'La línea invisible' de ETA: la serie que llega donde no llegaron los historiadores

¿Por qué esta serie plantea un debate más rico y profundo que cualquiera de los libros de historia que se han escrito sobre este tema hasta el momento?

Foto: 'La línea invisible'
'La línea invisible'

'La línea invisible' es la nueva serie sobre ETA estrenada recientemente por Movistar. Hay punto de partida. Como dice la narradora de la serie, “Cuando se jodió todo” o, en otras palabras, cuando ETA cruzó “la línea invisible” y se atrevió a usar la violencia contra el régimen de Franco. Esa “línea invisible” se cruza en un contexto histórico de “tardo-franquismo” (1959-1975), donde el País Vasco vivía su segundo desarrollo industrial (recordemos que el primero fue a finales del siglo XIX) y los vascos reflexionaban sobre como podían conservar sus costumbres y tradiciones con una modernidad que había llegado para quedarse. Esa contradicción (abrazar el progreso y a la vez no querer perder las raíces) la representa a la perfección el protagonista de la serie, Txabi Etxebarrieta. El hijo que toda madre querría tener (responsable, inteligente y precavido), se convence a sí mismo (capítulo tras capítulo) que su prometedora vida como futuro profesor de la Universidad de Oxford no va a tener lugar.

Si Txabi Etxebarrieta representa el arquetipo de la comunidad nacionalista vasca (el joven con un futuro prometedor que lo deja todo para sacrificar su vida por el pueblo), el otro protagonista de la serie simboliza la antítesis. Melitón Manzanas es el jefe de la brigada político social de la provincia vasca de Guipúzcoa encargado de ‘mantener el orden’. Melitón viste con chapela (boina vasca), y mantiene relaciones de afecto con sus vecinos, asistiendo regularmente a la iglesia y a partidos de ‘pelota vasca’. Es un chivato, si, pero vasco como cualquier otro. De esos vascos que salieron victoriosos de la guerra civil y saben como seguir manteniendo el orden en las vascongadas. Exige que desde Madrid le dejen ‘manga ancha’, ya que él sabe como funciona y por lo tanto que necesita realmente su pueblo. A pesar de recibir sobornos, de practicar torturas y de (ya menos grave) tener una amante, Melitón es humanizado en la serie a través del amor que siente por su hija. El espectador, que sabe desde el primer capítulo que Melitón morirá asesinado por ETA, en ningún momento recibe el estímulo de simpatizar con ese atentado. El espectador ha recibido demasiada información sobre la vida de Melitón. Se ha acercado demasiado a su intimidad como para que de un plumazo ese personaje tan interesante deje de existir.

¿Qué dispositivos hicieron perdurar a la comunidad nacionalista vasca en un contexto tan adverso como la dictadura? Y, aún mas importante, ¿Cómo acabó surgiendo una organización terrorista desde sus propias filas? En una escena en la que aparecen hablando Melitón y un inspector de policía, este último le dice que “en las vascongadas nunca se han solucionado las cosas a tiros”. En otras palabras, a finales de los años sesenta, ETA había hecho algunos grafitis reivindicativos, e incluso se había atrevido a poner una bomba casera y volar un monumento de la falange, pero nadie (ni dentro del nacionalismo vasco, ni desde la policía española) se atrevería a pensar que un vasco podría matar a otro después de los horrores que se habían vivido treinta años antes durante la guerra civil.

El momento culmen de la serie es cuando Etxebarrieta, en sus dudas de quitar por primera vez la vida a alguien, visita a un cura vasco

La clave, el momento culminante de la serie, no es la muerte de Txabi Etxebarrieta a manos de un guardia civil durante un control rutinario en carretera. Tampoco el asesinato por ETA de Melitón Manzanas, que se produce antes de lo previsto debido a la frustración que causa dentro de la comunidad nacionalista vasca la muerte de Etxebarriera. El momento culmen de la serie es cuando Etxebarrieta, en sus dudas de quitar por primera vez la vida a alguien, visita a un cura vasco. En ese momento el espectador espera la respuesta categórica de un hombre de Dios en forma de mandamiento: “no matarás”. En lugar de eso, el cura le habla a Etxebarrieta de “los costes de sacrificarse por su pueblo”, y de una manera aún más mística, le dice que la única manera de resolver sus dudas acerca del uso de la violencia es “buscando en su propia verdad”. Si la iglesia española (y el mismo Vaticano de la mano del papa Pío XII) había apoyado la sublevación del bando rebelde (en forma de ‘cruzada’ o ‘guerra santa’) durante la II República y la posterior represión durante la posguerra, ahora el clero vasco no ponía obstáculos a que ETA cruzara “la línea invisible”.

Un debate de verdad

Como historiador y habiéndole dedicado seis años de mi vida a investigar el conflicto vasco, la pregunta que me hago es, ¿por qué esta serie plantea un debate más rico y profundo que cualquiera de los libros de historia que se han escrito sobre este tema hasta el momento? Los antropólogos llevan décadas hablando del ‘mundo de los afectos’ (o las subjetividades) como el terreno donde los seres humanos se cuestionan su lugar en el mundo. En una de las últimas escenas de la serie, llevando una vida en clandestinidad, varios militantes de ETA se cuestionan el asesinato de Melitón Manzanas debido a que tiene una hija. A su vez, el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy es asesinado, dejando a la población de ese país (y a gran parte del mundo) en un profundo shock. Los sesos (trozos de cerebro) esparcidos por la falda rosa de Jacqueline Kennedy fueron filmados en ‘prime time’ por todas las televisiones del país, deja en evidencia que el hombre más protegido del planeta también era vulnerable.

¿Por qué esta serie plantea un debate más rico y profundo que cualquiera de los libros de historia que se han escrito?

A finales de los años sesenta la sociedad española y vasca vio como la vida se hacía más compleja. El nacionalismo vasco (PNV) había nacido a principios del siglo XX impulsado por unas clases medias que se habían visto afectadas (fuera de la historia) por los sectores que impulsaron el proceso de industrialización (oligarquía financiera vasca y clases trabajadoras españolas). Unas décadas después, durante los planes de estabilización (modernización de la economía) impulsados durante los años sesenta por los tecnócratas del Opus Dei, emergía una ETA que, a diferencia que su antecesor (el PNV) no le temía a la modernidad. Si el PNV estuvo durante treinta años (desde que terminó la guerra civil) reclamando el folclore vasco en las fiestas de los pueblos, ETA hizo de la conflictividad que llegaba con la sociedad moderna (la lucha en las fábricas o los deseos de los jóvenes vascos de escapar de una España feudal y autárquica) su principal leitmotiv. El régimen de Franco jamás se pudo llegar a imaginar que curas vascos (para ellos curas españoles) podrían llegar a apoyar una rebelión contra un régimen franquista que precisamente había devuelto el poder a la iglesia después de las agresivas políticas laicas impulsadas por los gobiernos republicanos durante los años treinta.

Puede que para Melitón el PNV fuese un nido de “comunistas y jesuitas”, pero el movimiento obrero se dedicaba a hacer huelgas, no a ejecutar atentados. Si los jóvenes en Francia protagonizaban la revuelta contracultural de ‘Mayo del 68’, las expectativas de estos mismos jóvenes se vieron frustradas rápidamente cuando chocaron con una realidad donde la clase trabajadora francesa se conformó con algunas reformas básicas de sus condiciones de vida que les concedió el gobierno de De Gaulle. Por el contrario, en el País Vasco ETA no hacía distinción entre obreros y estudiantes. Tampoco hizo distinción a la hora de dejar a la hija de Melitón sin padre. Al fin y al cabo, como recuerda un militante durante la serie, “los franceses se fueron echando ostias de Argelia”.

Nicolás Buckley es doctor en Historia por Royal Holloway University of London. A finales de este año 2020 va a publicar el libro 'Del sacrificio a la derrota. Historia del conflicto vasco a través de las emociones de lo militantes de ETA'. Siglo XXI.

Tribuna
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