El pequeño de los Trueba lo cuenta todo

El director de 'Soldados de Salamina' hace un conmovedor retrato de la familia tipo española en la segunda mitad del siglo XX

Foto: Coloquio sobre 'Casi 40', de David Trueba, en Zaragoza. (EFE)
Coloquio sobre 'Casi 40', de David Trueba, en Zaragoza. (EFE)

La carta al padre se escribe mucho después de saber que la carta a los Reyes Magos también era una carta al padre, a la madre. Escribir la familia es la última frontera de la literatura, porque si alguien suele estar en contra de tu literatura es tu familia. Nadie quiere que su hijo sea escritor —nadie decente, digo—, actor o cantante; ningún padre tolera la propia intimidad a 18 euros en la Casa del Libro; ninguna madre se siente del todo orgullosa de que su hijo publique una novela llena de cocaína y bragas volanderas. Para escribir, hay que matar a los padres, esperar a que se mueran o ir matándolos a disgustos metafóricos. Es complicado.

David Trueba hace películas y novelas, lo que en principio es una forma como otra cualquiera de fracasar. En España, sobre todo en los noventa, ha abundado la mente creativa, que hacía varias cosas y todas mal. Querer practicar dos artes a la vez es mucha chulería: ya es difícil no hacer el ridículo en uno solo. Extrañamente, el pequeño de los Trueba empezó por lo más caro, que era rodar películas, y poco a poco fue acercándose a la pobretería de la tinta y el papel, donde se vio que iba en serio con 'Saber perder' (Anagrama, 2010), una novela de escritor, no de famoso del cine que también publica porque es famoso del cine.

David Trueba, durante el homenaje que la Academia de Cine rindió a Rafael Azcona. (EFE)
David Trueba, durante el homenaje que la Academia de Cine rindió a Rafael Azcona. (EFE)

Ahora, casi para Navidad, ha publicado una cosita humilde y 'dickensiana' en la colección 'mendical' de Anagrama, que se llama cuadernos anagrama, así, con minúscula. Es todo pequeño y pobre, a nueve euros, 50 páginas y la portada como hecha a mano en Malasia. Editar así tiene el encanto de que nadie compra los libros y parece que están a medio hacer y que ya no hay 'glamour' en la literatura. Huelga decir que esta es una aproximación a la literatura absolutamente extraordinaria.

'Ganarse la vida. Una celebración', va de la madre y el padre de David Trueba, y de sus siete hermanos, todos en una casa en el barrio de Estrecho de Madrid en los años ochenta. Esto, obviamente, es resumir un libro para hacerle daño. A nadie le interesan los padres y hermanos de otro, aunque tengan un Oscar. El librito de Trueba, como es obligado, consigue hablar de tu madre y de tu padre y de tus hermanos y del pasillo de tu casa, que también era largo y con puertas al misterio y a un cuarto de baño con mucho Colgate y mucho azulejo. Cuanto menos interés tenga tu familia, más se parece a la mía, a la de todos. Hay que contar la escala de grises del ciudadano verdadero, porque ahí, en un gris acendrado e insípido, está el oro de un país.

Fernando Trueba, junto a su hermano David, en el balcón del Ayuntamiento de Calanda en 2013. (EFE)
Fernando Trueba, junto a su hermano David, en el balcón del Ayuntamiento de Calanda en 2013. (EFE)

La madre de los Trueba cose y alimenta hijos y, como todas las madres, hace bien sobre todo aquello que no entiende: dejar a sus hijos perderse en el arte. El padre, compensatoriamente, propone un destino de oficinas y viajes a Palencia, de nóminas y seguridad, un ganarse la vida literal, lejos de la querencia materna por verle poesía a los cepillos. Lo bueno de los padres es que sepan asumir su papel de poli bueno y poli malo, porque si nadie les dice a los hijos que no hagan algo entonces los niños no sabrían qué tienen que hacer cuanto antes. Justamente lo prohibido y desaconsejado.

Trueba valora de sus padres todo lo que pudo dilapidar, el saber hacer familiar convertido en contraste: no ser como ellos, en definitiva. “Las herencias o la perspectiva de heredar arruinan las vidas de los hijos. No hay nada más triste que heredar una fábrica o una casa que no has levantado tú”.

Portada de 'Ganarse la vida'.
Portada de 'Ganarse la vida'.

Con los hermanos se da otra sintonía, y ya dijo Fernando Trueba que se puso a hacer películas mientras iba creciendo su hermano pequeño, para que se encontrara el oficio rodado y a punto. Esto de que los hermanos se copien las pasiones es muy normal, y de cultura el que siempre sabe más es el hermano mayor, que compró el primer disco de Dire Straits y la primera entrada para la Filmoteca. Jesús, el otro hermano cultureta, puso una librería (La buena vida) un poco para vender los libros de sus hermanos. A mí me parece una gran idea.

'Ganarse la vida', en fin, es tierno y epifánico, poca cosa, las galeradas de la modestia y los ferros de la vida a granel de una gran ciudad donde la gente iba al cine más que nunca. Por eso se ve tan bien en este cuaderno la sencillez sensacional de la escritura y el poso hondo de la bondad. Si lo editan en tapa dura, bonitamente o con foto en la cubierta, parecería un libro más. Lo bueno de esta edición es que no parece estar a la venta, sino que David Trueba la ha buzoneado por si queremos echarle un ojo a su álbum familiar, tan parecido al nuestro que da calambre. No se trata de un libro, se trata de algo más que un libro: como cuando se iba la luz en casa y alguien traía una vela y nos veíamos las caras de nuevo.

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