Así se pasa de una sala de 'spinning' a subir en un día 20 puertos de montaña

Miguel Ángel Granero, un valenciano de 45 años, es uno de los exponentes españoles del gran fondo en carretera y disfruta acumulando cientos de kilómetros en sus piernas de ciclista amater

Foto: La especialidad de Granero son los puertos más duros (Facebook).
La especialidad de Granero son los puertos más duros (Facebook).

En los últimos tiempos han surgido diferentes modas en torno al deporte amater que han movilizado a millones de personas, que buscan con la realización de estos ejercicios físicos boyantes, mejorar su estado físico y, por qué no, mejorar también sus relaciones sociales. El 'footing' histórico, por ejemplo, pasó a llamarse 'running', se profesionalizó y se le añadieron fluorescentes, rutinas y zapatillas caras que antes ni se intuían. El ahora llamado cicloturismo era 'salir en bici'. Todo ha adquirido una nueva dimensión que, para algunos, se convierte en su forma de vida. Incluso para gente que ni se imaginaba cerca de estos deportes. Le pasó algo así a Miguel Ángel Granero, un valenciano de 45 años que lo más cerca que había estado de una bicicleta era en la sala de 'spinning' del gimnasio, cuando no delante de la televisión viendo a Perico e Indurain. Y ahora se dedica a hacer etapas de cientos de kilómetros lo más duras posible.

El motivo de este artículo surgió cuando en 'Ciclo21' descubrimos que este hombre iba a tratar de conseguir un reto: subir el total del desnivel del monte Everest en bicicleta por la sierra valenciana. El dato frío sobrecogía: 20 puertos en 340 kilómetros. Una barbaridad, así a primera vista. Luego hablando con el propio Miguel Ángel, le quita hierro al asunto. "Yo no soy un superhéroe, hay mucha gente que hace mucho más que yo. Yo no pretendo ponerme medallas. Con esto, con lo que yo buscaba un reto personal, intento ofrecerlo a otras personas para que tengan la posibilidad de hacerlo. En este mundo, soy uno más", dice este exjugador de baloncesto, que dedicó 25 años al deporte de la canasta.

Así será el Everest valenciano (Everest Valencia 2017, Facebook).
Así será el Everest valenciano (Everest Valencia 2017, Facebook).

Como decimos, la afición a la bici de Granero era escueta y más como aficionado desde fuera que encima de la 'burra' en la carretera. "Me gustaba el ciclismo de toda la vida, con Perico Delgado e Indurain. No me perdía una etapa de montaña. De hecho, para estrenar un coche me fui a subir el Tourmalet", comenta después de salir a entrenar a hacer "solo 80 kilómetros", porque el trabajo de administrativo en una empresa le deja el tiempo justo para prepararse. En su época de jugador de baloncesto, tenía una constitución física propia de este deporte. Pesaba unos 100 kilos en sus 1,88 metros de estatura. "En baloncesto, los kilos, si los sabes utilizar, son una ventaja, pero mi físico era el contrario a un ciclista escalador, que es lo que me gusta ser".

Todo empezó casi sin darse cuenta y de manera más bien extraña. "En 2010 me apunté a un triatlón sprint. Se dice que en un triatlón, el primero es el campeón y el último es un héroe, pues yo fui el héroe. Dos años después me apunté a otro y me di cuenta de que se me daba muy bien la bici". De ahí a hacer cientos de kilómetros de un tirón. "En 2012 empecé a salir por aquí por Valencia, me gustó y les pregunté al grupo con el que iba si se podía subir el Tourmalet. Me cambié el desarrollo de la bici y me fui a los Alpes. Fuimos a subir el Mont Ventoux y al principio era fácil, pero eso se iba complicando, pero yo por mis narices que tenía que llegar a las antenas, y llegué y fue una sensación increíble, algo que te cambia", asegura.

A Miguel Ángel le cambió de verdad, no solo personalmente, sino también físicamente. "Me fue gustando, me fui aficionando. Además vi que bajaba de peso, con lo que me costaba antes. Me di cuenta de todo lo que me daba el ciclismo, de esa sensación maravillosa de estar perdido por el monte, donde escuchas el silencio, tus pensamientos, te encuentras a ti mismo… Son sensaciones que me llenan mucho".

A partir de ahí, fue buscando retos personales que ir superando, lo cual considera lo más importante para un ciclista amater, ya que, de lo contrario, el ciclismo se convierte más en una obligación que en sinónimo de disfrute. De la ascensión a los Alpes salió con la convicción de que no solo tenía una capacidad de resistencia muy alta, sino que disfrutaba cuando la carretera se empinaba. De ahí que descubriera la Quebrantahuesos y decidiera probarla. "Ya la he hecho tres veces, gané el oro en la segunda. Y lo más importante que he hecho: a la tercera la hice con mis dos hermanos, que hicieron un esfuerzo muy grande para poder cruzar la meta juntos", dice con emoción en su voz.

Granero ha hecho 536 ascensiones a puertos en 2016 (Miguel Ángel Granero, Facebook).
Granero ha hecho 536 ascensiones a puertos en 2016 (Miguel Ángel Granero, Facebook).

El siguiente paso era ya obligatorio: las 'brevets', carreras de gran fondo que van de 200, 300, 400, 600, 1.000 y 1.200 kilómetros de distancia. Ahí descubrió su verdadero mundo. "La madre de todas las brevets es la París-Brest-París, de 1.250 kilómetros en menos de 90 horas, y quise hacerla, pero para ello te tienes que ganar la inscripción. Tienes que demostrar que estás capacitado para hacer esa prueba. ¿Cómo? El año de la prueba, que es cada cuatro, tienes que haber hecho las brevets de 200, 300, 400 y 600 para poder ir", y la hizo. Vaya si la hizo. "El primer día de la Paris-Brest salí a las 7 de la tarde y llegué a las 9 de la noche del día siguiente, hice 530 kilómetros. Recuerdo llegar a la meta con lágrimas de emoción".

En ese mundillo conoció a Marce Montero, ahora amigo suyo, que le comentó la posibilidad de hacer un Everest en Asturias en 2015. "Allí es ‘más fácil’, ya que en menos distancia acumulas más desnivel. Empezamos nueve y lo terminamos cinco a la 1 de la mañana en la cima del Gamoniteiro, fue acojonante". "Y se me ocurrió entonces cómo quedaría una etapa para hacer un Everest aquí en Valencia. La zona del Portixol es muy tranquila, no se cruza casi ningún casco urbano y el tráfico es nulo".

Claro, esto hace que para acumular los 8.848 metros del pico más alto del mundo, la distancia y la cantidad de puertos tengan que ser mucho mayores. "Un reto así te lleva entre 17 y 19 horas encima de la bicicleta, por lo que debes regular las paradas. Son 20 subidas, que parecen muchas, pero son puertos de entre 400 y 500 metros de desnivel, por lo que no son muy duros". Pero, aun así, es mucha distancia para gente no habituada. "Hay que prepararse con mucho fondo de bicicleta; recomiendo las 'brevets'. Y luego, aunque parezca una tontería, hay que llevar un muy buen ‘culotte’, porque lo que no pagas con dinero lo pagas con el culo".

El reto se producirá el próximo 28 de mayo. La salida será a las 5 de la mañana y podrá participar quien quiera. No se va a hacer una carrera oficial, aunque sí una pequeña inscripción simplemente para llevar un control. "Yo no pido a la gente que haga el 8.000, sino que intente llegar a su límite. Si quieren hacer un 5.000 o un 6.000, lo podrán hacer. Lo importante es disfrutar".

A rueda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios