Camilo Sesto dice adiós al final de los amores de verano

El rey del Olimpo musical se ha ido cuando la canícula está a punto de decir adiós. Al final de los amores de verano, de los bailes en la plaza del pueblo, del 'agarrao' y los bailes lentos

Foto: El cantante Camilo Sesto, durante la presentación de su álbum 'Camilo sinfónico'. (EFE)
El cantante Camilo Sesto, durante la presentación de su álbum 'Camilo sinfónico'. (EFE)

La muerte de Camilo Sesto supone el fin de una era. A estas alturas, puede que el periodismo de mesa camilla haya puesto los motores en marcha con la intención de desnudar las tragedias, los infortunios o la extraña transformación física de quien llegó a ser bautizado “el español más famoso de la historia”, dejando atrás a grandes como Raphael, Julio Iglesias o Nino Bravo. No quiero saber nada, me niego a bucear en la inmundicia. No en vano, todos tenemos nuestras miserias, y si no, que levante la mano quien esté libre de pecado.

Camilo Sesto se ha ido justo cuando la canícula está a punto de decir adiós, al final de la estación de las verbenas, de los bailes en la plaza del pueblo, del 'agarrao', de la palanca, de las lentas, de los amores de verano, aquellos que vivíamos como si no hubiera un mañana aunque duraran un suspiro, aquellos que penábamos en otoño machacando el vinilo de 45 rpm una y otra vez.

"El amor de mi vida has sido tú, el amor de mi vida sigues siendo tú. Por lo que más quieras, no me arranques de ti. De rodillas te ruego, no me dejes así".

Con Camilo Sesto se van los amores y desamores de millones de españoles que se desgañitaron intentando llegar a un registro inaccesible. Una voz inimitable capaz de aunar los matices más expresivos, con una potencia y flexibilidad propias de los tocados por la varita divina. Su voz superaba las tres octavas, ya que su registro abarcaba desde la tesitura de bajo hasta la de tenor, llegando incluso a la de tenor-soprano. Camilo Sesto colocaba bien la voz, la proyectaba como nadie, puede que el óxido del tiempo menguara su destreza, hasta llegar a forzar la garganta y terminar por quebrar el instrumento, pero resulta innegable que mientras duró, fue el rey del Olimpo musical.

Me quedo con el magnífico Camilo Sesto cantante, compositor fértil que deja como legado más de 40 producciones discográficas, varios discos de platino, cientos de composiciones y más de 100 millones de discos vendidos en todo el mundo, adelantado empresario que apostó todo su capital para estrenar la versión española de 'Jesucristo Superstar' y pionero del fenómeno de fans.

Camilo Blanes (Alcoy, Alicante, 1946) fue un personaje esencial para entender la España de la década de los setenta, cuya influencia franqueó lo artístico para adentrarse en el terreno sentimental.

Convertido en primera espada de la música internacional, se propuso estrenar la ópera rock de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice en un país sin tradición de musicales. Él la había visto en Londres y, seducido por la magnificencia de la obra, no paró hasta hacerla realidad en su idioma. Un capricho que le costó 12 millones de pesetas de la época. 'Jesucristo Superstar' se estrenó el 6 de noviembre de 1975 en el Teatro Alcalá Palace de Madrid con un elenco espectacular: Camilo Sesto metido en la piel de Jesucristo, Ángela Carrasco, que pasará a la historia como María Magdalena, y Teddy Bautista, responsable de los arreglos y encarnando a Judas. Fue un éxito rotundo del que el mismísimo Webber dijo: “De todas las producciones realizadas a lo largo del mundo, la única equiparable a la original estadounidense fue la española". Ahí queda eso.

Camilo Sesto. (EFE)
Camilo Sesto. (EFE)

No contento con el éxito de la ópera rock, en esa misma época compuso 'Melina', canción dedicada a la activista griega Melina Merkouri, tema del que rezumaba cierto mensaje protesta contra la dictadura que estaba a punto de desaparecer.

"Vivir así­ es morir de amor, por amor tengo el alma herida, por amor, no quiero más vida que su vida, melancolía. Vivir así­ es morir de amor, soy mendigo de sus besos, soy su amigo, quiero ser algo más que eso, melancolía".

No hay fiesta ni karaoke en la que no suenen los acordes de esta canción compuesta en 1978. Delirante desde las primeras notas, se trata del tema aventajado de un cantante que también fue compositor sin tener demasiadas nociones de música. Nacido en el seno de una familia humilde, sus primeros escarceos con la música llegaron de la mano del coro del colegio, y cuando tomó conciencia de su pasión comenzó a componer con una grabadora de casete y una guitarra compartida a la que casi siempre le faltaba una cuerda.

Camilo Sesto fue el precursor de la canción melódica, el vínculo entre la balada y los solistas poperos de finales de los años setenta y principios de los ochenta, aquellos que colonizaron las páginas del 'Super Pop' y las carpetas de miles de adolescentes de hormonas revueltas. Los Pecos, Iván o Pedro Marín solo tuvieron que imitar el modelo marquetiniano urdido por el maestro, porque en cuestión de voz, Camilo fue único.

Monotemático, toda la vida le cantó al amor, mejor dicho al desamor, porque ya se sabe, las penas siempre se espantan mejor con música.

Habrá un vacío grande y mudo como el alma. Algo de mí, algo de mí, algo se va muriendo.

Buen viaje, maestro.

Tribuna
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