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Decálogo para escribir una novela de época
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Decálogo para escribir una novela de época

José C. Vales, último Premio Nadal por 'Cabaret Biarritz', explica las claves para viajar literariamente en el tiempo sin perder el rumbo del entretenimiento

Foto: El escritor zamorano José C. Vales, último Premio Nadal por 'Cabaret Biarritz'. (EFE)
El escritor zamorano José C. Vales, último Premio Nadal por 'Cabaret Biarritz'. (EFE)

1. Escribir no es un juego periodístico

El primer —y fundamental— “mandamiento” de este decálogo es no creer en los decálogos para escribir novelas. Son un juego periodístico interesante, curioso, orientativo si se quiere, pero no pasa de ahí. Si crees que puedes escribir una novela ajustándote a un decálogo... vas listo. La literatura es un arte complejo y difícil, y es tan improbable aprender a escribir novelas con este método como aprender a operar hernias discales. Por otro lado, un servidor tampoco tiene la presunción de dar lecciones a nadie sobre el arte de escribir novelas.

2. Primero, la técnica

La literatura es un proceso de comunicación artística basado en la palabra. Y del mismo modo que los arquitectos o los médicos deben conocer hasta el último extremo los elementos que componen sus disciplinas, el escritor debe aprender todos los aspectos técnicos referidos a la lengua: morfosintaxis, semántica, historia de la lengua, retórica, crítica literaria, historia literaria... Si crees que para escribir literatura basta con dejar fluir tus “sentimientos” y tus “emociones”, éste no es tu oficio. (A no ser que seas un genio, cosa bastante probable en nuestros días, al parecer).

3. Luego, la Historia

Una “novela de época” no es una “novela histórica”. En una novela histórica —por expresarlo en términos básicos— los personajes y sucesos ficticios giran en torno a un hecho relevante de la Historia real. La “novela de época” traslada la ficción a una época pretérita sin necesidad de anclarla a un hecho históricamente relevante. Tanto si pretendes dedicarte a una modalidad como a la otra, más vale que vayas empezando a estudiar Historia y todas sus disciplinas anejas.

4. Peligro: anacronismo

El conocimiento de la Historia en todos sus aspectos (social, económico, doméstico, médico, político, literario, artístico, etcétera) es fundamental, obviamente, pero hay una disciplina en la que tendrás que sumergirte si quieres seguir este camino: la Historia de las Mentalidades. Cada época, cada espacio geográfico o humano, cada movimiento cultural tiene su propia mentalidad, y conviene conocerla al dedillo. En las novelas hay pocas cosas más ridículas que una mujer del siglo XVII pensando como una joven feminista de nuestros días, o un gladiador haciendo gala de una mentalidad medieval o romántica.

5. Hablar de época

Si los anacronismos ideológicos, culturales, sociales, económicos o domésticos son lamentables, aún lo son más los anacronismos lingüísticos: cada época y cada lugar tienen su historia lingüística, con su léxico, sus fórmulas, sus giros, sus estructuras, etc. Es tan triste oír a un visigodo hablar de “derechos humanos” como a una joven dama decimonónica de Hertfordshire pronunciándose como una hipster de Malasaña. Lamentándolo mucho, hay que volver a la Historia de la Lengua, a los diccionarios históricos, a los estudios etimológicos y, en general, a la Filología y a la Historia.

6. Documentar o morir

Si eres de los autores que sólo pretenden expresar sus sentimientos sentimentales, sus emociones emocionantes y, en general, eso tan dudoso y terrible llamado “lo-que-llevo-dentro”, seguramente no necesitarás estudiar nada; eso es lo bueno de ser un artista genial e inspirado de nuestros días: que no se precisa estudiar. Pero si no eres un genio, necesitarás documentarte antes de empezar a escribir una “novela de época”. La documentación no sólo está en los libros de Historia, también está en la literatura de la época, en la filosofía, en los grabados, en la pintura y en el arte en general, en los registros demográficos y económicos, en... Lamento darte malas noticias, pero tendrás que emplear mucho tiempo y esfuerzo en este proceso documental.

7. Eruditos, no

Pero el caudal de la información no sirve de mucho si no se sabe qué hacer con ella. La selección de la información, la organización de los datos y la estructura de las referencias engarzadas con la trama imaginativa es esencial. Pocas cosas hay tan molestas como un novelista que quiere incluir en su novela toda la documentación que ha recabado. El novelista que pretende dárselas de erudito (generalmente erudito aficionado), endilgándonos toda la documentación wikipédica que ha reunido, resulta agotador. Buena parte del arte literario en estas novelas consiste en dejar fluir naturalmente la información, sin llamar la atención sobre detalles que son relevantes para nosotros pero que eran cosa cotidiana en su momento. La habilidad del escritor es también una habilidad de editor: saber cuándo algo es relevante y oportuno, y cuándo no.

8. Miente con naturalidad

A no ser que te hayas entregado a la perversión psicopatológica de “escribir para ti mismo”, sabrás que el proceso de comunicación literaria sólo se cumple si alguien lee lo que has escrito. Y escribes para los lectores de tu tiempo (y, con suerte, del futuro), así que no intentes escribir las novelas de Cervantes, Austen o Dostoievski: ellos ya transitaron ese camino y llegaron al final. La imitatio es un buen ejercicio, e incluso recomendable, pero intenta subir a hombros de gigantes, como decían en el Renacimiento. Tu objetivo —con las herramientas que te proporcionan la retórica, las técnicas literarias, la tradición y tu propio talento— es trasladar al lector a un universo del pasado y conseguir que ese juego resulte coherente, convincente, atractivo y literariamente interesante. Si consigues que tus personajes deambulen por esos escenarios históricos con naturalidad y logras que el lector siga sus andanzas... bueno, tal vez tengas suerte.

9. Sí: entretenimiento

Imagina que lo sabes todo de una época, que cuentas con una documentación solvente y una formación histórica y filológica adecuada: ¡ahora viene lo divertido! Ya tienes el escenario ideológico e histórico: tienes que contar una buena historia. Contar bien una buena historia: eso es la literatura. Contar una buena historia del mejor modo posible: eso es un clásico. Parece sencillo, pero los lectores tienden a aburrirse, así que, como decía C. S. Lewis, más te vale ser entretenido. Recuerda que la formación histórica y filológica no garantiza una buena narración, pero puedes estar seguro de que sin ese bagaje tampoco la tendrás.

10. Sin compromiso

Y por último, debes asumir que se te acusará de escapismo (“huir o evadirse de la realidad”, según el DRAE). Dichas acusaciones se relacionan habitualmente con la idea de falta de compromiso social, ausencia de contemporaneidad literaria, de costumbrismo idealista o frivolidad esteticista. Como semejantes acusaciones son majaderías, no tienes necesidad de rebatirlas: tienes derecho a que no te interese este mundo mostrenco y aburrido, cínico, cobardón y banal, y tienes derecho a buscar y retomar ideas más sustanciales en otras épocas y lugares. Por otra parte, alejarte del infantilismo de la literatura psicologista, de la moderna literatura “asustaviejas” o de intensidades lloriqueantes tampoco es mala idea.

José C. Vales es un escritor, filólogo y traductor. Premio Nadal 2015 por Cabaret Biarritz. Antes publicó Cuentos de Navidad, de Charles Dickens (Espasa, 2011) y Las torres de Barchester (Espasa, 2008).

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