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Nueve electroshocks a la derecha liberal
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José Antonio Zarzalejos

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Nueve electroshocks a la derecha liberal

Los seducidos por la derecha radical, autoritaria, ultra deben entender que no secundan a ‘otra’ derecha más severa sino a una opción ontológicamente diferente al conservadurismo liberal o al liberalismo conservador

Foto: Cubierta de 'La derecha desnortada' (Editorial Península).
Cubierta de 'La derecha desnortada' (Editorial Península).

Hay una literatura política que aplica la terapia electroconvulsiva para generar polémica y provocar un debate catártico, depurativo. A menudo es un tratamiento que requiere de una dosificación exacta porque los daños colaterales, por exceso o por defecto, pueden arruinar el propósito curativo que se pretende. En esas reflexiones, creo, se mueve el lector identificado con la derecha liberal tras devorar los nueve ensayos que Armando Zerolo, filósofo y jurista, ha gavillado bajo el título de La derecha desnortada del que cuelga un subtítulo que lo dice casi todo: Una reivindicación liberal frente a la tentación autoritaria.

Los autores, todos en una franja de edad muy central, cultos, con una preparación académica de excelencia, parten de la afirmación básica con la que arranca el último ensayo de los nueve y que firma el coordinador de la obra, Armando Zerolo: "La derecha debería entender que no tiene nada que ver con la extrema derecha". La coincidencia con este aserto permite sin embargo matices de distinta naturaleza, desde los ideológicos hasta los históricos. Es rebatible que la derecha nunca haya tenido norte, como escribe con brillantez José F. Peláez, un periodista con una reconocida capacidad de análisis y especialmente dotado con vigorosa prosa literaria para el columnismo de calidad. Su recorrido está bien argumentado, pero es tan severo que su ensayo no respira. "Tener norte es saber lo que uno defiende, aunque pierda las elecciones. Y saber lo que no hará, aunque las gane", reflexión redonda pero quizá hiperbólica porque la contingencia de la política pide un margen con mayor holgura. Por eso, Javier Redondo, profesor y articulista, centra el tiro al advertir que "el pueblo no salva al pueblo", un principio nuclear del populismo corrosivo que, efectivamente, sirve para una "breve exploración de las derechas divididas" (pero derechas, al fin y al cabo). Dice Redondo, y dice bien, que "la derecha desnortada es intransigente, no pactista; precisamente porque encarna la pureza del pueblo". Proscripción, claro es, del nacionalismo.

Lo que le ha ocurrido en estos tiempos a la derecha en España lo describe con serenidad, datos y precisión David Jiménez Torres, uno de los analistas y académicos más agudos y ponderados del panorama periodístico en España. El título de su ensayo es un reclamo para su lectura: "¿Por qué se fragmentó la derecha? El papel de la crisis catalana y la llegada al poder de Sánchez." Jiménez Torres hace un diagnóstico que no por reiterado en la literatura histórica y politológica deja de ser cierto: la cuestión territorial (la catalana, en particular) marca más que otras de carácter moral, incluso socio-económico, el espacio de separación entre las izquierdas y las derechas. Es pertinente el desafío que lanza el autor: "Una pregunta sin resolver: ¿cómo se responde al sanchismo?"

Juan Fernández Miranda, después del éxito de su relato Objetivo democracia, premio Espasa de ensayo 2024, radiografía "La derecha bunker" en un recorrido por los duros años de la transición en los que una derecha posfranquista, pero perspicaz, y con un sincero propósito de recobrar la convivencia en democracia protagonizó un episodio que demuestra que hubo un tiempo en el que la brújula del conservadurismo liberal sí marcó un norte, que alcanzó un hito histórico con el centrismo de Aznar y que luego decayó a partir de 2004. El ritmo del texto de Fernández Miranda es trepidante por informado y va directo a las cuestiones mollares que se resolvieron al filo de lo casi imposible en los años aquellos en los que España vivió tan peligrosamente. El autor depone cualquier dogmatismo y ofrece un escaparate que muestra las posibilidades recuperables de una derecha inteligente. El autor se ha convertido en una referencia en el conocimiento de los años decisivos de la transición y del desarrollo de la democracia en España.

Hubo un tiempo en el que la brújula del conservadurismo liberal sí marcó un norte, que alcanzó un hito con el centrismo de Aznar

La indagación de Beatriz Becerra ("La brújula perdida en tiempos de déspotas") encierra el interés de extenderse en los mecanismos de la psicología colectiva, la emocionalidad que marca estos sistemas públicos más de sentimientos que de razones. Sus propuestas regenerativas son interesantes, pero mucho más lo es su digresión sobre la ‘revolución simbólica’ que acompaña a la nueva derecha autoritaria. María Blanco escribe ("La nueva derecha en la encrucijada") que "la democracia sin límites constitucionales puede ser un atajo hacia el autoritarismo" recordando así a un Hayek en Camino de servidumbre al que recurrimos para ampararnos en estos tiempos barbechos de ideas creativas y acendrados en instintos polarizadores. Tanto Becerra como Blanco aportan una perspectiva diferente a la estrictamente política, ideológica e histórica y se extienden sobre los factores viscerales que desentrañan el porqué de conductas airadas, mendaces, aparejadas a lenguajes casi bélicos. Blanco escribe que "la obsesión simbólica por la pureza tiene una expresión estética. Los regímenes totalitarios del siglo XX ofrecieron una iconografía basada en la limpieza visual, la simetría, la exaltación de la familia tradicional, los cuerpos saludables y las masas ordenadas". Un párrafo que incorpora una advertencia.

Esa ‘nueva derecha’ no es pariente de la que construyó con la socialdemocracia el mundo que parece ser el de ayer (1945-2016)

Joseba Luzao se refiere a "La religión y la política desnortada", un apartado imprescindible para el análisis cuando parece reverdecer un teocratismo mesiánico comparsa del discurso político del peor populismo que pervierte los auténticos valores civilizatorios y solidarios de la inspiración religiosa que ha permeado en una ética social de validez prácticamente universal. Por fin, el coordinador de la obra, Armando Zerolo, aplica en su ensayo de cierre ("La derecha alien: el molesto pasajero") el último electroshock a la derecha liberal (aunque de dimensiones escasas) para que no deje de serlo.

Con publicaciones como esta de La derecha desnortada se avanza por el buen camino cuyo destino sería que el electorado seducido por la derecha radical, autoritaria, ultra entienda que no está secundando a ‘otra’ derecha más severa sino a una opción ontológicamente diferente a la que caracteriza al conservadurismo liberal o al liberalismo conservador. Por aterrizar el mensaje: que esa ‘nueva derecha’ no es pariente de la que construyó con la socialdemocracia el mundo que parece ser el de ayer (1945-2016). Cierto es que los autores que glosan el desnorte de la derecha son muy expositivos, teóricos y se distancian de un pragmatismo que es consustancial a las opciones que concurren en democracia por alcanzar el poder. Pero esa es la tarea provocativa de los observadores que no pretenden otra cosa que discurrir, interviniendo desde las ideas y los compromisos intelectuales.

placeholder Cubierta de 'La crisis espiritual de la democracia'.
Cubierta de 'La crisis espiritual de la democracia'.

Es muy complementaria a toda esta temática la lectura de La crisis espiritual de la democracia ("Una crisis que afecta no solo a nuestras formas de gobernarnos, sino también -y sobre todo- a nuestra manera de comprender al ser humano, la libertad, la justicia y el sentido mismo de la vida en común"). Escriben quince autores coordinados por Julio Borges Junyent, jurista y político venezolano, y que abordan la polarización, el totalitarismo y el relativismo. La propuesta consiste en recuperar la dignidad personal y colectiva, regresar a los mejores tiempos en los que la dignidad era un valor con alta cotización y rechazar "las democracias totalitarias" un magnífico ensayo de Julio Borges, quizá el que dispone de más pegada de los quince, que despieza desde el libertarismo al progresismo, rostros equivalentes de la enfermedad de la democracia.

Hay una literatura política que aplica la terapia electroconvulsiva para generar polémica y provocar un debate catártico, depurativo. A menudo es un tratamiento que requiere de una dosificación exacta porque los daños colaterales, por exceso o por defecto, pueden arruinar el propósito curativo que se pretende. En esas reflexiones, creo, se mueve el lector identificado con la derecha liberal tras devorar los nueve ensayos que Armando Zerolo, filósofo y jurista, ha gavillado bajo el título de La derecha desnortada del que cuelga un subtítulo que lo dice casi todo: Una reivindicación liberal frente a la tentación autoritaria.

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