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Sobre Jürgen Habermas (y el día que me invitó a merendar en su casa de Stanberg)
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Sobre Jürgen Habermas (y el día que me invitó a merendar en su casa de Stanberg)

Heredero de la Escuela de Frankfurt, pronto comenzo a cortar las alas contestatarias de dicha Escuela para hacer su crítica más digestible a las exigencias muy pragmáticas del momento

Foto: El filósofo alemán Jürgen Habermas, en una foto de diciembre de 2012. EFE/Martin Gerten
El filósofo alemán Jürgen Habermas, en una foto de diciembre de 2012. EFE/Martin Gerten

Ha muerto el filósofo Habermas más cerca ya de los cien que de los noventa años. Le conocí personalmente dos veces. Una, cuando nos invitó al profesor Tugenghat y a mí a merendar en su casa de Stanberg. Fue un encuentro lleno de afabilidad.

Inmediatamente tras su muerte han comenzado a sonar los ditirambos a este prolífico escritor. Es esta una muy cristiana costumbre. De mortuis nihil nisi bonum. De los muertos siempre habría que hablar bien. Un piadoso ejercicio con un rictus de hipocresía.

Me parece que es justo reconocer en Habermas su intento de revitalizar la democracia por medio de un diálogo comunitario e ilustrado. Muchos le han seguido por este camino, aunque no sé si por sincera reverencia o por el pago a la moda del momento. Por mi parte, y reconociendo que, sobre todo, los primeros escritos han sido un revulsivo filosófico, me atrevo a añadir algo que creo que es tambien de justicia. Heredero de la Escuela de Frankfurt, empezando por Adorno, pronto comenzo a cortar las alas contestatarias de dicha Escuela para hacer aquella crítica más digestible a las exigencias muy pragmáticas del momento.

En una conferencia en Madrid dije que se había convertido en el comodín de la socialdemocracia. Todo el mundo se me echó encima.

En este sentido, recuerdo que dando una conferencia, al poco de aterrizar de Alemania en Madrid, dije que se había convertido en el comodín de la socialdemocracia. Todo el mundo se me echó encima. Creo que es este un aspecto controvertido, pero pienso que a la socialdemocracia habría que reprocharle su fácil acomodo a un capitalismo tan hábil como desatado. Y en lo que respecta a lo que Habermas escribio sobre la tan necesaria Filosofía Analítica, que no se deja seducir por el lenguaje, es probable que la viera desde una altiva mirada germanica.

En cualquier caso, habría que reconocer su amplia cultura filosófica, su compromiso sin descanso sociopolítico y su capacidad para crear escuela y seguidores. Ojala cojan estos lo mejor del maestro.

Ha muerto el filósofo Habermas más cerca ya de los cien que de los noventa años. Le conocí personalmente dos veces. Una, cuando nos invitó al profesor Tugenghat y a mí a merendar en su casa de Stanberg. Fue un encuentro lleno de afabilidad.

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