Dopaje en la NBA, una sospecha que la liga no se esfuerza en eliminar

El nuevo convenio colectivo de la liga introduce novedades en el programa antidopaje, pero sigue estando lejos de lo que le piden la USADA y la AMA

Foto: El comisionado de la NBA, Adam Silver (Matthew Childs/Reuters)
El comisionado de la NBA, Adam Silver (Matthew Childs/Reuters)

"Es obvio que algunos de nuestros jugadores se dopan. ¿Cómo puede ser que algunos envejezcan y estén más delgados y en forma? ¿Cómo se recuperan tan rápido de sus lesiones? ¿Por qué van a Alemania cuando acaba la temporada? Dudo que sea por el chucrut". Con ese pasaje de su autobiografía, George Karl, uno de los entrenadores que más victorias han conseguido en la historia de la NBA, metió el dedo en la llaga de un tema muy espinoso.

La creencia en que en la mejor liga del mundo hay barra libre con las sustancias dopantes está bastante extendida. No es extraño escuchar que 'en la NBA todos se dopan'. La exuberancia física de los jugadores, capaces de aguantar al máximo nivel un calendario de 82 partidos en menos de seis meses, levanta muchas sospechas que son solo eso, sospechas, hasta que no se demuestre lo contrario. Y de momento nadie ha presentado pruebas de que el dopaje sea generalizado.

Las críticas al programa antidopaje de la NBA no llegan solo desde fuera de las fronteras estadounidenses, como demuestran las palabras de Karl. Poco después, Richard Hamilton, que jugó 14 años en la liga y fue campeón en 2004 con Detroit Pistons, admitió que la competición puede que tenga un problema. Mucho más claro fue Travis Tygart, nada menos que el director de agencia antidopaje estadounidense (USADA, en sus siglas en inglés), en 2014, cuando dijo que era fácil para los jugadores sortear los seis controles de orina a los que eran sometidos cada temporada. "Si no hay opción de ser cazado, y eres demasiado competitivo, harás todo lo posible para ganar. Eso incluye consumir esas peligrosas sustancias que mejoran tu rendimiento", dijo a 'ESPN'.

El periodista Antoni Daimiel, con más de 20 años comentando partidos de la NBA, explicó en 2010 en qué consistía la lucha antidopaje en la NBA. En su artículo explicaba que la liga había comenzado en 1983 a perseguir "el consumo de drogas socialmente penalizadas (llamadas por ellos como drogas de abuso) como anfetaminas, cocaína, LSD y opiáceos como heroína, codeína y morfina", pero el meollo está en las sustancias a las que se refería Tygart, esteroides, EPO, hormonas del crecimiento, etc. recogidas bajo el acrónimo SPED ('steroids and performance-enhancing drugs'). "No tengo razón para creer que el uso de esas sustancias está extendido en la NBA por dos razones: porque hacemos análisis y porque no forman parte de la cultura de la liga", aseguró en marzo de 2014 Adam Silver, entonces recién nombrado comisionado de la competición.

Travis Tygart, jefe de la USADA (Edgar Su/Reuters)
Travis Tygart, jefe de la USADA (Edgar Su/Reuters)

La NBA no compartía (ni comparte) las dudas sobre su programa antidopaje, pero sí admitía que tenía cosas que mejorar, como la introducción de controles para detectar la hormona del crecimiento y el pasaporte biológico. Aunque su consumo sí estaba prohibido desde 2004, no comenzó a hacer análisis de sangre para detectar la hormona del crecimiento hasta la temporada 2015-2016, tras acordar con la asociación de jugadores (NBPA en sus siglas en inglés) su introducción en abril de 2015.

Ese paso fue elogiado por el entonces director general de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), David Howman, que unos años antes había señalado justo ese como uno de los agujeros en la lucha antidopaje en liga nortemericana. "Esperamos ver avances similares y continuar en el futuro nuestras discusiones con la NBA sobre su programa antidopaje", dijo Howman.

En este punto hay que dejar algo claro: la NBA no es signataria del Código Mundial Antidopaje. Eso quiere decir que ninguna de las normas para prevenir y perseguir el dopaje que rigen en la mayor parte del deporte mundial se aplican allí. Tampoco en el resto de grandes ligas estadounidenses (la MLB de béisbol, la NFL de fútbol americano y la NHL de hockey hielo), que como la NBA regulan sus propios programas antidopaje.

La NBA lo hace a través del convenio colectivo que firma con la NBPA. Ni siquiera la USADA tiene algo que decir, no puede obligarlos a que firmen el código. La agencia solo controla a esos deportistas cuando forman parte de los equipos olímpicos.

Así es el programa antidopaje NBA

Cada jugador pasa un máximo de seis controles de orina cada año, hasta cuatro durante la temporada y dos fuera de ella. El convenio establece un máximo de 1525 controles durante la competición y 600 cuando no se juega. Aparte, si la NBA o la NBPA tienen sospechas de un jugador, podrán ponerlo en conocimiento de un experto independendiente (nombrado por ellos), que decidirá sobre la realización de más controles. Además, cada jugador puede pasar hasta un máximo de tres controles de sangre (dos durante la temporada y uno fuera) para detectar la hormona del crecimiento.

Las sanciones varían según la antigüedad del jugador en la liga y el tipo de sustancia. El convenio distingue entre jugadores de primer año y veteranos (el resto) y entre drogas de abuso (cocaína, LSD, heroína, etc.), marihuana y SPED (hormona del crecimiento, esteroides, EPO, etc.).

Si un jugador de primer año da positivo por drogas de abuso será suspendido un año. Pero si es un veterano, entonces la sanción será de dos. Si el positivo es por marihuana o SPED, entonces la sanción será similar. En el caso de la marihuana, el primer positivo obliga a entrar en un programa de tratamiento, el segundo cuesta 25.000 dólares, el tercero son 5 partidos de sanción y a partir del cuarto se suman 5 encuentros más por cada positivo. Por último, la sanción si se da positivo por SPED es de 25 partidos la primera vez, 55 la segunda y la expulsión de la liga la tercera.

*Todo lo anterior hace referencia al nuevo convenio, que entrará en vigor a partir de la próxima temporada.

Poco a poco, la NBA ha ido ampliando su programa antidopaje, pero sin el consejo ni la supervisión de la AMA, organismo con el que no mantiene una relación fluida. Este medio se puso en contacto con la agencia mundial para recabar su opinión sobre una de las novedades que el nuevo convenio colectivo de la NBA (firmado este mes de enero, pero en vigor a partir de la próxima temporada: lo puedes consultar aquí) introduce en el programa antidopaje de la liga. Se trata de la creación de un perfil longitudinal para testosterona exógena. El perfil longitudinal es un elemento del módulo esteroideo del pasaporte biológico. El Confidencial quiso recabar la postura de la AMA sobre esta novedad. Esta es la respuesta recibida:

"Las cinco grandes ligas de los Estados Unidos —la NFL, la MLB, la NHL, la NBA y la PGA— no son signatarias del Código y nunca lo han sido. La AMA, sin embargo, valora positivamente los avances de los últimos años en algunos de los programas antidopaje de esas ligas, particularmente en el de la MLB, que ahora tiene un programa antidopaje significativamente mejorado.

Como parte de los esfuerzos de la AMA para alentar a las ligas deportivas profesionales (en los Estados Unidos) a adoptar programas antidopaje más sólidos, la AMA ha contactado con la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA) para conocer más sobre su programa antidopaje. Desafortunadamente, los intentos de organizar una reunión con la NBA han sido rechazados".

A petición de El Confidencial, el biólogo y Doctor en Fisiología del Ejercicio por la Universidad del País Vasco Jordan Santos-Concejero analizó el documento de la NBA (página 457). Su opinión es negativa. "Esta manera de calcular y perseguir el consumo de esteroides es poco más sofisticado que los métodos de los años 80 y 90. No es un pasaporte biológico. Es otra cosa, bastante menos sofisticado y mucho menos efectivo", afirma.

Tygart denunciaba que existe un inherente conflicto de intereses en el programa antidopaje de la NBA, pues es la liga, y no un organismo independiente como puede ser la AMA, la que se regula a sí misma. Es su propio policía. Y seguirá siéndolo. Ni la NBA ni la NBPA tienen ningún incentivo para cambiar; les va muy bien así.

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