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Una hostia bien dada: Will Smith le dio su merecido a Chris Rock en los Oscar
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Daniel Arjona

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Una hostia bien dada: Will Smith le dio su merecido a Chris Rock en los Oscar

No nos gusta la violencia pero hubiéramos saboreado con mayor deleite el guantazo que se ha llevado esta noche en los Oscar Chris Rock si se lo hubiera soltado la agraviada Jada Pinker Smith

Foto: Will Smith abofetea a Chris Rock en los Oscar (REUTERS Brian Snyder)
Will Smith abofetea a Chris Rock en los Oscar (REUTERS Brian Snyder)

No hace falta clavar este primer párrafo como una alcayata perdida en un museo pero, en fin, que no se diga luego. No somos violentos, no nos gusta la violencia, ¡el heavy no es violencia! No nos hemos pegado en la vida y somos tan civilizados que, si parece que va a liarse a la salida del after, llamamos a la policía. Y algo más: somos firmes partidarios de reírnos absolutamente de todo, de los fuertes pero también de los débiles. Ricky Gervais se ha atrevido incluso con los pederastas y Anna Frank. Lo de Anna Frank que pueden ver aquí es buenísimo. El humor es la civilización encarnada, merece más protección que el lince ibérico. Ahora, negarle sus riesgos laborales al humor es no tomárselo en serio. Si Anna Frank volviera de ultratumba a soltarle un truco a Gervais, dudo que este protestara. Más bien se ganaría una medalla.

Es verdad que Chris Rock es un humorista pésimo pero los chistes malos son también un fruto maduro, aunque algo chucho, de la libertad de expresión. No nos gusta la violencia, pero hubiéramos saboreado con deleite el guantazo que se ha llevado esta noche en los Oscar si se lo hubiera soltado la agraviada Jada Pinker Smith en lugar de su protector consorte Will Smith. ¿Masculinidad tóxica? Hombre, hombre. Más tóxico y machirulo es reírse de una mujer enferma que pierde el pelo por un trastorno autoinmune. Y repito, tenemos todo el derecho a reírnos de ella, a carcajearnos de los tísicos y los desgraciados, de los pobres de espíritu y de los débiles. Por cierto, ¿de quién fue la culpa de la guerra de Ucrania? De los judíos y de los ciclistas. ¿Y por qué de los ciclistas?

Will, tu justificación posterior al recoger el Oscar sobre las locuras que se hacen por amor fue patética. También fieramente humana

No hace falta que me defiendas, yo me defiendo muy bien solita. Ella tiene razón, Will, tu justificación posterior al recoger el Oscar sobre las locuras que se hacen por amor fue patética. También fieramente humana. Es mejor conservar el autocontrol que perderlo, es mejor mantener la cabeza firme que arrojarla contra el frontón del extravío. Es mejor no ser un machito paternalista y vengador cuando tu chica no tiene la intención de perder el tiempo con un cretino. Es mejor todo eso, claro, pero a veces le gritas a tu hija cuando le dices algo veinte veces sin que te haga puñetero caso, a veces perdemos los estribos, somos frágiles, quebradizos, no siempre tenemos remedio. Y cuánto lo lamentamos después.

Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no reímos? Si nos envenenan, ¿acaso no morimos? Y si nos agravian, ¿no debemos vengarnos? Perdonen el cursi derrape shakespeariano pero, ¿un albañil se juega la vida en el andamio y un cómico chungueras no se puede jugar una hostia bien dada? Menos dramas. En realidad lo mejor de Chris Rock ha sido su respuesta, negándose a denunciar el tortazo y tomándoselo con humor y filosofía. Gajes del oficio.

No hace falta clavar este primer párrafo como una alcayata perdida en un museo pero, en fin, que no se diga luego. No somos violentos, no nos gusta la violencia, ¡el heavy no es violencia! No nos hemos pegado en la vida y somos tan civilizados que, si parece que va a liarse a la salida del after, llamamos a la policía. Y algo más: somos firmes partidarios de reírnos absolutamente de todo, de los fuertes pero también de los débiles. Ricky Gervais se ha atrevido incluso con los pederastas y Anna Frank. Lo de Anna Frank que pueden ver aquí es buenísimo. El humor es la civilización encarnada, merece más protección que el lince ibérico. Ahora, negarle sus riesgos laborales al humor es no tomárselo en serio. Si Anna Frank volviera de ultratumba a soltarle un truco a Gervais, dudo que este protestara. Más bien se ganaría una medalla.

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