Tenemos que hablar del himno: Marta Sánchez y el regreso de un debate necesario. Blogs de Tribuna
¿Se acabaron los complejos?

Tenemos que hablar del himno: Marta Sánchez y el regreso de un debate necesario

Desde los años ochenta, el patriotismo ha sido reivindicado en exclusiva por la derecha. Que ahora abrace el himno una superventas pop significa que avanza hacia la normalización

Foto: Captura de Marta Sánchez durante la interpretación de su versión del himno.
Captura de Marta Sánchez durante la interpretación de su versión del himno.

Fue la noticia viral del domingo. Marta Sánchez, una de nuestras grandes estrellas pop, cuyo éxito traspasa el Atlántico, incluyó en su concierto del Teatro de la Zarzuela una versión del himno nacional con letra de su cosecha. En cualquier otro país de Occidente, el gesto hubiera sido una anécdota. En el nuestro, en cambio, se convirtió en 'trending topic' y recibió elogios de destacados políticos de centro, derecha y extrema derecha. Sánchez fue felicitada por Mariano Rajoy, Albert Rivera, Juan Carlos Girauta, Rosa Díez y Santiago Abascal, entre otros.

¿El motivo? Desde los años ochenta, el patriotismo ha sido reivindicado en exclusiva por la derecha. Podemos hizo el primer intento de una recuperación desde la izquierda. Que ahora abrace el himno una superventas pop significa que se ha dado un paso hacia la normalización. Marta Sánchez nunca ha escondido el amor hacia su país, por ejemplo en 1990 cuando actuó con Olé Olé en la fragata 'Numancia' para las tropas españolas destacadas en la primera guerra de Irak. A pesar del precedente, no estamos ante una estrella que se considere derechista, conservadora o reaccionaria. Es un conocido icono gay con seguidores de todo el espectro político. Su gesto del domingo puede ser objeto de debate, pero también apunta al deshielo de complejos nacionales.

Silencio en la izquierda

No estamos ante un hecho aislado. En los últimos meses, hubo otros similares. El pasado octubre, la discoteca Pachá de Madrid enloqueció cuando el 'discjockey' de guardia pinchó el himno nacional. La diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada arrancó aplausos al apostar por modelos en rojo y gualda en su última colección. La gira conjunta de Taburete y Hombres G encendió a sus fans de Barcelona, que se entregaron eufóricos al cántico “Yo soy español, español, español”. No hay duda de que algo está cambiando. La actual crisis territorial ha revalorizado los símbolos patrios. No existen estadísticas, pero parece obvio que la mayoría de los españoles —cansados de los privilegios económicos nacionalistas de los últimos 40 años— reciben con simpatía estos tributos espontáneos. Para otros, el himno todavía huele demasiado a derecha reaccionaria o directamente a franquismo. Un repaso a las redes de los líderes de izquierda descubre que ninguno apoyó la iniciativa de Marta Sánchez. Solo Gabriel Rufián hizo una de sus típicas bromas, que por frecuentes han dejado de ser noticia.

¿Cambiar a estas alturas?

Seamos honestos: España no dispone de un himno que nos unifique. El prestigioso crítico musical Diego Manrique, referente del diario 'El País', propuso hace unos años cambiar el actual himno por 'Volando voy', un éxito flamenco-pop escrito por Kiko Veneno que tomó tremenda altura en la voz de Camarón de la Isla. Su letra es elegante y contagiosa: una reivindicación del hedonismo, la vida nómada y la despreocupación. Era una propuesta audaz 'para contar con una sintonía nacional de consenso. Veneno declaró tiempo después que para él sería un orgullo. Como era previsible, la propuesta resultó demasiado bohemia para ser tomada en serio por las élites del país. Tampoco es sencillo cambiar de himno para un país con una historia tan larga como la nuestra. No existe apenas tradición de versiones pop del himno español, debido a sus connotaciones políticas y a la tendencia de las estrellas pop a no meterse en líos. Letras alegres y patrióticas como 'Que viva España', de Manolo Escobar, son cantadas con mayor entusiasmo y naturalidad por jubilados británicos y alemanes que por la mayoría de los nacidos aquí.

Un ejemplo de normalidad

Por supuesto, se mira con envidia la naturalidad con que se hacen versiones del himno nacional estadounidense. Jimi Hendrix lo deconstruyó en el Woodstock de 1969 como si la partitura hubiese caído en una marmita de ácido. Toda la generación contracultural la disfrutó como propia. Whitney Houston emocionó al país con una versión pluscuamperfecta en la Superbowl de 1991. Marvin Gaye hizo lo propio en el All Star Game de la NBA en 2004, poco antes de morir. Su revisión en clave rhythm & blues resulta hipnótica. Solo hay otro país que tenga una relación más idílica con su himno. Nos referimos, claro, a Francia, que ha conseguido que 'La Marsellesa' no solo sea un tótem nacional adorado por sus ciudadanos, sino que ha seducido a partidarios de la igualdad y la justicia social en todo el mundo. En 1979, el 'enfant terrible' Serge Gainsbourg formó un pequeño escándalo nacional al publicar una versión reggae y gamberra. A pesar de las críticas, no hay nada más positivo para un himno que el hecho de ser aceptado por un músico iconoclasta. Eso significa que ha calado hasta el último rincón de la sociedad. Una versión punk, trap o techno de nuestra 'Marcha granadera' (nombre oficial del himno) sería señal de que ha dejado de ser un problema para comenzar a verse como un cemento nacional. ¿Ocurrirá algún día? Aunque todavía no haya llegado, hay que dar las gracias a Marta Sánchez por poner el debate encima de la mesa.

Tribuna

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