El filósofo de moda Byung-Chul Han es un bluf, pero es nuestro bluf
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Alberto Olmos

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El filósofo de moda Byung-Chul Han es un bluf, pero es nuestro bluf

Su último libro, 'No-cosas', es un excelente texto donde los grandes pensadores del siglo XX nos ayudan a entender el siglo XXI

Foto: Byung-Chul Han (EFE)
Byung-Chul Han (EFE)

Desde que cualquier licenciado en Filosofía es “filósofo”, ya no hay en el mundo ideas nuevas. Cuantos más filósofos hay, menos se piensa. Para ser filósofo hoy lo importante es insistir mucho en ello, sobre todo en Twitter. Comparecer en charlas, pies de foto o festivales literarios como “filósofo” es comparecer como nada. Podría ponerse una caja de zapatos y la Filosofía estaría igualmente representada en ese festival. Tu primo que sacó un 5,4 en la selectividad y tuvo que estudiar Filosofía porque no le daba la nota para más es filósofo. Por tanto, en la Historia de la Filosofía están Aristóteles, Kant y tu primo que sacó un 5,4 en la selectividad.

Filósofo y payaso hoy son nociones muy cercanas. Cuando un intelectual no tiene obra, sólo le queda el disfraz de intelectual, que lógicamente es un disfraz de payaso. Los pensadores de moda alcanzan el estrellato a base de propagar fotos y vídeos donde hacen todo aquello que no esperaríamos de un filósofo; ni, ya que estamos, de cualquier persona seria. Ahora se es más filósofo cuanto menos serio se parece. Zizek es el ejemplo palmario de que convertirse en payaso es la mejor manera de filosofar.

Viene todo esto a que el filósofo de moda en España ahora mismo es Byung-Chul Han. Nunca habrá un filósofo de moda que se llame Pedro Gómez, James Thompson o Jean Martin. La filosofía empieza en el espectáculo del nombre. Ser sur-coreano añade exotismo internacional a la marca. Llevar coleta y parecer que tienes siempre 40 años en todas las fotos, completa el cuadro. Luego Byung-Chul Han se ha molestado en escribir algunos libros, en efecto.

Byung-Chul Han hace libros cortitos para que puedas no entenderle acabándotelos

La gente que no lee nada (o sea, todos) se toma en serio a Han gracias a estas coordenadas rigurosamente mercadotécnicas. Al igual que el adolescente con ínfulas cree que una película es buena en la medida en la que te aburres viéndola, el lector común cree que Byung-Chul Han es filósofo en la medida en la que no entiende nada de lo que dice. Byung-Chul Han hace libros cortitos para que puedas no entenderle acabándotelos. No acabar un libro suyo pondría en jaque su estatus sociocultural.

He leído un montón de libros de Han y tengo mis quejas. Sólo copia, plagia, refríe, recalienta. Su arco de lecturas es muy limitado, básicamente no más de diez filósofos reconocidos son objeto de sus saqueos (a saber: Barthes, Baudrillard, Hegel, Foucault, Heidegger, Nietzsche, Derrida, Benjamin…). Emplea la frase corta para conseguir ser leído, y la yuxtaposición para conseguir no ser entendido. Los títulos de sus libros son intercambiables, las páginas de sus libros son intercambiables y también te los puedes leer al revés. Con todo, 'No-cosas' (Taurus) es un gran libro.

Me ha interesado de la primera a la última palabra, llega justo para hablar del presente que gira en torno al libro mientras pasas sus páginas. Esto es todo un mérito, ahora que el centro del debate no acaba nunca de determinarse.

Contra Eric Fromm

La idea más interesante del libro de Han se la voy a dar yo, no él. Porque la idea más interesante de 'No-cosas' sería el cambio de paradigma de la élite intelectual. Hace años, con Eric Fromm como mensajero menor de este discurso, ser inteligente, superior, culto, leído o “profundo” tenía que ver inapelablemente con despreciar el consumo. Con despreciar las cosas. 'Tener o ser', de Eric Fromm, ya les digo. Luego hubo un interregno penoso y devastador en el que nadie decía nunca que consumir alocadamente fuera malo. Incluso en medio del delirio ecologista que vivimos, nadie se atreve a decirle a los adolescentes que quizá sería mejor que no tuvieran móvil, o catorce regalos en Navidad. Por ahí no pasamos.

placeholder 'No-cosas' (Taurus)
'No-cosas' (Taurus)

Pero 'No-cosas' puede ser el comienzo de un paradójico y encantador cambio de dirección: decirle ahora a la gente que compre, toque y ame las cosas. Las cosas materiales, las cosas que se caen y se rompen, las cosas sobre las cuales la vida escribe temporalidades. Frente al desarraigo de la aplicación, frente a la higiene casi nazi de la pantalla plana, un perchero, un balón viejo, una silla que cojea. Ir hacia las cosas sería la propuesta explícita de Han, que no deja de tener su gracia si nos acordamos de que hace treinta años la idea elitista era exactamente la contraria: odiar lo material. “La crítica de Fromm a la sociedad moderna, más orientada al tener que al ser, no es hoy del todo acertada, porque vivimos en una sociedad de la experiencia y la comunicación, que prefiere el ser al tener”.

Gramola

“Nos volvemos ciegos para las cosas silenciosas, discretas, incluidas las habituales, las menudas o las comunes, que no nos estimulan, pero nos anclan en el ser”, escribe Han. Hay que coger el paraguas, el autobús, abrazarse al armario y notar que uno sigue vivo sobre el mundo.

Han lleva y trae citas y aciertos de varios filósofos durante cien páginas hasta llegar a su momento culminante, que es plagiar a Peter Handke. El premio Nobel austriaco escribió hace muchos años 'Ensayo sobre el jukebox' (Alianza), y Han acaba su libro con 'Una digresión sobre la gramola'. En su descargo hay que decir que el propio Han reconoce su fuente de inspiración.

Las cosas hacen que el tiempo sea tangible, mientras que los rituales lo hacen transitable

Entonces Han se ha comprado una gramola, esa máquina antigua de reproducción de discos de vinilo a cambio de una moneda. Se la ha comprado para tocar algo, oír ruiditos, golpearla en el costado si no funciona; contemplar en cada engranaje y rinconcito del cacharro toda la vida que le ha pasado por encima a la máquina, a él. “Sí, las cosas hacen que el tiempo sea tangible, mientras que los rituales lo hacen transitable”.

Así que ya lo saben: lo que mola ahora es volver al tocadiscos, a fregar los platos a mano, a buscar números de teléfono en guías de ochocientas páginas; hay que tocar más la materia de la que está hecha el mundo, los objetos que hicimos con esa materia. Cómprense un molinillo de café y muelan granos de café a mano antes de desayunar. Serán filósofos.

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