Luis Suárez gana en psicología para triunfar

La dura sanción le ha obligado a vivir recluido y en retiro, apoyado en la familia y con terapias psicológicas para refrenar las sugestiones que lo han traicionado

Foto: En la imagen, Luis Suárez nada más morder a Chiellini (Reuters)
En la imagen, Luis Suárez nada más morder a Chiellini (Reuters)

No resulta mala la semana previa al clásico para el FC Barcelona. O al menos para las tres estrellas extranjeras del club. La gira asiática de Neymar, Messi y Suárez se ha solventado con un amplio bagaje anotador: ocho goles a Japón, Hong Kong y Omán. No son grandes potencias, pero la artillería se antoja dispuesta. Especialmente la del gran esperado: el Bota de Oro, el desasosegado, el díscolo, el castigado Luis Suárez. Después de la fulgurante expulsión sufrida en el Mundial de Brasil por morder y la posterior sanción por el efecto repetitivo del acto, su hora está cercana. En la recta final de su retiro forzoso, Luis carga el gatillo. El mismo que aproximó en el curso pasado a los seguidores del Liverpool a soñar con que veinticuatro años después volverían a levantar el título de campeón de Liga. Sin embargo, Suárez no fue suficiente.

Nunca los mordiscos han resultado tan determinantes en la trayectoria de un deportista. Si otros han salido marcados por sus acciones, el futbolista uruguayo ha comprobado cómo mordisco a mordisco le ha permitido progresar de entidad en una peculiar evolución balompédica. No sería justo centrarlo únicamente en estas situaciones paralelas al juego. El gol no se cae de la bota del uruguayo, pero bien es verdad que las transacciones económicas siempre han ido ligadas al bocado del chico. Si en noviembre de 2010 Ottman Bakkal, en Holanda, era su primera víctima. y mes y medio después era jugador del Liverpool FC, la historia se repitió este verano tras lo ocurrido con Chiellini en el Mundial. Un mes después, los ‘reds’ lo traspasaban por tres veces más de lo que pagaron al Ajax. El antecedente vivido con Ivanovic lo había dejado seriamente señalado en la isla. Lo ocurrido en Brasil terminó de rematar su suerte.

La infancia del niño Luis no resultó sencilla. El padre abandonó a la familia (madre y seis hermanos) cuando Suárez contaba con 9 años. Ya en Montevideo, le tocó trabajar de barrendero y de lavacoches mientras depuraba su dote para hacer gambetas. Lo primero era ayudar en casa, lo segundo la diversión y lo tercero, el fútbol. El desorden en su vida obligó a Perdomo, su entrenador del juvenil de Nacional, a situarlo frente a un ultimátum. Menos juerga y más entrenamiento, vino a decirle. Este aviso final, unido a la incipiente relación que mantenía con quien hoy es su esposa, que se trasladó a vivir a Barcelona, obligó a Luis a aparcar las malas influencias y a centrarse en la que sería su profesión. El tirón de orejas resultó determinante. Era el último tren para ser futbolista, porque en Nacional no le pasaron ni una más… pese a ser el mejor de la camada. Él lo entendió: ya no llegó tarde ni faltó sin motivo al entrenamiento.

La primera estación de Suárez en Europa resultó en una pequeña ciudad al norte de los Países Bajos, Groninga. Las crónicas uruguayas hablan de que Nacional recibió un millón de dólares en el verano de 2006. Un ojeador latinoamericano del modesto Groningen apostó fuerte por un chico de 19 años. Luis quería jugar en Europa y no se lo pensó. El club, cuna de jugadores históricos como los hermanos Koeman o Robben, no logró una adaptación rápida del uruguayo, quien incluso fue relegado al equipo reserva. Sin embargo, la aparición en Holanda de su novia Sofía, centró a la persona y permitió la explosión del delantero, que acabó un año después en el poderoso Ajax por casi 8 millones de euros. Más de 100 goles en tres temporadas y media que se cerraron con el primer mordisco. Damien Comolli, entonces director de fútbol en la orilla roja del Mersey, entendió que se podía pelear la salida porque en Ámsterdam estaban decepcionados con el comportamiento de Luis. La cúpula deportiva de Anfield entendía que era el ideal para completar el ataque. El deseo ‘red’ era juntar al sudamericano con Torres, hecho consumado hasta que apareció Abramovich.

Luis Suárez en su etapa en el Groningen holandés (Reuters)
Luis Suárez en su etapa en el Groningen holandés (Reuters)

No siempre resultó tan idílica la relación de Luis con Anfield. El club abonó casi 27 millones de euros y debió esperar a que acabara la sanción que la federación holandesa le había impuesto para poder debutar de rojo. La marcha de Torres permitió que rápidamente se hiciera con el eco de la grada, pero el equipo no terminaba de romper ni Suárez de ser feliz. Episodios como el que acabó con la acusación y sanción por comentarios racistas a Evra -fue castigado con una severa multa económica más ocho partidos ausente- marcaron la primera etapa en Inglaterra. Casi un año después de su llegada a la Premier degustaba la primera sanción grave en el Reino Unido. Pero no sería la última. En las postrimerías del curso 2012/13 llegó el segundo mordisco de su carrera. Esta vez a Ivanovic. Fue castigado por conducta violenta y sancionado con diez partidos, tras revisarse las imágenes televisivas. Tras las disculpas pertinentes, club y jugador coincidieron en que Luis necesitaba ayuda psicológica para frenar estos impulsos. Suárez se ponía en manos de profesionales en la materia.

Unas fechas después inició el que fue un breve encuentro con el psicólogo Steve Peters, un reputado profesional experto en canalizar esas acciones. Peters era conocido en Gran Bretaña, ya que trató a un gran campeón británico de billar, Ronnie O’Sullivan, incapaz de frenar la conducta en los partidos de su deporte. No terminó de convencer la experiencia al uruguayo, que decidió salir de Anfield. El coqueteo con el Real Madrid no terminó de fraguar y sólo el Arsenal se mostró dispuesto a invertir en una figura cada vez más manchada, no por el rendimiento en el césped y sí por los irrefrenables impulsos. Los 40 millones de libras ofertados no resultaron convincentes para la directiva del Liverpool FC y el jugador, cabreado, continuó una temporada más. La promesa de dejarlo salir si el equipo no jugaba Champions se deslizó por la rampa de las palabras incumplidas.

Tras lo de Chiellini, Luis Enrique vio claro que era el momento de hacerse con los servicios del uruguayo. La dura sanción ha obligado al jugador a vivir recluido y en retiro, apoyado en la familia y con terapias psicológicas para refrenar esas sugestiones que tanto lo han traicionado. Se habló en ese tiempo de exceso de peso, de falta de trabajo, pero todo ha sido un plan perfectamente diseñado por el cuerpo técnico y médico del Barça para que el futbolista alcance el mejor momento físico y anímico de cara a la semana del clásico. Todos esperan al goleador y más el entrenador, que desde el primer momento entendió que el equipo necesitaba recuperar la figura de un hombre-gol tras las sucesivas marchas de Eto’o, Ibrahimovic y Villa. La sombra de Messi sigue siendo alargada, pero el 'show' de Suárez se pone en marcha. El trabajo realizado con su mente le debe hacer ganar en espíritu. Es lo único que necesita, porque el gol está de sobra controlado.

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