Gracias a Netflix, leemos más: la tomadura de pelo del Ministerio de Cultura
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Alberto Olmos

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Gracias a Netflix, leemos más: la tomadura de pelo del Ministerio de Cultura

El informe anual de la Federación de Gremios de Editores no tiene ni pies ni cabeza

placeholder Foto: Zona de lectura y librería del cine (x living)
Zona de lectura y librería del cine (x living)

Como es costumbre, la Federación de Gremios de Editores de España, con el patrocinio del ministerio de Cultura y de CEDRO, acaba de publicar un informe sobre la lectura que, si eres lector, sólo puede irritarte. En él, como todos los años, se dice que se lee mucho al tiempo que la prensa propaga sus datos diciendo que no se lee lo suficiente. La suma de tópicos, prejuicios, ignorancia, dejadez y hasta delirio es tan abundante en este humilde informe y en su repercusión que los pocos que leemos llevamos varios días con la risa floja.

El dato principal del informe es éste: el 68,8% de los españoles lee libros. Otro dato de precisión admirable dice que casi toda esa gente dedicó 7 horas y 25 minutos cada semana a leer en 2020. Estamos ante un nuevo ejemplo de la pelea contemporánea entre los expertos (en este caso, en demoscopia) y el sentido común. El sentido común no es una ciencia exacta, pero casualmente hace transitable la realidad. El informe de marras, por su parte, no encaja con ningún hecho relativo a la lectura que uno pueda encontrarse en su día a día.

Estamos ante un nuevo ejemplo de la pelea entre los expertos y el sentido común

Si eres lector, habrás notado que casi nadie tiene nada que decir sobre libros cuando la charla entre amigos se estanca. Sin embargo, si en ese estancamiento alguien pregunta: ¿habéis visto alguna serie buena?, todos tienen una serie buena que recomendar entre las diez que han visto enteras desde la última vez que quedasteis. Si eres lector, sabrás que eres el único que abre un libro en el autobús, el metro o el AVE. Además, si vives en el planeta Tierra serás consciente de la existencia de Netflix, HBO, Movistar, Disney plus, Amazon Prime o Filmin, y de la frecuencia con la que se habla de ellas y no de Anagrama, Tusquets, Seix Barral o Candaya. Si ademas lees periódicos, estarás al tanto de que las ventas de libros bajan cada año y de que se cierran librerías constantemente. También es probable que veas paquetes de Amazon circulando por tu barrio a todas horas.

Todo lo anterior se contradice minuciosamente con el informe 'Hábitos de lectura y compra de libros en España' elaborado por Conecta. De hecho, si uno fuera invitado a definir la situación ideal para el libro en España, a soñar sin medida, con muchos martinis encima, su sueño coincidiría punto por punto con este estudio: casi todos los españoles leen (68,8%), y además muchísimos lo hacen todos los días o al menos cada semana (52,7%); la mayoría no sólo compra libros (51,7%) sino que los compra en “librerías tradicionales”; además se lee cada vez más por placer y menos por obligación, y durante la pandemia la gente descubrió la paz que da la lectura y leyó confinada exactamente 8 horas y 25 minutos por semana. Se te olvidaba la pandemia leyendo poesías completas y episodios nacionales, oye.

La encuesta tiene una base de 2.414 personas. Habría que ver si son las mismas a las que recurría Durex para su fantasmal encuesta de hábitos sexuales.

Pero vayamos paso a paso con todos estos disparates.

La mayoría es minoría

Que en España un libro sea un éxito quiere decir que lo lee la minoría. La mayoría va por su cuenta. Eso debemos pensar si este informe establece que 30 millones de españoles (ese 68,8% mayores de 14 años) lee libros anualmente. Así, los 150.000 ejemplares vendidos por 'El infinito en un junco' (Siruela) de Irene Vallejo, que todo el mundo califica como fenómeno editorial extremo, quieren decir que más de 29 millones de lectores están leyendo otra cosa, seguramente teatro isabelino o novelas de László Krasznahorkai. Pensemos que 'Patria', de Aramburu, haya vendido 1 millón de ejemplares. Entonces eso quiere decir que sólo 1 de cada treinta lectores se deja influir por la prensa y los premios, y por la serie de HBO, mientras que 29 de cada 30 leen lo que quieren, y además nunca consiguen leer lo mismo muchos de ellos, de modo que, por acumulación, nos enteremos de qué leen. A nada que 2 lectores de cada 30 se decantaran por el mismo libro, tendríamos un best seller de 2 millones de ejemplares vendidos. Pero la inmensa mayoría de los lectores es así: lee cosas que no pueda leer nadie más; lee para no tener que hablar con nadie de lo que ha leído.

29 millones de lectores nunca consiguen que lo que leen venda más de 400 ejemplares

Es decir, en el mercado del libro sucede algo que no pasa en ningún otro sector cultural: el best seller es lo que se lee menos. Tenemos como 1 millón de personas influenciables y sin criterio propio y luego 29 millones de personas impermeables a la publicidad y a las modas que leen con tanta originalidad que nunca consiguen que lo que leen venda más de 400 ejemplares.

Es como si un clásico Real Madrid-Barcelona lo vieran 10 millones de espectadores y un estudio dijera que en realidad hay en España 30 millones de espectadores de eventos deportivos, pero esos 20 millones que no vieron el fútbol ven deportes tan minoritarios y tan recónditos que nadie se da cuenta de que se ha jugado una final de pimpón en Murcia.

8 horas y media leyendo mientras se acaba el mundo

Ni el trabajo, ni los niños, ni la vida amorosa, ni Netflix et alia, ni estar informado, ni dormir, ni limpiar la casa, ni quedar con amigos, ni las redes sociales ni el teléfono móvil diseñado expresamente para captar tu atención consiguió que los españoles no leyeran de media en 2020 menos de siete horas y pico a la semana; ocho horas y 25 minutos durante el confinamiento, donde el teletrabajo tampoco fue obstáculo para esta dedicación de más de una hora cada día a leer en solitario un libro mientras el mundo vivía una situación dramática nunca antes vista y de la que se conocían y ofrecían datos cruciales y novedades casi cada media hora. La gente se ponía a leer porque el fin del mundo le traía sin cuidado, y los 40 mil muertos y la falta de levadura en el Mercadona. Los periódicos on line reventaron sus audiencias y la televisión también; pero, sí, quedaba una hora y pico al día para leer sosegadamente un libro.

La gente se ponía a leer porque el fin del mundo y 40.000 muertos le daban igual

En este punto, debo revelar mi sospecha de que quien ha elaborado el informe no lee. Sólo alguien que no sabe nada de leer puede acomodarse a la lógica de que si encierras a la gente en casa se pondrán a leer como locos. ¡Pero si se lo hemos puesto a huevo!, pensarán. Según mi experiencia y la de muchos otros a los que consulté expresamente este asunto durante las semanas de encierro, lo cierto es que uno era incapaz de concentrarse en la lectura de un libro cuando la realidad, como suele decirse, superaba ampliamente a la ficción. Según esta lógica, además, las personas secuestradas leerían muchísimo, y habría que esperar a que acabaran el libro para liberarlas. Y los mendigos siempre tendrían un libro entre las manos.

Comprar libros donde no se venden

A pesar del cierre de las librerías durante el confinamiento, la gente compró más que nunca en las librerías. Todo fue mejor para el libro en 2020: se leyó más, se compró más y hasta se hizo “por ocio” y no “por obligación”, como hemos visto. El hecho de que se cierren librerías de forma habitual obedece justo a esa subida de la demanda: el librero se cansa de vender libros, le duele la espalda, no puede soportarlo más, y entonces cierra.

Resulta que en 2020 subió el porcentaje de gente que adquirió sus novelas o ensayos en las ferias del libro

Un dato extraordinario del informe lo encontramos precisamente en la lista de lugares donde la gente compra libros. Resulta que en 2020 subió el porcentaje de gente que adquirió sus novelas o ensayos en las ferias del libro: un 12,4% frente al 11,4% anterior. Inciso: no hubo ferias del libro en 2020. No se celebró la de Madrid, que vende seguramente más que todas las del resto de España juntas, y no hubo más que un raquítico Sant Jordi, a causa del coronavirus. Un 12,4% de los encuestados recuerda que compró sus libros en lugares que no existieron en 2020, lo que supuso una subida del 1% respecto a 2019, cuando sí existieron esos lugares, las ferias. A lo mejor hay que dejar de celebrar ferias del libro para vender más libros en las ferias del libro.

30 horas para leer un libro, diez páginas por hora

Recapitulemos: un 68,8% de los españoles leyó en 2020 y su lectura les ocupó de media 7 horas y pico semanales. La media de libros comprados fue de 11. O sea, los españoles dedican unas 30 horas a leerse un libro entero, a pesar de que la velocidad de lectura normal es de 40 páginas por hora y los libros tienen entre 200 y 400. Si leyeras seis o siete horas a la semana, acabarías un libro cada semana, cuatro al mes, casi cincuenta al año. El informe reconoce que nadie va a las bibliotecas (como compruebo yo cada vez que acudo). De modo que o los españoles tardan quince minutos en leer una sola página y la ONU debería hacer algo al respecto, o subrayan mucho, o hacen dibujitos obsesivamente en el margen, o releen sin parar el mismo libro del bachillerato para rellenar esas siete horas semanales que dicen dedicar a la lectura.

Cada año hay más lectores frecuentes

Desde que llegó Netflix a España, leemos más. Es lo que dice el informe. Cada año sube uno o dos puntos el porcentaje de “lectores frecuentes”, esos que abren un libro todos los días o, al menos, un par de veces a la semana. Las mentes más brillantes del mundo trabajando para atrapar tu atención con algoritmos varios y diseños estudiadísimos y al final un mamotreto idéntico al que se utilizaba hace doscientos años enamora a la gente por millones y no la deja mirar Internet durante varias horas a la semana. La economía de la atención no tenía secretos para Gutenberg, amigos.

Mientras tienes trabajo, hijos pequeños, la vida en el filo, lees sin parar

El informe de lectura incluye un histórico donde vemos la evolución de los datos desde 2010. En los años 2013, 2014, 2015 y 2016 no se realizó el estudio. Desde el último informe de la etapa anterior (2012) al primero de la actual (2017), el número de lectores diarios pasó de 31,2% a 29,9%. O sea, en 5 años bajaron los lectores habituales. Sin embargo, desde 2018, súbitamente, crecen, a razón de más de un 2% de media por año. ¿No es fascinante? Es como si la gente se hubiera enterado del regreso del informe y se hubiera puesto a leer por si acaso llega alguien y le pregunta.

Pero, ojo, cuando te jubilas y tienes todo el tiempo libre del mundo, de pronto, decides dejar de leer. Los que menos leen son los jubilados, dice el informe. Sin embargo, mientras tienes trabajo, hijos pequeños, la vida en el filo, lees sin parar.

Infantilizar

Una explicación que se me ocurre a esta tomadura de pelo es que, siguiendo la tendencia gubernamental contemporánea de infantilizar a la población mediante la emisión de informes con pátina científica que buscan -más que informar y dar orientación a la gente sobre el mundo en el que vive. Dirigir a esa gente hacia el ideal preconcebido (ya sea mediante el catastrofismo, ya mediante el entusiasmo), los responsables de este documento hayan decidido fomentar la lectura diciendo que todo el mundo lee ,y más cada año, a ver si así la gente se pone a leer. Si informamos a los habitantes de una ciudad de que la mayoría de ellos recicla correctamente la basura, y es solidaria, y respeta los semáforos, quizá los que no lo hacen se vean impelidos a cambiar su actitud, por mucho que algunos se irriten ante esos datos, pues a diario ven por la calles exactamente lo contrario de lo que le dice su gobierno. ¿A quién le importa esa minoría madura, crítica y con pensamiento propio? Al final no son más que fascistas.

Llevo días buscando por Madrid a esos 20 millones de españoles que leen a diario

Es mi caso. Llevo días buscando por Madrid a esos 20 millones de españoles que dice el informe que leen a diario (además en esta Comunidad lee más gente que en ninguna otra: ¡un 73%!), y no los encuentro. No veo a nadie leer en los bancos, las terrazas de los bares o el transporte público. Si son tantos, deberían estar muy orgullosos y exhibir su vicio lector a todas horas y en todas partes. Deberían desbordar las bibliotecas, donde eso que tanto les gusta se les ofrece gratis. Pero resulta que es más fácil encontrar en Madrid a una persona clavándose un destornillador en el pulmón que leyendo un libro.

La irritación de los lectores de verdad con este informe inverosímil procede del hecho de que hacemos todo lo posible por leer más, por leer algo cada día, y la vida no nos lo permite. Y aún así somos capaces de acabarnos uno o dos libros al mes. Y luego viene un estudio avalado por el ministerio de Cultura y te dice que 7 de cada 10 españoles lee más que tú, porque no cuesta nada decir que lees 8 horas a la semana si un tipo que tampoco sabe nada de libros te lo pregunta por teléfono. Cuánta frivolidad y desvergüenza. Este informe de Hábitos de lectura supone, básicamente y en definitiva, un desprecio por todos aquellos que leen.

Nota bene: una encuesta de Eurostat del año 2015 estableció que en España leía el 8% de la población y una media de 6 minutos al día.

Como es costumbre, la Federación de Gremios de Editores de España, con el patrocinio del ministerio de Cultura y de CEDRO, acaba de publicar un informe sobre la lectura que, si eres lector, sólo puede irritarte. En él, como todos los años, se dice que se lee mucho al tiempo que la prensa propaga sus datos diciendo que no se lee lo suficiente. La suma de tópicos, prejuicios, ignorancia, dejadez y hasta delirio es tan abundante en este humilde informe y en su repercusión que los pocos que leemos llevamos varios días con la risa floja.

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