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El cine español tiene aspectos criticables, pero no son los que más se comentan
Se puede criticar la baja recaudación de algunas películas que tienen muy complicado su estreno, la desafección de parte del público o el dominio de las distribuidoras americanas, pero para analizar hay que ser riguroso
Por distintas razones, conozco al Instituto Juan de Mariana desde hace tiempo y, aunque no esté de acuerdo en muchos de sus postulados, me parecía una institución relativamente rigurosa en sus análisis, siempre desde una perspectiva liberal. Sin embargo, una vez leídos los titulares de su informe sobre el sector cinematográfico en España, tengo que decir que me resultan populistas, tremendamente ideologizados y tramposos.
Aprovecho ese documento como excusa para hacer un repaso a diferentes tópicos que se han instalado sobre el cine español, ese que no le interesa a nadie, pero que el sábado fue líder en la retransmisión de los Goya con un 26% de audiencia. Sus inmediatos seguidores no pasaron del 7,5%.
En una lectura rápida, ya llaman la atención los titulares:
"Colapso histórico, explosión de ayudas, fracaso empírico, apoyo presupuestario masivo…"
Parecen sacados de redes sociales más que apartados de un resumen objetivo. Pero vayamos por partes, como dijo Jack el Destripador:
Para que las cifras sean muy perjudiciales y hablar de colapso, algo que aplaudiría parte de la ciudadanía, se remonta a la venta de entradas del año 1966, ni más ni menos. No tiene en cuenta cómo ha cambiado la sociedad desde entonces, en la que prácticamente nadie tenía televisión, hasta la actualidad, con Internet, plataformas, redes sociales, Youtube, conciertos y multitud de eventos culturales cada día. Si miramos el descenso real de la recaudación del último año (según los datos del Ministerio de Cultura) es en torno a un 3,55 %, nada comparable a lo que apuntan.
El cine español, ese que no le interesa a nadie, el sábado fue líder en la retransmisión de los Goya con un 26% de audiencia
En un análisis profundo, habría que tener en cuenta que una película depende cada vez menos de la taquilla, ya que la vida se prolonga en plataformas, VOD y emisión en abierto, entre otras ventanas, multiplicando los visionados en ocasiones hasta por 50. Año a año, las salas representan una proporción más pequeña del éxito o fracaso de un largometraje. Y aquí sí apunta el informe un problema real, el de los exhibidores, a los que les ha afectado la llegada de las plataformas y no se han recuperado del todo desde la pandemia. Hay motivos lógicos de preocupación que se acrecentarán con la posible compra de Warner Bros por parte de Paramount. Aún es pronto para ver cómo afectará, pero no da la sensación de que vaya a ser para bien.
Una película depende cada vez menos de la taquilla, ya que la vida se prolonga en plataformas, VOD y emisión en abierto multiplicando los visionados
El cine tiene un apoyo presupuestario masivo con un retorno mínimo. Aunque no sabría interpretar qué significa masivo, es un argumento compartido por mucha gente en redes sociales. El estudio hace la trampa al considerar como único retorno el IVA del precio de las entradas (7 millones), y no todos los impuestos que paga la producción audiovisual. Según se deduce del Anuario de Estadísticas Culturales del 2025, el conjunto de la actividad cinematográfica española (producción, rodajes, salarios, servicios técnicos, distribución y exhibición) generó aproximadamente entre 2.400 y 2.500 millones de euros de valor añadido bruto en la economía española. El audiovisual al completo representa 13.000 millones. Son cifras que nada tienen que ver con esos ridículos 7 millones, y que muestran la potencia del panorama actual y su crecimiento.
También hablan de un fracaso empírico y señalan que las ayudas no han aumentados la presencia de los espectadores en las salas, pero volvemos a no tener en cuenta la foto del conjunto, en la que el empleo audiovisual ronda los 62.000 profesionales (con sus consabidos impuestos), el doble que en el 2020; y la presencia en plataformas del cine español, que aumentó en un 22%. El top diez de películas alcanzaron los 50 millones de visionados. La apuesta por el sector está teniendo un retorno claro. La implantación en los últimos años en España de Netflix, Amazon Prime Video, Disney y HBO Max, con su inversión en series y largometrajes, son un ejemplo de la fortaleza.
La petición de más entretenimiento y menos política es algo que se oye repetidamente y que probablemente las galas de los Goyas fomenten. Es verdad que desde hace años se ha producido un alejamiento entre la industria y una parte de la población. Es un tema complicado de reconducir, y que genera que los análisis sean viscerales. Pero si repasas los largometrajes nominados de este año, muchos de ellos muy interesantes (Los domingos, Sirat, Sorda, Maspalomas, Un fantasma en la batalla, Romería…), tan solo La cena tiene unos tintes políticos claros. A pesar de que, hoy en día, es más un tópico que una realidad, ese enfrentamiento continúa y reduce los ingresos en taquilla. No es sencillo que se solucione a corto plazo. Tal vez el sector debería replantearse cómo afrontarlo. Es duro decirlo, pero aludir a determinadas reivindicaciones no arregla ni un ápice esos conflictos internacionales y sí expulsa espectadores. El propio Ricky Gervais lo apuntó con su habitual humor en una gala de los Globos de Oro: “Si ganáis un premio esta noche, no lo uséis como plataforma para hacer un discurso político… No estáis en posición de dar lecciones al público sobre nada. No sabéis nada del mundo real. La mayoría habéis pasado menos tiempo en la escuela que Greta Thunberg.”
"Si ganáis un premio esta noche, no lo uséis como plataforma para hacer un discurso político… No estáis en posición de dar lecciones al público"
Ironías de cómico aparte, es un tema complejo, donde prima la libertad de expresión de cada cual, y que genera más enfrentamiento.
Al final del informe, se propone una desintervención gradual del Estado de la que, curiosamente, se salva el incentivo fiscal del que se benefician empresas que invierten en cultura, pero que no son del sector.
En definitiva, entiendo que es muy goloso arremeter contra el cine español. Y, por supuesto que hay aspectos criticables, como la baja recaudación de algunas películas que tienen muy complicado su estreno, la desafección de parte del público o el dominio de las distribuidoras americanas, pero para analizar hay que ser riguroso, conocer las interioridades y tener interés sincero en mejorar la situación y no solo en buscar titulares fáciles que aplaudirán determinados grupos sociales.
Por distintas razones, conozco al Instituto Juan de Mariana desde hace tiempo y, aunque no esté de acuerdo en muchos de sus postulados, me parecía una institución relativamente rigurosa en sus análisis, siempre desde una perspectiva liberal. Sin embargo, una vez leídos los titulares de su informe sobre el sector cinematográfico en España, tengo que decir que me resultan populistas, tremendamente ideologizados y tramposos.