El Atleti del Cholo Simeone es el Real Madrid con el que soñó Mourinho

Los meritorios resultados del Cholo han reabierto un viejo debate, pero antes de elogiarle tanto habría que reflexionar sobre los triunfos de España y lo que tanto se le criticó a Mou

Foto: Mourinho y Simeone, durante el Chelsea-Atlético de Champions. (Reuters)
Mourinho y Simeone, durante el Chelsea-Atlético de Champions. (Reuters)

"Comandante Simeone: el cholismo y la revolución contra el tiqu-taca". Este titular, a grandes caracteres y acompañado de una imagen del técnico del Atlético de Madrid transformado en el Che Guevara, fue la impactante portada de 'La Gazzetta dello Sport' tras la victoria rojiblanca contra el Bayern (1-0) de su antagónico Pep Guardiola, “¡El juego del Atlético da asco!", fue la respuesta del director de 'Sky Sport Italia'. "Eso hay que decirlo, es un latazo. ¿A qué viene esto del cholismo ahora? Llevamos veinte años diciendo que en Italia ya no se debe jugar con el Catenaccio, que no hay que especular, que no solo cuenta el resultado... ¿y luego?” . 

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El debate no es nuevo. Es más, es tan viejo como el propio fútbol, al menos desde que éste se profesionalizó y dejó de ser un juego para convertirse en un negocio. Así, en 1963 el exjugador y exentrenador argentino Ernesto Lazzetti escribió esta interesante reflexión en la revista 'El Gráfico': "El que acude a ver a un equipo, va a verlo ganar. El que va seguir un partido, va a ver jugar. Son dos posiciones bien definidas, con disímiles predisposiciones para juzgar los mismos hechos. Dos posiciones muy difícilmente conciliables". Este debe ser el punto de partida a la hora de analizar el llamado cholismo, futbolísticamente en las antípodas de la idea de juego que llevó a España, no sólo a ganarlo todo, sino a convertise en una referencia por su manera de hacerlo. De ahí la incoherencia en la que caen algunos, detractores incluso de Guardiola, aunque su ausencia de criterio se resuma en una palabra: forofismo. 

Meritorio, pero nada revolucionario

Aunque de revolucionario no tiene nada, tal y como se encargó de recordar el director de 'Sky Sport Italia', Simeone ha logrado algo tremendamente complejo como es convencer a un vestuario, a un club, a una afición e, incluso, a la mayoría de la prensa que cubre diariamente la información de su equipo, de que para ganar el Atleti debe renunciar a jugar y 'limitarse' a competir. De ahí que nunca lleve la iniciativa y no tenga reparos en ceder el balón al rival, priorice no encajar goles a la espera de cazar alguno que le sirva para ganar y todos sus jugadores disputen cada pelota como si fuera el último, siempre al límite del reglamento y a sabiendas de que el que no lo da todo, no tiene sitio en el once. 

Todo esto lo justifica el hecho de que su contraestilo le ha valido para disputarle -y ganarle una vez- la Liga a Barça y Madrid, en realidad a los dos únicos clubes que tiene por encima en España, y volver a meterse entre los cuatro grandes de Europa. Un mérito enorme, sin duda, aunque merecedor de ser analizado en su justa medida, pues en términos futbolísticos más que una evolución es una deconstrucción. ¿Se imagina alguien a un equipo de niños jugando a lo Simeone? La hierba lo más alta que permite el reglamento, el campo seco, segundos balones que aparecen en mitad de un partido, alguno deshinchado a conciencia, entradas al límite entre lo duro y lo sucio, con los once jugadores metidos a veces, no en su campo, sino prácticamente en su área... Y todo ello alentado por una grada a la que también el Chole dirige desde la banda.  

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El fútbol -si así se le puede llamar- que pregona Simeone está basado en el esfuerzo, la entrega, el compromiso, la solidaridad, el sudor, la garra, la fe, el victimismo como punto de partida... Su principal herramienta es la palabra, de ahí que el Cholo necesite de la comunicación directa con sus jugadores -y con su afición a través de una prensa militante- para convencerles. El equipo por encima de las individualidades, lo cual está muy bien, pero no debería ser visto como una virtud, sino como un defecto de quienes no lo tienen en cuenta. Volviendo a su compatriota Lazzetti, se podría decir que la hinchada del Atleti va al Calderón a ver ganar a su equipo, "que en todo caso es para ellos no perder". "Y de hecho van al fútbol a sufrir o aliviarse. Rara vez a gozar, porque aun en el goce de las tardes más felices para su pasionales inclinaciones deportivas, ¡el sufrirmiento es muy grande antes de llegar al goce!". 

Mourinho, durante una rueda de prensa como entrenador del Real Madrid. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)
Mourinho, durante una rueda de prensa como entrenador del Real Madrid. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Mou fracasó en su intento

Mourinho llegó al Real Madrid para acabar con la supremacía del Barça de Guardiola. El portugués era para Pep lo que la kriptonita para Supermán y así se lo vendió erróneamente Florentino Pérez. Todo lo que ha logrado Simeone en el Atleti es precisamente a lo que aspiraba el portugués en el Bernabéu, aunque fracasó, de ahí sus desencuentros con una gran parte de la prensa, de la grada o del propio vestuario, con casos tan extremos como el de Casillas y otros menos evidentes como los de Ramos o Cristiano. A buenas, es difícil pensar a un entrenador más agradable que Mou, percisamente lo que le sucede a Simeone. 

Un ejemplo: tras ganar la Bayern, el Cholo volvió a recurrir a su discurso victimista y dijo que "ellos han quitado jugadores y han entrado otros mejores". No había que ser un lince para entender que se refería a Ribery y Müller, suplentes en el Calderón. Sin embargo, a la pregunta del redactor de El Confidencial de si con eso quería decir que Guardiola le había beneficiado con su alineación, el Cholo ni siquiera le dejó terminar y le acusó de querer darle la vuelta a su argumento. "Siento decirlo, pero aluciné con la pobreza de las preguntas a Simeone (y la poca cantidad) en la rueda de prensa", se quejaba un colega británico tras el Atlético-Rayo. Normal.

La complacencia, la complicidad e incluso el alistamiento de la mayoría de los periodistas que cubren la información del Atleti es precisamente a lo que aspiraba Mourinho, de ahí su frustración y sus continuos enfrentamientos en la sala de prensa. Lo mismo se puede decir de la grada del Calderón, entregada al Cholo como si del líder de una secta se tratara, mientras la del Bernabéu era y es capaz de silbar a su equipo pese a ir ganando por goleada.

Aunque las circunstancias sean distintas, y no sólo por las diferencias presupuestarias, sino también por los deméritos de la gestión deportiva del Real Madrid, tampoco es justo elogiar de Simeone todo aquello que tanto se criticó de Mourinho cuando ocupó el banquillo del Bernabéu. Las pretensiones del portugués eran lograr precisamente lo que ha logrado el Cholo. Y es que, en el fondo, no hay tanto distancia entre el cholismo y el mourinhismo, aunque sus armas fueran distintas y sólo por ahí se le pueda reconocer a Simeone su mérito, eso sí, mientras no deje de ganar, que díría Luis Aragonés.  

A mi bola