Kroos no encaja con Rafa Benítez y ha dejado de ser intocable en el once del Madrid

La función de escudero de Modric mantiene con desagrado al centrocampista alemán en un segundo plano. Toni no se explica que haya perdido tanto protagonismo en el juego del Real Madrid

Foto: Kroos, con Benítez al fondo, en un entrenamiento del Real Madrid (EFE)
Kroos, con Benítez al fondo, en un entrenamiento del Real Madrid (EFE)

En la primavera de 2004, Toni Kroos lo tuvo cristalino. Había elegido. De todos los jugadores que observaba, uno resaltaba sobre el resto. A él, decididamente, querría parecerse. “Nunca había visto a un jugador que pueda leer y mandar con tanta clase durante un partido”, dijo entonces de ese futbolista Thomas Schaaf, el hombre que alzó el doblete con el Werder Bremen en aquellos días. La definición del entrenador se convirtió en un mandamiento para la mente de quien imitaba y repetía acciones y movimientos con destreza en la misma parcela del campo. Kroos se enamoró deportivamente de Johan Micoud, un estiloso centrocampista francés que creció en Cannes y Burdeos, como Zidane, antes de probar en Italia y triunfar en Alemania. El Werder Bremen era la sensación del país tras ganar en el mismo curso la Bundesliga y la Copa, liderado por este galo de pie fino. Toni, con 14 años, despertaba atracción en las categorías inferiores del Hansa Rostock, al este de una Alemania ya reunificada, casi al mismo tiempo del nacimiento del hoy jugador del Real Madrid

Se dice que un futbolista elegante es aquel que sale airoso de casi todo, que simplemente empleando la sencillez, ésta lo hace distinguido. Así hablan de Micoud, un futbolista casi anónimo para el gran público, con presencia como internacional absoluto con Francia, si bien con una carrera poco rutilante. Quizá se lo recuerda más desde que Kroos admitió que este galo criado a orillas del Mediterráneo es su ídolo. Profundizamos en esta historia adolescente para explicar cuál es el modelo de Fútbol que prendó al joven centrocampista alemán, muy lejos del lugar que ocupa actualmente en el conjunto de Benítez, muy lejos de tener influencia en el juego. Lejos de leer el partido y mandar en el mismo. Porque para esa función, Rafa cuenta con Modric.

Kroos, en el Real Madrid-Betis de Liga jugado en el Bernabéu (EFE)
Kroos, en el Real Madrid-Betis de Liga jugado en el Bernabéu (EFE)

El Bayern respiró cuando traspasó a Kroos al Real Madrid, pero Guardiola no. El técnico se llevó una profunda decepción. No fue capaz de convencerlo para continuar. Pep llegó demasiado tarde para poner orden en la confusa relación Toni-Bayern. No se entendían. Demasiado recelo mutuo. Los bávaros lo firmaron como juvenil, pero sólo Heynckes fue capaz de entenderlo en tantos años. El chico estimaba que ningún cargo de la dirigencia creía en él. Por más que la verborrea de Guardiola lo intentó, ésta no encontró eco. Sin ninguna intención de renovar, el jugador alcanzó el sprint final del contrato. Era una invitación a la venta. Una vez realizada la transacción, algún dirigente del Bayern, nunca en declaraciones públicas, se justificaba explicando que Kroos es un jugador disperso, poco fiable, que reparte buenos partidos con actuaciones vulgares. Pero Toni sí admite la influencia del año que compartió con el técnico catalán: “perfeccionó mi juego, me hizo evolucionar, entendemos el fútbol igual. Pep no fue la causa de mi salida”.

En el Real Madrid también se puso a las órdenes de otro centrocampista. Ancelotti concedió el bastón de mando al jugador y lo colocó flanqueado por dos medios, uno fijo hasta lesionarse -Modric- y uno variable de cualquier gusto o pelaje, por donde pasaron defensas -Ramos-, mediocentros posicionales siempre a un costado del intocable -Illarra, Khedira, Silva- o volantes ofensivos -James o Isco-. Un verdadero vaivén para unirse a alguien que resultó insustituible y que terminó fulminado por agotamiento. El descenso en su rendimiento arrancó preocupación en el ático blanco. Y en ese tramo estamos, con un Toni menos extenuado al que parece que el descanso lo ha dejado sin batería, como si mantuviese encendido el piloto de la reserva. La justificación deportiva se explica con el cambio táctico al perder el Real Madrid de este curso un centrocampista. Sin embargo, la recuperación plena de Modric lo relega. El protagonista, el guía de juego ofensivo, el conductor del motor blanco es el croata y Kroos ha quedado como escudero. Toni participa más en acciones horizontales del juego, su fútbol ha perdido verticalidad y son escasas sus presencias en área adversaria. Al menos hasta hoy.

Benítez ha desvelado que su relación con el germano es fluida, que ha mantenido una veintena de conversaciones particulares. Sólo deja en el aire el rendimiento actual, pero que el compromiso con la causa es firme. Nadie lo pondrá en duda, pero lo seguro es que la biela de la máquina de juego no termina de encajar. Quizá Rafa trata de recuperar con Kroos la demarcación posicional de talento y esfuerzo que tanto le aportó Xabi Alonso en sus primeros pasos en el Liverpool FC. Después lo acomodó al calor de Sissoko, Mascherano o Lucas Leiva. Pero esos nombres o los de Albelda, Cambiasso, Motta, Obi Mikel, David Luiz, a quien cambió de posición, Inler o David López se convirtieron en leales al sistema de contención que mantiene a los equipos del entrenador madrileño en una permanente fortaleza defensiva. En el actual Real Madrid cuenta con un jugador de esas características, Casemiro, que siempre termina reforzando esa imperial coraza defensiva que permite más libertad a los de ataque y que, sobre todo, consigue que el equipo no acabe partido en dos. Esa disciplina táctica convierte a Benítez en un seguro para levantar trofeos. 

Kroos, ante San José en San Mamés (EFE)
Kroos, ante San José en San Mamés (EFE)

Kroos ha dejado de ser intocable en las alineaciones del Real Madrid. Sigue siendo un futbolista importante en el esquema, pero ya forma parte de las rotaciones, ya no se siente indiscutible. En este curso, no tomó parte en Cornellà ante el Espanyol, disputó poco más de una hora frente al Betis y al Granada, actuando como local, disfrutando del partido completo en los otros tres: Sporting, Shaktar y Athletic. En la temporada pasada con Ancelotti había disputado todos los minutos en este mismo tramo de competición. Por aquí, Benítez no esconde secreto alguno: en la campaña pasada jugó tanto que acabó sin gasolina y el equipo lo percibió. En su opinión necesita dosificarlo, pero ¿tanto? El jugador no está acostumbrado a participar con regla aritmética en los partidos, si bien tendrá que acostumbrarse. No obstante, el grado de preocupación aumenta cuando no se explica que haya perdido tanto protagonismo en el juego, que su aportación al mismo no sea relevante. La función de escudero de Modric lo mantiene con desagrado en segundo plano, con más empeño en guardar las líneas y equilibrar al equipo que en mostrar esa destreza y ese mando que tanto admiró en su ídolo Micoud. Hoy, aquel desempeño queda muy lejos.

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