Arcadi Espada y el tour de la Manada

En pocos días, dos atentados contra la inteligencia pagados con dinero público, dos denuncias que ponen en cuestión la libertad de expresión de los creadores

Foto: Arcadi Espada, en 'Chester' con Risto Mejide. (Mediaset)
Arcadi Espada, en 'Chester' con Risto Mejide. (Mediaset)

En pocos días, dos atentados contra la inteligencia pagados con dinero público. El departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat de Cataluña ha denunciado a Arcadi Espada porque, según ellos, el artículo aquel que no le gustó a Risto Mejide estaba incitando al odio contra las personas con discapacidad. Además, el Instituto de la Igualdad de Navarra ha denunciado al colectivo ultrarracionalista Homo Velamine por una web satírica que ofrecía un “tour de la Manada” y que, según el instituto ese, también incitaba al odio y la violencia y bla bla bla.

A Espada ya lo conocéis (luego iremos a su caso), pero aquí va el currículum de Homo Velamine: se vistieron de curas y monjas para apoyar a Iglesias en Vista Alegre II, colgaron carteles de desahucio en edificios feos de Madrid simulando ser el ayuntamiento de Manuela Carmena, se disfrazaron de hipsters para celebrar en Génova la victoria de Rajoy y se sumaron, ataviados de travestis, a la manifestación antifeminista del 8 de marzo. Es decir: nada de lo hacen debe ser interpretado literalmente. Lo cual es un riesgo tremendo en un mundo como este, dominado (y gobernado) por la literalidad.

Acción de Homo Velamine en la sede del PP en Génova
Acción de Homo Velamine en la sede del PP en Génova

Esta vez ofertaban un paseo guiado (ficticio) por los lugares de Pamplona que vimos en la tele hasta atragantarnos, como el banco donde la víctima conoció a los de la Manada, la pensión donde estos pernoctaban o el portal donde violaron la muchacha. Según explicaron ellos mismos, con esta acción estaban tentando a la prensa para que lo publicara. Querían poner encima de la mesa el morbo recreativo con que se informa sobre estas cosas.

Estaban siendo osados. Estaban siendo irreverentes. Estaban siendo incorrectos. Y sobre todo: estaban siendo sutiles. Mala cosa. Si algo se puede interpretar de varias formas, siempre será interpretado de la forma más dolorosa por quienes viven (y se financian) diciendo que nos defienden del dolor. Si algo se puede interpretar de una forma a los dos minutos y de otra muy distinta a los tres días, siempre se interpretará de la primera forma. Lo que nos lleva, por cierto, a la denuncia de la Generalitat contra Espada.

Si te adhieres a manifiestos en defensa de los que piensan como tú, alguien podrá pensar que prostituyes la libertad de expresión

Este viernes se publica un manifiesto defendiendo a Espada. Lo he firmado con la conciencia tranquila porque con las opiniones de Espada tengo más discrepancias que afinidades. Esta debería ser una condición indispensable para firmar en defensa de un opinador. De lo contrario, si te adhieres a manifiestos en defensa de los que piensan como tú, alguien podrá pensar que no firmas por la libertad de expresión, sino que prostituyes el término para defenderte a ti mismo. O que eres Valtonyc.

Arcadi Espada. (EFE)
Arcadi Espada. (EFE)

Si firmo en defensa de Espada es porque su texto aquel tan polémico no se ha entendido, y porque él me parece tirando a gilipollas. Coincidimos por primera vez en un acto de homenaje a Manuel Alcántara donde le montó un pollo inenarrable a Almudena Grandes en una mesa redonda. En el almuerzo se me sentó enfrente y quiso saber si yo vivía en Barcelona. Cuando respondí que sí, me preguntó con fingida fascinación cómo es ser pobre en Barcelona, y después ya no me dirigió más la palabra en toda la comida. Años después coincidíamos en lo de Ana Rosa. A las nueve de la mañana, las trampas retóricas del tertuliano Espada pueden causar cáncer de colon. Me alegré cuando Ana Rosa dejó de llamarme.

Pero en este mundo hay dos clases de gilipollas: el que tira en solitario, como Espada, y el que, como Mejide, la Fallarás o tantos otros, se adhiere a la cruzada que le proporciona mejor reputación y amigos más convenientes. De manera que un gilipollas como Espada será odiado cuando diga lo que piensa, mientras un gilipollas como Risto será aborrecido por decir a los demás lo que tienen que pensar.

En fin. Ambas denuncias, la de Espada y la de Homo Velamine, tienen muchas cosas en común: se originan de la lectura literal de un texto, se apoyan en la falacia de la defensa del más débil y acusan de incitación al odio a los autores de unas obras que ni siquiera se hace el esfuerzo de interpretar. Es lo que pasa, por cierto, cuando gente que no aprobaría ni el comentario de texto de la selectividad teoriza sobre los efectos de la cultura en la sociedad.

Tribuna
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