Michael, gracias por ser "un merengue" en Barcelona y "un polaco de mierda" en Madrid

Como seguro que tras su muerte Robinson recibirá mejores semblanzas, vaya desde aquí mi modesto homenaje y el agradecimiento por dignificar el fútbol y el periodismo deportivo español

Foto: Michael Robinson. (EFE)
Michael Robinson. (EFE)

"No le tengo miedo a la muerte, pero me produce tristeza despedirme de mi familia antes del minuto noventa". Haciendo bueno aquello de "genio y figura, hasta la sepultura", Michael Robinson (Leicester, 1958 - Marbella, 2020) se nos ha ido demasiado pronto, con tan solo 61 años, pero demostrando hasta el último minuto su entereza y un sentido del humor que ni en los momentos más duros abandonó: "Tras someterme a mi primer tratamiento de inmunoterapia, pregunté a los médicos si me iba a curar también de mi defecto al pronunciar las erres. Pocas épocas de mi vida me he encontrado tan bien como ahora. Me siento un poco fraude".

Ya le pasó en su carrera de futbolista, en la que siempre pudo presumir de haber ganado una Liga y una Copa de Europa con el Liverpool, pero que tuvo que abandonar a los 30 años. Es normal que después de tres décadas en televisión a Michael Robinson se le recuerde como el gran comunicador y comentarista que fue, aunque no debemos olvidar su imagen en pantalón corto. Para quienes no le vieran jugar, quien mejor le definió como delantero fue Menotti: "A Michael le tiras un cochinillo y lo remata de cabeza". Así era Robinson, "un gladiador", como se autodefinió y demostró ser hasta una semana antes de dejarnos por el maldito cáncer, cuando él mismo salió a desmentir su fallecimiento. Triste, pero real.

Su llegada a Osasuna, allá por 1987, coincidió con mi estancia universitaria en Pamplona, de ahí que pude vivirla de cerca. Cómo no acordarse de aquel equipo rojillo de los Roberto, Bustingorri, Castañeda, Pepín, Rípodas, Pizo Gómez, Ibáñez, Goikoetxea, Enrique Martín... Además del propio Robinson y de otro 'red' como Sammy Lee. "Era la peor oferta que tenía para fichar ese año, pero quería conocer otro idioma, otros lugares", confesó años después el inglés que fue internacional con Irlanda, aunque nunca se arrepintió de aquella decisión que a fin de cuentas le trajo a España para el resto de su vida.

Su paso por Osasuna se convirtió en un calvario, pues si en su primera temporada fue titular y marcó seis goles en 30 partidos, en la segunda las lesiones solo le permitieron jugar 13 partidos y marcar la mitad de goles. "No había una forma de arreglar mi rodilla y yo no quise arrastrarme. No me parecía bien jugar en unas condiciones indecentes y medio cojo. Yo era un futbolista que me veía como un gladiador, y no hay nada más pobre que ver un gladiador cojo", sostuvo siempre. De ahí su inevitable retirada.

Pero, como suele decirse, si el fútbol perdió un delantero de los que ya no hay, el periodismo deportivo ganó un comunicador de los que tanta falta hacen. Además de revolucionar la manera de analizar el fútbol en Canal+ con 'El día después', Robinson también contribuyó a la difusión del deporte con otros programas como 'Informe Robinson' y 'Acento Robinson'. Fue durante mis muchos años en el diario 'Marca' cuando tuve la fortuna de conocerle. Nunca olvidaré aquella comida en el Café Saigón en la que el fútbol lo monopolizó todo desde el aperitivo y a los postres Michael pidió otra botella de Marqués de Vargas. "El vino sabe mejor después del café", explicó. Y en eso también tenía razón...

Michael Robinson, durante un partido con Osasuna.
Michael Robinson, durante un partido con Osasuna.

Como todos los genios, pues sin duda era un tipo genial, Robinson nos ha dejado frases para el recuerdo: "Cuando en la final de la Copa de Europa me pidieron que lanzara un penalti, yo me imaginé a mi padre en mi casa diciendo... 'mi hijo la va a cagar', aunque era el sexto y afortunadamente no hizo falta tirarlo". "Cuando llegué a España yo solo decía 'hola', 'adiós', 'gracias', 'cerveza' y contaba hasta cinco". "La bebida está muy estigmatizada. Yo tenía fama de bebedor cuando jugaba, pero nunca tomaba alcohol 54 horas antes de un partido. Aunque es verdad que no recuerdo muy bien todos los lunes de mi vida...".

Su gran aportación al periodismo deportivo

En su faceta de excelente comunicador, la gran aportación de Michael al periodismo deportivo español en general, y al futbolístico en particular, tuvo que ver siempre con lo que —al menos algunos— entendemos por la calidad. Es decir, justo lo contrario de lo que, en teoría, 'vende'. Esos programas en los que se habla del fútbol, pero no de fútbol, y los argumentos y la razón son reemplazados por los gritos y el 'bufandeo'. Por no hablar de opiniones sin pies ni cabeza y los famosos bulos. Como leí en Twitter, "lo único bueno de la cagada de anunciar su muerte es que Michael Robinson pudo saber antes de irse el inmenso cariño que se le tenía".

Como estos días no han faltado ni faltarán semblanzas de Robinson mejores de las que yo pueda hacer, me gustaría rendirle tributo en un aspecto por el que yo siempre le estaré agradecido y que en su día denuncié en El Confidencial. "Un señor vino, me empujó y me gritó: '¿Tú qué has dicho? ¡Que vais por ahí robando!'". Así narró Michael lo que le sucedió tras la remontada del Barcelona ante el PSG en la Champions (4-0 en la ida y 6-1 en la vuelta), aunque desde algunos medios se puso el foco en la actuación arbitral. "Nunca había estado acusado de matar a Manolete sin haber comentado ni estado cerca el partido del Camp Nou", añadió el inglés.

Tres días más tarde, después del Real Madrid-Betis de Liga, el mismo Robinson contó que "iba por la Gran Vía de Madrid y un señor me gritó ¡polaco de mierda!". "En Madrid estoy visto como un culé y en Barcelona como un merengue", se lamentó el comentarista de Movistar+. "A mí me han puesto a parir desde los 17 años cuando jugaba, pero esta vez es que la gente me hablaba con ira, como si yo fuera Luis Suárez o el árbitro", confesó con tanta tristeza como resignación, para llegar a la siguiente conclusión: "Me da la sensación de que los periódicos y programas dicen lo que el forofo quiere escuchar".

"Gracias, Kike. ¡Nos hemos vuelto locos! Sí, 'hemos', porque hace tiempo que yo debería haberme ido a mi casa". Este fue el wasap que me envió tras el citado artículo y que siempre guardaré en el recuerdo. Aunque las gracias hay que dárselas a él por dignificar el deporte, en su caso el fútbol, aunque siempre con un lugar de honor reservado para el rugby, y también el periodismo deportivo. Gracias, Michael, por ser "un polaco de mierda" en Madrid y "un merengue" en Barcelona. Pocos 'elogios' pueden ser mejores. Descansa en paz y recuerda el lema de tu querido Liverpool: nunca caminarás solo.

A mi bola
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