Acoso sexual: Izal y la rebelión de las groupies (cómo destrozar la vida de un artista)

Izal y la rebelión de las groupies (cómo destrozar la vida de un artista)

Al músico le están pegando fuego en la red social. Lo llaman acosador y presentan pruebas. Las pruebas son basura

Foto: Mikel Izal en concierto en Murcia. (EFE)
Mikel Izal en concierto en Murcia. (EFE)

A Izal, cantante de moda, se le han subido las grouppies a las barbas y le están pegando fuego en la red social. Lo llaman acosador y presentan pruebas. Las pruebas son basura. Mensajes privados en los que, básicamente, Izal las invita a follar. Los leo, curioseo, y os diré lo que pienso aunque arda Troya: lo último que hace Izal (en esos mensajes) es acosar. No me jodáis.

¿Qué hay en esos mensajes? Izal, que se va de gira. “Oye, voy a tu pueblo, ¿te dejas follar?” Si vamos a llamar acoso a esto, tendremos que inventar una palabra diferente para la actitud de los auténticos acosadores, de los marranos y los hijos de puta. Dicho de otra forma: si queréis convencerme de que Izal os acosa, vais a tener que enseñarme algo más.

Cito textualmente uno de los cargos. Con piedras como esta lo están lapidando: “Mikel Izal (…) busca chicas de esa ciudad y las dice de todo menos cosas bonitas. Es un cerdo. A mi novia la intentó camelar invitándola a su hotel. Cuando le rechazó la dijo que era una cerrada y que no sabía lo que se perdía. Menudo payaso”. ¿Esto es acoso? ¿En serio? ¿La palabra de un novio celoso es algo que tendría en cuenta un juez?

Pues sí. Lo dice la prensa. Acusado de acoso. Porque la palabra “acoso” deslumbra y da clics. La Era del Consentimiento es un tiempo glorioso de la legítima denuncia donde se mezcla, por desgracia, el hambre con las ganas de comer. Ante la palabra acoso no hay hombre que pueda defenderse, no hay matiz. Los amigos escribirán por privado al acusado pero no se atreverán a defenderlo en público. Jamás.

Pero si nos interesa lo que es justo, alguien tendrá que decir en voz alta antes o después que se está mezclando la denuncia con el ansia pueril de protagonismo y de atención. Si vamos a enjuiciar a los violadores fuera de los juzgados porque no nos fiamos de la “justicia patriarcal”, alguien tendrá que preguntar quién demonios es el juez.

Tendremos que preguntarnos si el testimonio de anónimas tuiteras y chicas con seudónimo sirven para destrozarle la vida a un artista. Tendremos que preguntarnos qué cabe exigir a cambio del “yo sí te creo”, o si vamos a dar carta blanca a todo aquel que tenga ganas de malmeter. Tendremos que preguntarnos si, en estas ordalías donde el acusado debe demostrar siempre su inocencia, podemos dar por prueba esas conversaciones donde no se muestra lo que sucedió antes ni las respuestas, sólo a un tipo famoso retratado como un salido que te escribe para follar. Y tendremos que preguntarnos si escribir para follar es un delito. Tendremos que preguntarnos dónde empieza el acoso y dónde está lo que siempre fueron ganas de follar.

Tendremos que preguntarnos dónde empieza el acoso y dónde está lo que siempre fueron ganas de follar

¿Hablo desde un prejuicio? Seguro: soy un hombre que tiene muchas amigas que pondrían los cuernos a su marido si Izal las invitase a subir a la habitación del hotel. En un comunicado, el músico ha negado todas las acusaciones y ha dicho que siempre ha follado con consentimiento. ¿Alguien lo niega? ¿Hay alguna acusación que lo desmiente? Por el momento no.

Lo que hay es ruido y algo que me sabe a difamación. Digo esto sin conocer a Izal de nada porque, tras las acusadoras anónimas, viene la piara de homúnculos que no han follado en su vida y que lanzan las primeras piedras corroídos por la envidia. Si ponemos las intimidades encima de la mesa tendremos que hablar también de algunas palabras olvidadas, como “desesperación”, “pagafantas” y “oportunismo”.

Porque a unos metros de esta polémica imbécil hay, todos lo sabemos, hombres desaprensivos que utilizan su posición para meter los dedos donde no deben. Productores, escenógrafos, comisarios de exposición, directores de periódicos y políticos de izquierdas que han acosado a toda becaria que se les ha cruzado por delante. Así que, ¿de verdad un músico que invita a sus fans al hotel es un acosador?

Pues vale. No dejo de preguntarme una cosa. ¿Por qué ha desaparecido el término 'groupie' desde que empezaron a pasar por la picadora tipos como Izal? ¿Nunca han existido las zorras? ¿Me lo estáis diciendo en serio? Juradme que nunca existieron y me tragaré todas mis palabras. Decídmelo en serio y mandaré a tomar por saco al violador Izal. Si han de cambiar las reglas del juego lo acepto. Pero si vamos a decir la verdad, empecemos diciendo toda la verdad

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
41 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios