos.

A continuación hay que considerar la migración paulatina y no muy estudiada de gente de bien a la sierra de Madrid. Este irse para allá sin hacer ruido, teniendo obligaciones en la capital, resulta muy sintomático. Solo la pareja mandarina de Podemos, Iglesias y Montero, ha visto revelada su mudanza porque viven en un sindiós de exposición social. Si por ellos fuera, como es obvio, nadie sabría que viven en un estupendo chalet cabe las montañas con piscina y, bueno, algunas cacerolas. Debemos seguir el rastro del dinero, es decir, de los comunistas, y entender que donde vaya el dinero es donde tenemos que ir todos, porque a lo mejor encima nos cae algo de dinero limpiándoles la casa.

Yo voy mucho por estos parajes porque allí tengo amigos y ando viendo que la vida allí es demasiado buena para contársela a nadie

El sueño loco de que todos tengamos un chalé con piscina se está cumpliendo entre Cercedilla y Patones, pasando por Galapagar y Becerril de la Sierra. Yo voy mucho por estos parajes porque tengo amigos en varios municipios, y ando viendo que la vida allí es demasiado buena para contársela a nadie.

Pasa por ejemplo que tú no eres de hacer deporte, ni de subirte a una bici siquiera, y a nada que llevas dos días en Los Molinos o Manzanares el Real, te posee una inclinación telúrica por eso que hay ahí enfrente tan grande (la montaña) y a lo tonto empiezas a pasear sus senderos y trochas como si fueras una persona sana y de pensamiento. Mi amigo Rafael Reig, que vive en Cercedilla desde hace años, está irreconocible: de bajarse una botella de whisky en Malasaña ha pasado a subirse una peña hasta la misma punta en Cercedilla, y todas las mañanas y como si se escribiera mejor así, subiendo montañas que vaciando botellas. Qué tontería.

Están estos lares llenos de gente con bici, con ropa deportiva, con botas muy duras y esas prendas del Decathlon que parece que te las pones para que te congelen dentro del frigorífico de un carguero. Yo no he visto apenas gente en la sierra que discrepe del visitante, pues autóctonos y neorrurales están muy mezclados, dado que muchos de los que van por allí iban ya en verano con sus padres, tenían casa, son casi del pueblo.

En estos municipios serranos hay unas 4.000 piscinas por cada librería, lo cual no puede ser sino buena señal. Existen también bibliotecas que solo compran novedades, de modo que puedes encontrar la última novela del propio Reig y no 'Fortunata y Jacinta', de Galdós.

Está todo como muy pensado para que la gente no tenga queja, y cada día descubro un periodista que vive por allí, un escritor que se ha mudado, una cantante a la que Malasaña se le ha quedado pequeña y canta ya para las grandes piedras aposentadas.

El dinero hay que saber gastarlo, amigos, y ese medio millón de euros que todos tenemos muerto de risa en Bankia estaría mejor alzado en ladrillo y piscineando. Luego no digan que nadie les puso sobre aviso del Edén.

Mala Fama
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