Es noticia
No hay mayor discurso de odio que llamar "facha" a todo el mundo
  1. Cultura
  2. Mala Fama
Alberto Olmos

Mala Fama

Por

No hay mayor discurso de odio que llamar "facha" a todo el mundo

Pedro Sánchez se mueve como pez en el agua en el mundo simbólico de los grandes valores, del "No a la guerra" a la app Hodio

Foto: Pedro Sáncez en la Primera Cumbre Internacional contra el Odio. (Europa Press/Fernando Sánchez)
Pedro Sáncez en la Primera Cumbre Internacional contra el Odio. (Europa Press/Fernando Sánchez)
EC EXCLUSIVO

La ortografía ha cambiado de bando y ahora podemos escribir odio con H. Si le ponemos la H a “odio”, sale Hodio, alta tecnología. Se trata de un app moral que Pedro Sánchez presentó en el Foro contra el Odio, donde todos se llevaban bien y al final se sirvió un cóctel. El Foro empezó como “Cumbre Internacional contra el Odio”, pero luego rebajó su prosopopeya y quedó en Foro contra el Odio. Toda la gente que participó en este evento odiaba a las mismas personas, lo que explica cómo pueden tener tan claro qué aversiones no deben permitirse. Las van a visibilizar, perseguir, medir y cronometrar. El odio puede cuantificarse, como la lluvia que cae.

Pedro Sánchez está afrontando en estas últimas semanas los retos que más le gustan. Son retos inmensos, irrelevantes, descomunales. Al presidente, si algo le favorece, es el mundo abstracto y los propósitos finalistas, con la Humanidad entera como beneficiaria. No hacer nada, pero que esa nada que no haces sea intachable. Perdido el fulgor moral de la guerra en Gaza, la guerra en Irán ha posibilitado un eslogan multiuso: No a la guerra. Después de un “No a la guerra” hay poco que decir. Llegará un día en el que lo progresista sea gritar “No a la muerte” y quien dé por hecho y defienda que, lo que es morirse, nos vamos a morir todos, será fascista. Entre medias de estar en contra de algo malo y ser tú mismo la maldad no hay grados ni intervalos. Sánchez está en contra de lo malo para que tú, que no le votas, seas lo malo.

El odio que vamos a perseguir con dinero público nadie ha concretado cuál es. Es odio, así en general. Y, si es en general, Pedro Sánchez y su equipo saben dónde encontrarlo: exactamente donde no estén ellos.

Para identificar “discursos de odio” Sánchez cuenta con expertos, académicos y sabios incorruptibles a tanto el informe. Cuando hacen falta expertos, se debe a la necesidad de que te den la razón. Uno no recurre a expertos para que pongan en solfa sus ocurrencias. Los expertos certificarán con años de estudio que Sánchez, sin estudios, sabía ya qué era el odio antes de llamarlos. “Lo que yo decía”, musitará en Moncloa.

La moral detrás de Hodio es muy exactamente esa: poder odiar con tranquilidad

La cosa se centrará en el machismo, la homofobia, la xenofobia y el negacionismo climático. Esto serían obviedades si no operaran como acaparadores del mal absoluto. Quiere decirse que limitando el odio a un rango ventajoso puedes seguir odiando fuera de ese evangelio. Puedes, en fin, seguir llamando “facha” a todo el mundo.

Por supuesto, Sánchez y su app moral Hodio apuntan a X principalmente, pues la red social del amor, Bluesky, no contiene odio. Está llena de buenas personas que se marcharon de X, y que en Bluesky se pasan el día diciendo cosas como estas: “la cerda de Estefanía Molina”, “Estefanía Molina eres tonta”, “además de tonta perdida, Estefanía Molina es lo más falso y manipulador que repta por las tertulias”, “Estefanía Molina es rematadamente imbécil”. O estas: “Me encantaría sangrarme los nudillos con la putísima cara de Juan Soto Ivars”.

O estas: “Roig me cae como el culo pero los defensores de Roig que no son ricos ni familia ni empleados es que son para darles dos sopapos”. “El inútil de Feijoo apoyado por el mierda de Abascal”. “La hija de la gran puta de Analía Plaza”.

Foto: (Fuente: EFE)

¿Es odio todo esto? No. En los años en que la prédica woke se volvió hegemónica, descubrí que odiar era más fácil que nunca, siempre que no pisaras las líneas rojas de este sistema moral. Así, un escrupuloso respeto por las minorías habilitaba para insultar, despreciar, humillar y acosar a todos los demás. Por ejemplo, la calvicie nunca ha entrado dentro del manto protector de lo woke, que se conforma con perseguir el racismo y la gordofobia. El catecismo implementado permitía muchos aliviaderos para el odio: bastaba con que una mujer fuera de derechas para poder llamarla puta; bastaba que alguien conservador fuera gay para poder hacer chistes con su sexualidad. Si hay un negro de Vox, nunca es racismo llamarle mono. Fue como si limitar la velocidad de los coches en zonas urbanas, y cumplir estrictamente con ese límite de velocidad, te permitiera ir a doscientos kilómetros por hora por todas las carreteras del país.

La moral que encontramos detrás de Hodio es muy exactamente esa: poder odiar con tranquilidad. Hodio detectará de forma selectiva desprecio y polarización, pero no dirá nada de llamar “fascista” o “facha” a gente que no ha roto un plato en su vida. No hay mayor discurso de odio que llamar “facha” a todo el mundo. Recordemos que Ciudadanos, el partido político Nenuco, era tan fascista en su momento que se acosó a su líder en Madrid embarazada, se les expulsó a gritos y bajo amenazas de la marcha del Orgullo, se les arrojaron latas vacías a las puertas del Congreso y se asoció a su líder con el consumo habitual de cocaína. ¿Era esto odio? Hodio con H te diría que no.

“Eres un hijo de puta fascista y lo sabes” (Bluesky) no es odio. Es lo que te define con total justicia por hacerte un selfie a las puertas del Mercadona.

La ortografía ha cambiado de bando y ahora podemos escribir odio con H. Si le ponemos la H a “odio”, sale Hodio, alta tecnología. Se trata de un app moral que Pedro Sánchez presentó en el Foro contra el Odio, donde todos se llevaban bien y al final se sirvió un cóctel. El Foro empezó como “Cumbre Internacional contra el Odio”, pero luego rebajó su prosopopeya y quedó en Foro contra el Odio. Toda la gente que participó en este evento odiaba a las mismas personas, lo que explica cómo pueden tener tan claro qué aversiones no deben permitirse. Las van a visibilizar, perseguir, medir y cronometrar. El odio puede cuantificarse, como la lluvia que cae.

Pedro Sánchez Social
El redactor recomienda