Me doy de baja de HBO porque me ofende el cartel de 'Patria'

Ahora, la polémica llega con el cartel de 'Patria' y empiezo a pensar que los publicistas de HBO son unos genios

Foto: Cartel de 'Patria'. (HBO)
Cartel de 'Patria'. (HBO)

En internet, hemos revivido la vieja costumbre de las plañideras, pero en vez de fingir lloros en los entierros a cambio de dinero, escenifican ofensas en las redes a cambio de retuits. No pasa un día sin que las plañideras del cabreo (¿gruñideras?) la monten por algo y ahora se ha puesto de moda, como se pusieron de moda los ataúdes con forma de trapezoide, chillar delante de carteles de series y películas y montar trifulca alrededor.

La industria de la ofensa es pujante, ha avanzado mucho y ahora le puede echar una mano a la del entretenimiento. Ya ni siquiera hace falta esperarse a ver un anuncio en vídeo, con el cartel hay más que de sobra. A este paso, las distribuidoras se ahorrarán esos costosos tráileres y hasta podrán ahorrarse, las productoras, producir películas y series. Con echarnos imágenes sueltas como en un laboratorio de psicólogos conductuales, harán caja.

La semana pasada, fue por el cartel de 'Cuties', una serie-denuncia contra la industria de la sexualización infantil escrita, filmada y dirigida por feministas que sin embargo se anunció jugando al equívoco como una serie sobre guarrillas de 11 años, o algo así. El viejo recurso publicitario de la provocación es algo que puede irse de las manos, pero que se convierte en una apuesta segura cuando las plañideras de Twitter entran en escena. Ante el primer impacto visual, raudas, las plañideras se lanzaron sobre un producto que no habían visto y emitieron juicios sumarísimos. Aquello era un atentado contra la dignidad humana, contra la infancia y un reclamo para pederastas, nada menos. Participaron del rito de furia adolescentes de TikTok y padres de familia solemnes. ¡Sexualissassión! ¡Pecado! Y Netflix retiró el cartel, que ya había cumplido su cometido. Millones pegados a la pantalla. Un éxito.

Polémico cartel de 'Cuties'. (Netflix)
Polémico cartel de 'Cuties'. (Netflix)

Y ahora le toca a 'Patria' (HBO). Y empiezo a pensar que los publicistas de Netflix y HBO son unos genios. Un inmenso cartel cubre uno de los edificios de la plaza de Callao en Madrid desde ayer, creo. Fernando Aramburu, el autor de la novela que inspira la serie, cuelga la foto en Twitter ilusionado: por fin una de sus excelentes novelas llega a lo más alto, que es, ay, la televisión. En HBO llevan meses cebando el perro y por fin tenemos cartel. Pero, ¡un momento! ¿Cómo que cartel? Tenemos ruido.

Ante el primer impacto visual, raudas, las plañideras se lanzan sobre un producto que no han visto y emiten juicios sumarísimos

Señores y señoras con la bandera de España en el perfil de Twitter anuncian de inmediato que se dan de baja de HBO en una estrafalaria invitación para que quien no esté dado de alta, lo haga esta misma tarde. Lanzan la etiqueta tuitera #CancelaHBO, porque la cultura de la cancelación no es patrimonio exclusivo de la izquierda papanatas americana, y gusta mucho a algunos españoles. Para ellos, poner en Twitter la palabra 'repugnante' es el equivalente a dejarse ver en el club Puerta de Hierro los domingos por la mañana.

Están los políticamente correctos y los patrióticamente correctos, y a los últimos no les ha gustado el cartel de la serie porque dicen que “equipara” el dolor de las víctimas de ETA con el de los etarras torturados. ¿Equipara? El cartel muestra las dos cosas, como por otra parte hacía la novela de Aramburu, pero si te parece que una equiparación es poner dos fotos del mismo tamaño, para de contar.

A un lado hay una imagen trágica de una mujer que llora de rodillas, abrazada al cadáver de su marido asesinado por ETA, bajo la lluvia. Al otro, una imagen helada de un etarra desnudo abrazado a sí mismo (¡abrazado a sí mismo!) en el suelo de una sala de interrogatorio con un grupo de tres policías que charlan al fondo, como si estuvieran tomando café.

El cartel muestra las dos cosas, como hacía la novela de Aramburu, pero si te parece que una equiparación es poner dos fotos del mismo tamaño, para de contar

¿Qué coño de equiparación es esa? La primera imagen transmite un dolor vivo, público, notorio y desgarrado; la segunda, un dolor silencioso, escondido y retorcido. En la primera imagen no se ve al verdugo, y en la segunda imagen sí. Está en el suelo de un purgatorio que ha existido, aunque no queramos mirar, y que la novela de Aramburu representó con trazo frío. Si eso es una equiparación, la Historia del Arte es una disciplina inútil.

'Abertzales' y 'pagafantas' madrileños

'Patria' fue una novela valiente, compleja, excelente y humana (una novela de verdad, vaya). En su momento, cabreó a los 'abertzales' y a sus 'pagafantas' madrileños porque mostraba a las claras el horror etarra, pero causó no pocos eccemas en algunos patriotas españoles porque ponía al lector en el brete de ver cómo piensan los etarras y qué les mueve a odiar. Al acercar al lector el odio del etarra y el de su víctima, formaba un panóptico de la tragedia vasca. Aramburu nunca se ha andado con chiquitas.

La trama nos cuenta el regreso al pueblo de una víctima del terrorismo, viuda de asesinado, y el clima de vigilancia puritana y amenaza al que se ve sometida por sus vecinos y por su antigua vecina y mejor amiga, madre de etarra, y la diáspora de los hijos del muerto. Todo buen novelista sabe que las familias infelices lo son cada una a su manera, así que Aramburu crea dos marcos narrativos. Y eso, pero en una imagen de reclamo, es lo que yo veo en el cartel.

Todo el mundo sufre, aunque unos sean responsables de los crímenes más atroces de la ecuación

¡Pero no le dedica Aramburu el mismo espacio!, chillan en Twitter. Hasta Albert Rivera se ha sumado al corifeo 'plañidor'. Y es curioso cómo la lectura es incapaz de lograr, en una sociedad alfabetizada, lo que una simple imagen sí consigue. La novela 'Patria' es una narración partida que permite anidar en la mente de las víctimas y sus verdugos, y que no le oculta al lector que todo el mundo sufre aunque unos sean responsables de los crímenes más atroces de la ecuación.

Habla sobre una 'patria' rota en medio de la violencia nacionalista, de una pesadilla, pero no es un panfleto. Muestra el dolor infinito y el pavor de los inocentes que sufrieron la dictadura 'abertzale' en los pequeños pueblos y ciudades vascos, y también las aspiraciones de quienes se vieron hipnotizados por la serpiente que se encarama al hacha. Es una novela que humaniza la humanidad y también la deshumanización.

Pero como la ofensa es gratis, en un rato se repartieron premios patrióticos en Twitter, a ver quién expresaba su enfado y fingía su dolor con más ruido, y también participaron insignes 'abertzales' que ya odiaban a Aramburu de casa, con lo que el retablo, mucho más zafio que el de la novela, quedó completado. Aramburu 'in person' se personó: el cartel le disgusta, pero entiende que es márquetin. "Otros vendrán menos escandalosos".

Dicen que les ofende una imagen como la liebre dice que los focos del coche la deslumbran en la carretera. Los carteles de las películas no cuentan la trama, ni la destripan, sino que son un vistazo al contenido para cazar al espectador. Y eso es lo que hace este cartel. Quien quiera ver ahí una especie de alegato político sencillamente se ha dejado atropellar por una polémica idiota. En fin. Quizás algún día maduremos lo suficiente como para distinguir, no ya dos líneas narrativas en un texto, sino dos imágenes que se parecen como un huevo y una castaña. Ese día, los directivos publicitarios de HBO tendrán que buscar otro truco.

Tribuna
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