Pepu Hernández destaca este desconocido papel

La importancia de Juan de Dios Román en nuestro Mundial de... ¡Ba-lon-ces-to!

El fallecimiento de Juan de Dios Román, además de ser una pérdida irreparable para el mundo del balonmano, lo es también para tantísimos amantes del deporte

Foto: Juan de Dios Román recibe el Premio Nacional Francisco Ochoa entregado por el rey Felipe VI. (Efe)
Juan de Dios Román recibe el Premio Nacional Francisco Ochoa entregado por el rey Felipe VI. (Efe)

La casualidad hizo que coincidiéramos hace pocas fechas con José Vicente Hernández, que fue nuestro entrenador en los juveniles del Club Estudiantes de Baloncesto, después en el equipo ACB, y que, posteriormente llegó a la cima como Campeón del Mundo con la selección española en el año 2006. En un momento de la conversación, surgió la posibilidad de repasar algunos de los referentes en la profesión. De forma sorprendente, Pepu Hernández no dudó un instante en su respuesta, y no se decantó por alguien del baloncesto. “Si hubiera tenido que elegir a una persona que realmente marcó mi forma de entrenar, sin duda elegiría a Juan de Dios”.

Resulta que, las historias de Román y de Pepu, estuvieron íntimamente ligadas a través del crecimiento del Polideportivo Magariños como uno de los centros del deporte profesional en la ciudad de Madrid. En la década de los años 80, la sección de balonmano del Atleti compartía el recinto con Estudiantes. Juan de Dios, había empezado a entrenar al equipo en 1971 y, desde 1978 hasta el año 1985, dominaron la liga nacional, llegando incluso a disputar la primera final de la Copa de Europa en la historia del balonmano español. Aquella derrota frente a la Metaloplástica de la vieja Yugoslavia en el partido de vuelta, con el viejo Palacio de los Deportes (actual Wizink Center) abarrotado, mantuvo al país entero en vilo.

Pepu Hernández, dirigiendo un partido en una imagen de archivo. (EFE)
Pepu Hernández, dirigiendo un partido en una imagen de archivo. (EFE)

Mientras todo aquello sucedía, Hernández pasaba la mayor parte de su tiempo en las instalaciones del Ramiro de Maeztu. En sus aulas se había formado, y en las canchas de baloncesto se estaba convirtiendo en uno de los entrenadores más reconocidos de la cantera del Estudiantes y, posteriormente, del baloncesto español. Por lo visto, cada vez que podía, Pepu hacía ‘horas extras’, absolutamente “impactado” por la capacidad de Román para sacar todo el rendimiento a un grupo muy competente de jugadores.

¿Qué ingrediente diferencial tenían aquellos entrenamientos de Juan de Dios?

Pepu lo tenía clarísimo; “jamás había presenciado unos entrenamientos con tanto ritmo, con tanta capacidad de replicar la dinámica y la intensidad de un partido. Para mí aquello fue todo un descubrimiento. Mi objetivo, a partir de entonces, pasaba porque mis jugadores pudieran activarse de ese modo durante la semana”. Juan de Dios se despidió del Atleti y del Magariños en 1985, pero volvió entre los años de 1990 y 1992, precisamente cuando Pepu había sido ascendido ya a la posición de entrenador ayudante del equipo profesional del Estudiantes.

Juan de Dios Román, en una imagen de archivo. (EFE)
Juan de Dios Román, en una imagen de archivo. (EFE)

Este que les escribe, recuerda con nitidez aquella segunda etapa, mucho menos brillante en cuanto al palmarés, pero igual de impactante desde cualquier mirada ajena a la especialidad. El sonido de los balonazos en los postes; los 10 ó 12 balones viajando a la vez de un lado a otro de la pista; la elasticidad del joven portero, Jota Hombrados, deteniendo disparos con el pie elevado, casi a la altura de su cabeza… y por supuesto, y por encima de todo, el timbre tan agudo de voz de Juan de Dios, imposible de conectar con su intimidante presencia.

En muchas de las conversaciones posteriores con compañeros de la época, siempre hemos coincidido en algo fundamental a la hora de valorar el éxito de José Vicente Hernández como entrenador. Pepu nos interrumpía poquísimo en los entrenamientos, eso al jugador se le hacía muy ameno, y resultaba además altamente eficiente para lograr los objetivos, como toda España pudo comprobar a lo largo del campeonato del Mundo de Japón en 2006. Lo que jamás supimos entonces, es que todo aquello tenía una razón muy poderosa, no era un simple capricho; era el impacto de un maestro del deporte sobre la necesidad de un aprendiz absolutamente privilegiado. Gracias, Juan de Dios, por la parte que te corresponde en lo que muchos años después fue bautizado por uno de tus mejores discípulos como ¡Ba-lon-ces-to!

Descanse en paz, uno de los grandes maestros del deporte Español, con mi más sentido pésame a su familia, y a toda la familia del balonmano.

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