Dos Españas, un backstage
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Dos Españas, un backstage

Estoy escribiendo esto mientras entregan el Goya al Mejor guion original a David Trueba. Entonces, el soporte del iPad falla, y vuelca un vaso de Coca-Cola

Foto: Nacho Vigalondo y Alice Waddington (Efe)
Nacho Vigalondo y Alice Waddington (Efe)

Estoy escribiendo esto que lees mientras entregan el Goya al Mejor guión original a David Trueba. Entonces, eI soporte del iPad falla, y vuelca un vaso de Coca-Cola (el alcohol está felizmente prohibido), desaparramando el líquido sobre el traje de José Sacristán y por un segundo pienso que me acaban de incluir en cuatro listas negras. Pero Sacristán, uno de los actores que más admiro y ambiciono, agarra unas servilletas de papel con calma y me sonríe como Superman al gato al que acaba de rescatar del incendio. Estoy en los Goya, pero no estoy en una encrucijada de responsabilidades y protocolos. Estoy de esmoquin y a la vez en familia, estoy en el backstage de los Goya.

Diréis que todos nosotros, participantes del espectáculo de una manera u otra, al conocer de antemano el guión de la ceremonia, la seguimos en nuestra pantalla habilitada junto a los canapés de una manera más distanciada que el televidente medio. En realidad, ensayar la gala completa el día anterior elimina el factor sorpresa, pero a cambio multiplica el suspense.

Como público tendemos a pensar que la economía de recursos se refleja en la opulencia en pantalla. Como participante descubres que, cuando no se tiene el presupuesto de unos Oscar, lo primero que se resiente es el grado de preparación del evento. El ensayo del día anterior funciona como un aviso de todo lo que puede salir mal. Y desde aquí propongo a RTVE que lo emita en directo, que lo vea todo mundo y que así la audiencia de la gala se dispare, que así entendáis hasta qué punto en el backstage no estamos emocionalmente tan lejos de vuestros sofás.

De hecho, planteo esta teoría: este domingo por la noche, durante un lapso de unas horas, hay dos Españas, la que participa en la gala de los Goya y la que está viendo la gala en televisión y rajando. Pues bien, el backstage es el punto exacto en el que ambas Españas se fusionan como nunca se fusionaron dos Españas.

Imaginad la ya tradicional fiesta en un piso en el que te encuentras con los amigos y los no tanto, hay bebida, chuches, cachondeo, interés romántico, etcétera. Todo el mundo está pendiente de la gala con el deseo de confirmar sospechas, deseos o quinielas. También con el ansia, más o menos sublimada, de que suceda algo más allá del guión establecido, un atrevimiento, un patinazo, una catástrofe, una perfada y tener algo que comentar a gritos o tuitear lo antes posible. Imaginad ese mismo ambiente, amplificado por la ropa y el maestro jamonero, pero el mismo ambiente al fin y al cabo.

Hay una variante, propia de The Twilight Zone: los presentes desaparecen en un momento dado y aparecen dentro de la tele. El actor que está bebiendo de una petaca a escondidas (el alcohol está tristemente prohibido) se escurre tras una puerta y al instante le tenemos bailando en pantalla como si hubiese nacido en el plató. Carlos Areces, con esmoquin y gafas de Liberace, se disuelve, y a los diez segundos aparece en la tele disfrazado de Tejero-Transformer.

Se puede explicar así, como un relato de ciencia-ficción. Y también como una alegórica llamada a la concordia entre las dos Españas, ésa que aplaude en la gala y aquella que tuitea maldades. En realidad, todos somos iguales, todos haríamos el chiste si estuviésemos en casa y todos aplaudiríamos hasta sangrar si estuviésemos en las gradas. Seas de la España que seas, eres español.

*Nacho Vigalondo es director de cine y entregó el Goya a la mejor dirección novel

Cine español José Sacristán