La España contemporánea: el discurso de una impostura

La Fundación Mapfre se encarga de la exposición 'España contemporánea', una polémica visión del arte y la sociedad española desde el siglo XIX al siglo XXI

Foto: Juegos infantiles en Montjuic, Barcelona (Agustí Centelles)
Juegos infantiles en Montjuic, Barcelona (Agustí Centelles)

El pasado mes de octubre inauguró la Fundación Mapfre la exposición España contemporánea. Según los medios, se trata de una mezcla de “fotografías, pinturas y vestidos femeninos”, que reflejan “la evolución de la sociedad española desde el siglo XIX hasta el siglo XXI” y propone una “mirada original”, “una visión dinámica y plural de nuestras propias memorias y vivencias”. En el catálogo, el Director de la institución explica que se trata de “una historia contemporánea de España en la que todos los puntos de vista, en la que todas las opiniones pueden convivir”; por su parte, el comisario advierte que las fotografías, fragmentos seleccionados del “imaginario visual que compartimos”, le han aventurado a construir un relato, “uno de los muchos que se pueden construir”; una narración y, ya se sabe, las narraciones “aspiran a la veracidad pero no siempre se sustentan en ella”.

Ante esta exposición y estos planteamientos no solo nos encontramos indefensos, sino también se hace prácticamente inviable la crítica. Admitiendo de partida la fragmentación, la subjetividad y lo ficcional, se está en situación de legitimar cualquier actuación, máxime cuando se declara que en absoluto se pretende exhibir un “discurso hegemónico de la historia de España”, es decir, no se pretende la posesión de la verdad.

Encarnita Alcaraz, bailarina española en los años veinte, Madrid, 1925 (José Díaz Casariego)
Encarnita Alcaraz, bailarina española en los años veinte, Madrid, 1925 (José Díaz Casariego)
Como punto de partida es relevante señalar que el comisario en su presentación se hace eco de los debates habidos en los últimos cincuenta años acerca de la historia y su narración, de las prácticas discursivas y el poder, de la memoria y el archivo, de la representación y la inexistencia de la verdad más allá del discurso, etc. Debates que han sacudido los fundamentos sobre los que se asentaba la concepción de la Historia con mayúsculas y han hecho inadmisible la idea de una narración inamovible que reclame para sí la condición de objetividad.

La imposibilidad de un discurso único y universal pusieron sobre la mesa las exclusiones de la historiografía y del archivo, los mecanismos de control y de memoria, y la subjetividad del autor. Pero recuérdese que la validez del conocimiento es fruto del consenso, por eso, aunque todos los textos sean posibles, no todos son aceptables y no todo vale.

Pensé dedicar este escrito a la imagen y la historia que se ofrece de la mujer dada su presencia, entre otras razones porque es curioso que se muestre qué es un autocromo binocular a modo de “peepshow” de imágenes eróticas femeninas;que se encuentre la fotografía de La señorita Primo de Rivera montando a caballo, que intuyo es Pilar cuya gran obra, la Sección femenina de Falange, queda prácticamente desaparecida; que la única personalidad destacada de la Modernidad sea la bailarina Encarnita Alcaraz; que la incidencia del turismo se exprese a través de una joven en bikini y unas señoras borrachas; que la democracia nos haya posibilitado toquetear hombres desnudos como histéricas…

Ante esta exposición y estos planteamientos no solo nos encontramos indefensos, sino también se hace prácticamente inviable la críticaHe optado por el apartado “La guerra civil”, porque me impacta que compatriotas nuestros tengan que buscar justicia en Argentina, pero también porque, además de representativo, es desolador por su impostura, por su “fingimiento o engaño con apariencia de verdad” (tal cual es definida por la Academia).

Reconozco que como antesala del periodo me sorprendió la forma en que se hacían presentes las Misiones Pedagógicas, justo debajo de las fotografías de Joaquín Sicartre tratando a los visionarios de Ezkioga. Un paralelismo en mi opinión insostenible que, además, oculta el enorme significado político que tuvieron las últimas -estudiado por William A. Christian en Visionaries: The Spanish Republic and the Reign of Christ, (Universidad de California, 1996)-, y la trascendencia social de las primeras: si hubieran dispuesto junto a la imagen de los niños en el cine el fotomontaje de Josep Renau en el Pabellón Español de la Exposición de París, el visitante habría comprendido que enseñaron a leer a niñas que no tenían ni zapatos, o que a través del cine se pudo trascender el aislamiento y la pobreza rural, y acceder a conocer cómo era un pingüino, por ejemplo.

Salvador Dalí, ca. 1950 Fondo F. Catalá-Roca, Barcelona
Salvador Dalí, ca. 1950 Fondo F. Catalá-Roca, Barcelona
Se habría visualizado su trabajo en pro de la democratización de la educación y cultura, uno de los grandes desafíos de la Segunda República. Pero del vanguardista y comprometido Renau solo se puede ver un anuncio de piscinas, si bien en frente se muestra el compromiso de Juan CabanasErauskiy Falange «por las armas, la patria, el pan y la justicia», al que se suma otro cartel donde se puede ver que se habla de «amanecer» y «alegría» sobre un fondo estrellado.

Revisando la Guerra Civil

Otra agrupación inquietante de fotografías es la que muestra al Gobierno de la Generalitat en la cárcel en 1934, a José Antonio paseando en 1936 y a la intelectualidad, Miguel de Unamuno, rodeado de fascistas. No me resisto a informar que el delito del primero fue proclamar la República de Cataluña, que el segundo acababa de participar en un mitin de ideología fascista, y que el último se retractó del apoyo inicial que dio a los insurgentes. Y este es otro aspecto que hay que hacer notar, la información de sala que dice así: “El 18 de julio de 1936 se inicia en España la guerra civil. Uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia reciente. Las fotografías conviven con la propaganda política y reflejan la dolorosa fractura de un país destruido y dividido por la contienda fratricida”. Como se puede ver no se dan nombres.

En cuanto a los hitos señalados se aclara que el 17 de julio “da inicio en Melilla el levantamiento militar»” que el 14 de octubre llegan “los primeros voluntarios de las Brigadas Internacionales”, y que “El general Francisco Franco es nombrado Generalísimo y Jefe del Gobierno” [las mayúsculas son originales].

La emisión musical que se anuncia es en realidad el Himno de Riego, es decir, el himno de la República; el discurso de Calvo Sotelo seleccionado habla de la unidad de España, y termina la selección con el 'Cara al sol'Al año siguiente, lo relevante es que “El gobierno republicano de Negrín se traslada de Valencia a Barcelona” [las minúsculas son originales], en otras palabras, salieron huyendo (algo propio de cobardes); de 1938 se menciona “La batalla del Ebro, la más importante de la contienda, marca el desenlace de la guerra”;y así se llega a 1939 en que «Francia y Gran Bretaña reconocen el gobierno del general Franco” de modo que “el 1 de abril finaliza la Guerra Civil”. Una guerra donde los grandes reporteros, Capa y Centelles, tuvieron que manipular la realidad para hacerla convincente, o por lo menos eso se deduce del modo en que se presentan los dos grandes hitos visuales de la misma, símbolos de la lucha republicana por la defensa de la legalidad: El miliciano muerto y Guardias de asalto en la calle Diputación de Barcelona.

No cabe aquí para el comisario la renovación de los estudios de la fotografía, los nuevos discursos que ya no aceptan que sea una imagen especular de la realidad, ni basan su único valor de testimonio en la vinculación con el referente. Desvelando la “manipulación”, por composición de la escena o selección en el negativo, se resta toda fiabilidad a su verosimilitud y se anula la necesidad de su existencia, de modo que todo comienza a ser una ficción o un juego, claro que los únicos que juegan son los niños que se dedican a fusilar, y qué casualidad éstos son de la zona republicana.

Mono de miliciana, colección de Lorenzo Caprile
Mono de miliciana, colección de Lorenzo Caprile
Finalmente, el medio creativo por excelencia, el fotomontaje, no se ilustra con la obra de Renau sino con las portadas de periódico de John Hartfield, el gran referente del primero, es decir, se muestra lo genuino, quedando el valenciano no sólo definitivamente invisibilizado, sino también creativamente cuestionado.

La exposición recorre en paralelo la evolución del traje femenino, según comisarias, de los “vestidos y la moda en España desde 1840”. Así tomamos conciencia de que en los años treinta se utilizó el mono pantalón, el mainbocher y el mono de miliciana fabricado, según la ficha, con los siguientes materiales: sarga de algodón beige, fieltro, cuero y metal. Es posible que burguesas y aristócratas lo emplearan como disfraz, y eso es lo que parece así expuesto al fondo de la vitrina dedicada a la moda, pero aquellas que hicieron de él su primera piel lo vistieron con dignidad, como mujeres dueñas de su propio destino, luchando en defensa de la vida de sus hijos, de la libertad de sus maridos, del orden constitucional y la democracia.

Pero para saber esto hay que ir alos testimonios orales y pulsar el botón de la segunda sección donde Dolores Ibarruri, habla a las mujeres haciéndonos presente su ausencia visual.

Merece la pena poner atención a los sonidos que ilustran los años veinte y treinta: la emisión musical que se anuncia es en realidad el Himno de Riego, es decir, el himno de la República; el discurso de Calvo Sotelo seleccionado habla de la unidad de España, y termina la selección con el “Himno ‘Cara al sol’”. No creo en la ingenuidad de esta selección como tampoco que en la parte titulada Demócratas y europeos se vea una sucesión de fotos que representan al rock duro, la homosexualidad y las drogas (por ausencia se me hace presente el sida), o la disposición de la conmemoración de las víctimas de los atentados del 11 de marzo justo encima de una imagen de la kale borroka en el País Vasco. Tanta impostura no cabe en un artículo de periódico.

Tribuna

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