El Cholo Simeone medita tomarse un año sabático al 'estilo Guardiola'

Pasarse una larga temporada viviendo en alguna metrópoli norteamericana aprendiendo inglés y alejado del balón es una opción que valora con agrado el Cholo

Foto: Simeone, pensativo durante un entrenamiento del Atlético de Madrid (EFE)
Simeone, pensativo durante un entrenamiento del Atlético de Madrid (EFE)

Rumia en su cabeza la decisión porque es consciente de que no va a resultar un paso sencillo. Con la decisión aún en el aire, Diego Simeone ha planteado a los suyos, a su círculo más cercano, la posibilidad de darle a la pausa tras tres años tan frenéticos como intensos, tan exitosos como arrogantes, tan increíbles como ciertos. El entrenador del Atlético de Madrid dispone de dos temporadas más en un contrato renovable anualmente siempre que las dos partes se sientan con el compromiso suficiente como para darse el sí. Con tiempo por delante, la decisión más comprometida en la carrera como técnico del Cholo está por llegar.

Simeone aterrizó en Madrid en un momento crítico de la institución. Uno más. Los mandamases vivían partidos y el nuevo modelo implantado no terminaba de tomar forma. El verano había concluido furioso con la salida de otrora elementos claves en el grupo. La huída de Agüero, el traspaso de De Gea o el provocado adiós de Forlán habían conseguido la renovación casi total en la base de la plantilla. La incógnita Courtois, el enigma Miranda, el regreso de Gabi, el comportamiento de Diego o Arda Turan o la arriesgada apuesta por Falcao formaban un ejército de caras nuevas que debía domar el inquilino, no elegido por consenso, del banquillo. Gregorio Manzano no fue apuesta de la dirigencia. El máximo accionista quería a Luis Enrique y el presidente, a Caparrós. Al final, Caminero, nuevo también en la plaza, optó por el talentoso entrenador andaluz. Pero la cosa no arrancó bien. Y ya se sabe que la paciencia no es el sustantivo más utilizado en las oficinas del Calderón.

Con las Navidades en el bolsillo y tras la repetida experiencia en Racing, el Cholo aguardó con entusiasmo la llamada del dueño de la entidad madrileña. La excusa para el relevo fue la eliminación ante el Albacete en la Copa del Rey. Si bien, unos días antes, Simeone ya se sentó ante la televisión para observar un partido matinal frente al Betis. Ya esa mañana, en Buenos Aires, era el entrenador del Atleti. Y desde ahí tomó sus primeras decisiones, como la de frenar la salida del prometedor Koke. El equipo rojiblanco se convertía en el tercer equipo que dirigiría en un azaroso 2011, tras Catania en la Serie A italiana y el citado club de Avellaneda en el retorno a su país. Desde entonces, cambio absoluto en la dinámica de la entidad con cinco títulos logrados, quedándose a sólo unos segundos de levantar la ansiada Liga de Campeones. No sé si el Cholo soñó con alcanzar tanto éxito. Sinceramente, creo que ni en sus mejores pronósticos se dibujó tanto entusiasmo.

El pasado verano resultó el más difícil en la relación entre el poder y el entrenador. La cantada salida de Courtois, al fin y al cabo nunca fue un jugador en propiedad, la cacareada de Diego Costa, la esperada de Filipe Luis o la formal de David Villa deshicieron un conjunto campeón. La relación de altas y bajas, generalmente consensuada por dirigencia y banquillo, se alteró con el calor del verano y los Oblak, Siqueira, Griezmann, Mandzukic, Cerci o Raúl Jiménez no colmaron al jefe del césped. El esfuerzo de la alta inversión realizada por los dueños no encontró en el técnico el eco esperado. En la relación se abrió una grieta que a día de hoy se entiende como cerrada aunque para alguna de las partes aún supura. La cuestión se explica en las oficinas del Calderón: “quizá lo mejor sea finiquitar el trato para que concluya sin daño, y así dejar la puerta bien abierta para el futuro”.

El adiós de Simeone aún no está tomado, pero las dos partes sienten que está más cerca la salida que la que sería tercera renovación anual. El entrenador argentino ya avisó que la energía será la condición que lo mantenga en el cargo. Sin más explicaciones públicas, el técnico medita tomarse un año de pausa fundamentalmente para estudiar inglés. Se ha dado cuenta de que no domina como pensaba el idioma anglosajón y que probablemente sea ahora un buen momento para aprenderlo. Pasarse una larga temporada viviendo en alguna metrópoli norteamericana alejado del balón es una opción que actualmente valora con agrado. El mercado inglés le seduce ahora un poco más que afrontar la prevista aventura italiana en un grande. Si el Inter siempre lo esperará, o eso cree, las propuestas como la que llegó el verano pasado del Manchester United o ahora, tal y como adelantó este periódico, del Manchester City pueden no volver a repetirse. Diego se ha dado cuenta de que su manejo del idioma es insuficiente para presentarse como jefe en cualquiera de estos apasionantes retos británicos.

El año sabático, tal y como hizo Guardiola tras sus cuatro años en el FC Barcelona, es la posibilidad que actualmente merodea en el cerebro de Simeone. Sin duda, queda tiempo para decidir qué hacer. El deseo de ser seleccionador argentino también debe esperar porque tras el subcampeonato en Brasil no es el mejor momento para hacerse cargo de la albiceleste. Así las cosas, a la espera de una decisión unilateral, el entrenador más exitoso de toda la historia del Atlético de Madrid seguirá llevando al límite al vestuario. Su idea, si al final toca despedirse, es dejar a la entidad en lo más alto. En Fútbol todo cambia y cada semana pasas un examen. Pero Diego es terco y demasiada energía debe provocarse en su fuero interno como para seguir una temporada más ligado al Manzanares.

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