Di María, el último capricho de Messi

El argentino ha dejado caer que su compatriota del Manchester United y ex del Real Madrid sería un gran complemento para el centro del campo del Barça. Con el Kun ya se buscó una aproximación

Foto: Di María, el último capricho de Messi

El mejor jugador del mundo también cuenta con ínfulas de director deportivo. En alguna oportunidad le ha gustado opinar de la confección de la plantilla del FC Barcelona, o más bien de soltar algún comentario sugerente de alguno de sus jugadores preferidos, a quienes gustaría ver de azulgrana. Por ser quien es y con ese rol tan significado en la institución, la dirigencia le da sitio, lo escucha cuando habla y luego determina si es o no factible. No es que Messi forme parte de la dirección deportiva, no es el caso. Pero sí se recuerda, por ejemplo, cuando puso especial énfasis en la adquisición de Sergio Agüero. Ahora ha dejado caer que Ángel di María sería un complemento extraordinario para el centro del campo del Barça. Con el ‘Kun’ se buscó una aproximación sin fraguar debido a que el Atlético de Madrid boicoteó su deseo de firmar por el Real Madrid y lo traspasó con celeridad a Inglaterra. Lo del actual extremo del Manchester United mantiene un grado máximo de dificultad: la repetitiva cantinela de que el club no puede inscribir jugadores hasta enero de 2016.

Di María trabaja estos días en la concentración de la albiceleste en Estados Unidos a las órdenes del Tata Martino. Por delante dos encuentros amistosos en el país norteamericano frente a El Salvador y a Ecuador. Estos bolos ceban la cuenta corriente de la Asociación futbolística del subcampeón del mundo y engordan la convivencia entre los componentes seleccionados. Incluso, disponen de tiempo para hablar de lo que sucede a cada uno en su club y, por supuesto, también de los planes de futuro. El ‘fideo’ Di María ha ganado peso en estas citaciones. Las buenas actuaciones durante el Mundial de Brasil y en el tramo final del curso defendiendo la camiseta del Real Madrid lo acabaron de situar en el podio del balompié argentino. Di María resultó elegido el mejor futbolista de 2014 por el Círculo de la Prensa deportiva del país, por delante de Messi y de Mascherano. Sin embargo, aquellos días de gloria caen hoy en el olvido. El jugador del Manchester United no termina de ser feliz ni con su situación deportiva ni con la vida que le toca vivir en la isla británica.

Messi y Di María, con el Kun Agüero detrás, en una concentración de Argentina (EFE)
Messi y Di María, con el Kun Agüero detrás, en una concentración de Argentina (EFE)

Irse del Real Madrid, un paso en falso

Ha transcurrido poco más de un semestre, el acuerdo se cerró el pasado 26 de agosto, para que el extremo rosarino se dé cuenta de que el paso dado tras forzar su salida del Real Madrid ha sido en falso. Ni él se ha adaptado aún a la cultura inglesa, ni el Manchester United, en la figura de su entrenador, ha entendido a un futbolista tan veloz como anárquico o tan polivalente como inerte. Di María dejó el Real Madrid por 75 millones de euros, más cinco millones más en variables en función de objetivos a cumplir, lo que lo coloca en la incorporación más cuantiosa en la historia de la Premier League. Cuatro años antes, los blancos habían desembolsado al Benfica poco más de 30. Después de un par de campañas donde las amenazas de salida eran una constante, la aparición en escena de James en Brasil provocó la contratación de uno y la posterior venta del otro. El argentino, que coqueteó con París Saint Germain y Mónaco, se encontró con el ‘fair play financiero’ de uno y con el desencanto del dueño en el otro. No había más camino que la Premier.

En Inglaterra no han desaparecido sus cuitas. Van Gaal lo ha señalado públicamente después de la eliminación del Manchester United del torneo de Copa. Di María se equivocó agarrando la camiseta del colegiado y acabó expulsado. El técnico holandés desenfundó sin cautela: “No tiene excusa. No fue inteligente. Él sabe que al árbitro no hay que tocarlo”. Era la gota que rebosó el vaso en la relación entre entrenador y jugador, circunstancia que conecta con los motivos personales que arrastra el chico. Todo se recrudece. En estas últimas semanas sufrió un intento de robo en su domicilio. Los cacos trataron de penetrar por la puerta trasera de la mansión, pero toparon con el buen funcionamiento del sistema de seguridad, tal y como aseguraron fuentes policiales. Días después de este hecho, la casa figura en venta y la familia se aloja en un hotel de la ciudad, según la información recogida en los medios de comunicación locales. Con todo este embrollo, la sugerencia de Messi se ha tomado como un oasis en el tormentoso desierto en el que actualmente habita el jugador.

Di María junto a Van Gaal
Di María junto a Van Gaal

La sanción de FIFA al Barça, el gran obstáculo

Di María lo ha reconocido repetidamente. Ha contado con la inmensa fortuna de jugar con los dos mejores, de albiceleste y de blanco. Con Messi siempre se ha rendido: “lo que hace él no lo hace nadie”. De Cristiano ha alabado la gratitud mostrada y el esfuerzo al que se sometió para tratar de frenar su marcha del Real Madrid: “cuando parecía que me iba luchó para que me quedara en la entidad. Gracias a él alargue un año más mi estancia en el Madrid”. La posibilidad de cerrar su carrera deportiva en el FC Barcelona, y más al lado del compatriota, seduce a quien participa de volante en la selección argentina, posición que copió para él Ancelotti cuando el fichaje de Bale lo dejaba sin sitio en el once inicial. Precisamente, ese rendimiento es el que Van Gaal no ha encontrado aún. Si el arranque en Old Trafford resultó mayúsculo -tres goles y el doble de pases de gol-, la eficacia posterior ha decaído y la confianza ha abandonando a ambos. Di María, no obstante, es consciente de que el carrusel de cambios y de modificaciones completadas por el entrenador pueden devolverle en cualquier momento el protagonismo perdido.

Si fraguara la operación con el Barça, todos son conscientes de la desesperante espera. Y ésta vuelve a ser el principal hándicap con que se encuentran las partes. Además, Di María se encuentra con un profundo valedor dentro de la institución británica: Ed Woodward, el vicepresidente ejecutivo. Hombre de números, la inversión realizada debe amortizarse en cinco años y el dirigente evita rendirse al primer envite. Con este freno, evitable en función de la oferta, resta la no inscripción de futbolistas por la sanción que sufre la institución de Bartomeu, para quien sería ideal fichar y anunciar. Pero el Manchester United no es de los que se presta a estas peticiones. Así las cosas, el último capricho de Messi y la apetencia de Di María se tambalean con esta inquietante espera. La paciencia no es la mejor compañera en un trato de esta envergadura. 

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